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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

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Rodrigo Rato hacía milagros consigo mismo

Una corte mixta de banqueros, empresarios, políticos del PP, tertulianos y periodistas anduvo muy bulliciosa en los últimos años del siglo pasado y primeros del actual pregonando a los cuatro vientos las bondades, excelencias, éxitos y magias varias del “gran artífice del milagro económico español en los ocho años de gobierno de Aznar”, el ilustrísimo Rodrigo de Rato y Figaredo, primero ministro de Economía y Hacienda, luego solo de Economía, después vicepresidente segundo del Gobierno, más tarde vicepresidente primero…

Los historiadores económicos determinarán cuando pasen los años y haya una cierta perspectiva si hubo o no hubo “milagro económico español” -y en qué grado, y si fue milagro o fue pecado-, pero las investigaciones policiales, fiscales (del fisco y de la fiscalía) y judiciales ya han determinado con multitud de pruebas que sí hubo un “milagro económico de Rato”, que supo convertir sus sucesivos cargos y la reputación que le procuró la corte arriba citada en un enorme chorro de dinero a sus finanzas personales, unas veces por el borde de dentro de la ley y otras veces parece que por el borde de fuera.

El milagrero Rodrigo Rato, en fin, no está aún acreditado, pero el automilagrero Rodrigo Rato sí lo está, y profusamente. Está tardando mucho la corte en reactivar el pregón de su valía; y el que en su día fue su padrino mayor, José María Aznar López, en sacar pecho por los sucesivos nombramientos.

Alianza entre Sánchez y Errejón, el escenario que inquieta a Rajoy

El éxito de asistencia en las reuniones con militantes que ha celebrado Pedro Sánchez en los últimos días (en Dos Hermanas el pasado 28 de enero, en Castellón el miércoles 1 de febrero, en Zaragoza el sábado 4, en Calasparra ayer, martes 7); lo que ha pasado en las primarias socialistas francesas, y alguna encuesta reciente han llevado la preocupación no solo a la gestora del PSOE, sino también al Gobierno y a la alta dirección del Partido Popular. En las tres instancias se empieza a barajar como “posible” que el ex líder del PSOE gane las primarias y vuelva a hacerse con las riendas del partido. Algunos de los interlocutores consultados incluso ya están pasando del “posible” al “probable”. ¿Y cómo nos afectaría si eso ocurre?, empiezan a preguntarse unos y otros.

Por otro lado, el tono que muestra Sánchez en la entrevista que publicamos en 20minutos anteayer lunes, por un lado contundente (“si pierdo, no seguiré en política”, “solo hay dos opciones: o el continuismo de la derecha o el cambio”, “la gestora ha rebasado todos los límites temporales y todas sus funciones”), pero al mismo tiempo moderado y conciliador, sin una sola crítica directa a Patxi López o a Susana Díaz, y postulándose como el pacificador del PSOE (“serán las urnas las que unan al partido, será el voto de la militancia el que una al partido”, “la candidatura que puede de verdad integrar al Partido Socialista, unir de nuevo la dirigencia con la militancia, es la candidatura que humildemente yo represento”), se ha interpretado como una baza más en el juego electoral. Sánchez estaría intentando retener a los militantes convencidos y al mismo tiempo seducir a los militantes indecisos, los que dudan sobre si darle una segunda oportunidad.

Otro pasaje de nuestra entrevista al exlíder socialista ha llevado una inquietud añadida, sobre todo al Gobierno y al PP.

-¿Cree que el Podemos de Iñigo Errejón sí se entendería con el PSOE de Pedro Sánchez?

-Yo creo que sí.

Podemos está decidiendo estos días en votación universal de sus bases si el partido sigue en la estrategia y posicionamiento que desde las elecciones del 26 de junio pasado dictó Pablo Iglesias o si vira hacia las propuestas de Errejón. “Nos estamos jugando que Podemos esté en disposición de gobernar o nos conformemos con la posición tradicional de las formaciones de protesta”, decía esta misma mañana este, entrevistado por la Cadena Ser. Y añadía: “Si se imponen las tesis de los compañeros que acompañan a Iglesias, será más difícil sacar a Rajoy”.

La hipótesis es aún remota -que Podemos gire hacia posiciones más moderadas para presentarse como alternativa al Gobierno y que Sánchez tome de nuevo el control del PSOE, las dos cosas-, pero de los escenarios posibles es el que más inquieta en el PP y en el Gobierno de Rajoy.

La pobreza energética y las dos almas de Podemos

El pacto entre PP y PSOE para prohibir que las eléctricas corten la luz a las familias más pobres tiene una escasa eficacia social, al menos por ahora -la medida no entrará realmente en vigor hasta primavera, cuando ya hayan pasado los fríos más severos-, pero una fuerte eficacia política: le ha quitado en parte a Podemos una de sus mejores banderas.

Ayer Podemos estaba en la calle, apoyando las manifestaciones contra la pobreza energética, y hacía bien, pues esa es una buena causa introducida en el debate público en gran parte gracias a la formación morada, pero no estaba Podemos además en el Parlamento, negociando y forzando a PP y a PSOE, por ejemplo, a que los cortes de luz a los más desfavorecidos se prohíban ya, no en abril.

El asunto de alguna manera ejemplifica el debate de fondo que se ha desatado en Podemos, y las dos estrategias diferentes que para la organización plantean las dos principales almas o corrientes: errejonistas y pablistas, y que aquí, en 20minutos, contaron de propia voz cada uno de los dirigentes: Iñigo Errejón en un artículo del pasado 28 de noviembre y Pablo Iglesias en una ‘Carta abierta a Iñigo’ el 12 de diciembre.

El PSOE, en manos de Rajoy

Lejos de calmar las agitadas aguas internas del PSOE, el anuncio de Javier Fernández, presidente de la gestora, de que el congreso del partido se celebrará “antes del verano” las ha revuelto aún más, sobre todo entre los críticos.

Ciudadanos hará su congreso el primer fin de semana de febrero de 2017. Tanto PP como Podemos, durante el fin de semana siguiente, el segundo de febrero. Y el PSOE, el partido más necesitado de una profunda puesta a punto de su proyecto -puesto que está sin lider, sin propuesta renovada a la sociedad española, con su élite dividida tras un golpe interno bordeando la legalidad, con una parte de la élite divorciada de las bases y con reciente competidores muy fuertes tanto a su derecha, Ciudadanos, como a su izquierda, Podemos- lo deja para “antes de verano”, sin fecha ni concreción.

-Nuestro proceso de congresos no es solo por el nacional, el de febrero, sino por los autonómicos que vienes después y los provinciales más tarde, y tenemos que tener todo acabado antes del 3 de mayo -me dice un alto cargo interno del PP.

-¿Y por qué el 3 de mayo?

-Porque a partir de esa fecha, Rajoy puede disolver las Cortes y convocar elecciones. Es improbable que lo haga, pero tenemos que tener todo a punto en el partido por si acaso.

El PP, en suma, no quiere tener la casa sin organizar por si su propio líder, Rajoy, toma una decisión política tan relevante como es meternos a todos en un nuevo proceso electoral… y el que dice ser su principal opositor, el PSOE, se pone voluntariamente en manos de Rajoy, que si disuelve Cortes y convoca elecciones en mayo podría reducir a escombros el agrietado edificio del PSOE antes de que empezara la restauración.

¿Por qué aplaza a antes de verano el PSOE sus emergencias? ¿A qué responde esa estrategia de la gestora? ¿Qui prodest?

 

También entre los consumidores hay dos Españas

Buena noticia: el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) subió en noviembre, y bastante: 8,7 puntos (el indicador tiene en total 200) en solo un mes. Mala noticia: aun así, el Indicador no llega al aprobado.

Como os he comentado aquí en otras ocasiones, el ICC es un interesantísimo estudio, da mucha información sobre lo que podríamos llamar tono muscular de uno de los grandes pilares de nuestra economía: el consumo. Es un indicador mensual, lo elabora el CIS desde 2011, antes lo hacía el Instituto de Crédito Oficial. Está basado en unas 1.500 entrevistas (1.510 en el que se ha conocido hoy, realizadas entre el 15 y el 18 de noviembre; o sea, con Mariano Rajoy ya investido de nuevo presidente y anunciado su nuevo Gobierno).

Como os anticipaba antes, es un indicador de 200 puntos. Entre 0 y 100 puntos indica que los ciudadanos tiene una percepción desfavorable sobre cómo va la economía y el consumo; entre 100 y 200, una percepción favorable. Se compone, en realidad, de dos subindicadores: uno pregunta sobre la situación actual y otro sobre las expectativas para el futuro. Pues bien: el indicador general se ha situado en 99,4 puntos, al borde del aprobado; el Indicador de Situación Actual está en 88,25, muy por debajo del aprobado; y el Indicador de Expectativas muy por encima, en 110,2. Dicho de otro modo: los consumidores españoles ven mal las cosas a día de hoy, pero creen que van a mejorar bastante en el futuro.

Las tripas del ICC, como de muchos otros estudios del CIS, se pueden explorar en el sitio web del organismo oficial. Si hoy nos fijamos en los distintos consumidores en función de a quién votaron en las últimas elecciones generales, veremos que hay una profunda división de opiniones entre cómo ven las cosas los votantes de PP y Ciudadanos, por un lado, y los de PSOE y Unidos Podemos por otro.

Ahí van algunos detalles. La pregunta 3 dice así:

¿Considera Ud. que la situación económica actual de su hogar es mejor o peor que hace seis meses?

En el total de los entrevistados, el 12,5% responde que mejor, el 52,8% que igual y el 24,4% que peor. Pero hay grandes diferencias respecto a esas medias si miramos por votantes. Entre los votantes del PP, los que dicen que es mejor suben al 15,8% y los que lo ven peor bajan al 18,4%; y entre los de Ciudadanos, también más optimistas, aunque no tanto: el 13,1% contesta que mejor y el 20,0% que peor. En el otro lado del arco ideológico sale un retrato menos risueño: sólo el 6,8% de los votantes del PSOE y el 8,7% de los de Unidos Podemos dicen que en su hogar la situación es mejor, y el 26,4% de los del PSOE y el 29,5% de los de Unidos Podemos creen que están peor.

Otras pregunta, la 7, dice así:

¿Considera Ud. que la situación en España para encontrar/mejorar un puesto de trabajo es mejor o peor que hace seis meses?

Las diferencias son aún más profundas. En el total de los entrevistados, el 23,2% responde que mejor, el 39,4% que igual y el 33,5% que peor. Por votantes, entre los del PP son el 41,5% los que contestan que mejor, y solo el 20,1% que peor. Entre los de Ciudadanos también más optimismo, pero no tanto: 28,5% dice que mejor y 22,3% que peor. Al otro lado, sólo el 12,4% de los del PSOE y el 14,1% de los de Unidos Podemos contestan que mejor, mientras que un altísimo 47%, en ambos casos, dice que peor.

Una pregunta más para completar el cuadro. La 8, que dice así:

En definitiva y teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿considera Ud. que la situación actual de la economía española es mejor o peor que hace seis meses?

En las medias totales, el 23,4% cree que mejor, el 38,7% que igual y el 35,6% que peor. Por votantes, gran diferencia entre los de PP (41,9% mejor y 21,4% peor) y los de Ciudadanos (32,3% mejor y 23,1% peor), por un lado, y los de PSOE (15,0% mejor y 43,6% peor) y Unidos Podemos (9,4% mejor y 49,7% peor), por otro.

En conclusión, también en esto hay dos Españas, o al menos dos maneras de ver la situación económica y del consumo muy diferentes.

Los pitufos de Rita Barberá no son cosa de risa

Dos reflexiones -o dos recordatorios- sobre el presunto pitufeo que ha llevado hoy a la senadora y exalcaldesa de Valencia Rita Barberá a declarar en el Tribunal Supremo.

La primera, que, pese al nombre, no estamos ante un asunto menor. “Pitufeo” se le dice, según la Fundéu, “a ciertas operaciones financieras ilícitas que se efectúan en cantidades pequeñas para que no sean registradas o para no levantar sospechas”. La propia Fundéu, que recomienda el de “menudeo”, dice que el término viene del inglés smurfing, y este formado a partir de smurf, nombre aplicado en esa lengua a los personajes de historietas conocidos en español como pitufos”. 

Los pitufos que en Valencia presuntamente blanqueaban dinero pitufeando eran docenas de concejales, asesores y personal administrativo del grupo del PP en el Ayuntamiento de Valencia que -según la investigación- transferían cada uno de ellos 1.000 euros al partido por vía bancaria y luego recibían la misma cantidad en metálico, en dos billetes de 500 euros, billetes procedentes de comisiones ilegales pagadas por empresas que se hacían allí con contratos publico. El pitufeo del equipo de Barberá, por tanto, era de pequeñas cantidades, sí, pero no por ello cosa de risa o de historieta: de lo investigado hasta ahora se deduce que estaríamos ante una trama organizada, una máquina de muchas piezas, de muchas personas, y algunos de ellos cargos electos, presuntamente dirigidas para delinquir. Poco dinero, pero muchos presuntos delincuentes.

La segunda reflexión -o recordatorio-: Barberá declara en el Supremo, y no en el Juzgado de Valencia donde lo hacen el resto de los presuntos pitufos, porque cuando perdió la Alcaldía, tras las elecciones de mayo de 2015, su partido, el PP, y su presidente y amigo, Mariano Rajoy, le buscaron a Rita un cómodo destino en Madrid, una mamandurria que además de un buen sueldo le proporcionara un cierto blindaje ante los diferentes frentes judiciales que ella tenía ya entonces abiertos: caso Nóos, Ritaleaks, etc.

Pese a ser senadora sin pasar por las urnas populares sino por decisión del PP y designación de Las Cortes Valencianas, Rajoy no le exigió a Barberá cuando fue imputada en el pitufeo que devolviera el escaño, cosa que sí hizo incluso el propio PP valenciano en el parlamento autonómico. Al presidente del PP y del Gobierno le bastó con que Barberá se diera nominalmente de baja en el partido para hacer que zanjaba el asunto y simular que ya había pedido responsabilidades. Con estos pasos camina Rajoy en la senda de la regeneración democrática.

 

Luzón, fiscal jefe anticorrupción… o no

Esta tarde da un nuevo paso el procedimiento por el que José Manuel Maza, a propuesta del Gobierno, será en unos días, a todos los efectos, el nuevo fiscal general del Estado: el Pleno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) se reúne en sesión extraordinaria para pronunciarse sobre la idoneidad para el cargo del que hasta ahora era magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. Tras este trámite, le queda otro a Maza: comparecer en breve en el Congreso, en la Comisión de Justicia, para que los diputados examinen sus méritos.

Maza sustituye en la Fiscalía General a Consuelo Madrigal, que fue nombrada hace apenas dos años tras dimitir su antecesor, Eduardo Torres-Dulce, por varios encontronazos con el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Parecía que Madrigal, que cesó automáticamente hace apenas dos semanas, cuando hubo nuevo Gobierno, iba a ser propuesta de nuevo para el cargo. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, se lo insinuó incluso en una reunión, pero alguna discrepancia reciente y creciente de Madrigal con el nuevo Ejecutivo y con su presidente, Rajoy, echaron por tierra su candidatura. ¿Cuál era la discrepancia? Las personas idóneas para dos delicados nombramientos en puestos clave de la Fiscalía que el titular del cargo tiene que afrontar de inmediato: la jefatura de la Fiscalía Anticorrupción y la jefatura de la Fiscalía de la Audiencia Nacional.

Ambas fiscalías son piezas clave en varios sumarios relevantes, con políticos de diferentes signos en los encausados, sobre todo del PP, que se están instruyendo y acabarán juzgándose en los próximos meses, y ni el Gobierno ni Rajoy quieren perder influencia sobre esos órganos jurisdiccionales. Y en ambas hay que nombrar máximo repsonsable de inmediato. En la de la Audiencia Nacional -una instancia cada día menos dedicada a su tarea tradicional, la lucha contra el terrorismo, y más volcada en perseguir la delincuencia económica a gran escala- porque el titular, Javier Zaragoza, está pendiente de la renovación o no renovación en el cargo. En la Fiscalía Anticorrupción, que se ha llenado en los últimos años de fiscales jóvenes, técnicamente muy bien preparados y con muchas ganas de combatir caiga quien caiga la lacra de la corrupción que está asolando nuestra vida pública, porque su titular, Antonio Salinas, tiene ya 70 años y se jubila.

Hace un par de meses, con Madrigal aún al frente de la Fiscalía General y sin certeza de investidura de Rajoy, se daba por muy probable que el sustituto de Salinas al frente de la Fiscalía Anticorrupción sería Alejandro Luzón, ahora teniente fiscal de la Secretaría Técnica de esa misma fiscalía y fiscal de gran prestigio que se ha desempeñado con eficacia en casos muy relevantes, desde el remoto de Luis Roldán a recientes como el de las tarjetas black. No renovada Madrigal y llegado Maza, ya hay dudas sobre el nombramiento. Como diría Rajoy, Luzón será el fiscal jefe anticorrupción… o no.

Rajoy, ante un circo de tres pistas

Una idea y la contraria. Que remodelación pequeña, que mediana, que grande. A pocas horas de que Rajoy anuncie su nuevo Gobierno, hay más especulaciones que certezas. «Ni idea, ya sabes cómo es. Nadie sabe nada de nada», me dice un ministrable que aparece en muchas quinielas.

Las certezas -o casi certezas-, que será un Gobierno “dialogante”, obligado Rajoy porque se encuentra en minoría parlamentaria y necesita ministros con cintura y capacidad de interlocución con los otros partidos. Y también la certeza de que no estaríamos ante una simple remodelación de Gobierno, sino ante «un circo de tres pistas» -en expresión de otro ministrable- que hay que coordinar y sincronizar: la pista del Gobierno, que es la que se despeja hoy; y las pistas del partido -que en pocos meses tiene que afrontar su Congreso- y del equipo parlamentario, que pueden despejarse en parte hoy y en parte en breve.
Algún jugador de estas dos últimas pistas circenses -partido y grupo parlamentario del PP- pueden pasar a la primera, y eso explicaría que Rajoy se haya tomado cinco días desde la investidura para encajar las piezas.

Por lo demás, las especulaciones más repetidas son:

-Que habrá un Ministerio de Administraciones Públicas autónomo, no con Hacienda, para afrontar desde la política y no solo desde la financiación el debate territorial y especialmente el asunto Cataluña.

-Que dejan el Ejecutivo casi seguro Fernández Díaz y probable Margallo.

-Que es muy probable que Cospedal entre, para Interior, Defensa o Justicia.

-Que al presidente se le ocurrirá alguna fórmula para que la jefa de Cospedal no sea Soraya Sáenz de Santamaría y así evitar choques entre sus dos actuales segundas, que no se llevan ni medio bien.

-Que el ministro más joven podría ser Pablo Casado.

-Que si se confirma lo de Cospedal, secretaria general del PP, y Casado, vicesecretario general, ya tenemos la segunda pista circense necesitada de cambios.

-Que hay otra pugna en el área económica, con De Guindos y Montoro disputándose la supremacía y la dirección de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, que ahora lleva Rajoy en persona.

-Y que suenan mucho como posibles ministros tres ‘monclovitas’ hoy en la segunda fila: Jorge Moragas, José Luis Ayllón y Álvaro Nadal.

Las izquierdas en plural y la derecha en singular

La expresión “las izquierdas” está empezando a sustituir en nuestro lenguaje cotidiano a la tradicional de “la izquierda”.

¿Hay más de una izquierda? Pues sí, hay unas cuantas. Hay varias izquierdas de ámbito territorial no estatal y autónomas, desde Compromís a Anova, y hay otras también territoriales y asociadas a fuerzas de ámbito estatal: mareas, confluencias, etc.

Incluso en las organizaciones de ámbito estatal, ninguna es monolítica, homogénea. Lo sabíamos de Podemos y sus varias almas, también lo sabíamos de IU… y ahora empezamos a sospecharlo del PSOE (si es que sigue en “la izquierda”, entre “las izquierdas”). No es unívoco el Partido Socialista, no es homogéneo, no es uniforme… El PSOE del Pedro Sánchez, que liberado del peso de la secretaría general y del escaño habla como si fuera libre, parece muy diferente al PSOE de la gestora, al de los barones levantiscos, al de Susana Díaz. Ahora están divididos, enfrentados, ¿acabarán incluso escindidos?

Y mientras la izquierda se atomiza y se centrifuga hasta acabar siendo “las izquierdas”, ¿qué ocurre en el otro lado del arco ideológico, el de “las derechas”? Que no hay tal plural, que la tendencia en la derecha es centrípeta, y todo lo acerca a la gran masa central del Partido Popular, hasta el punto de capturar para su campo magnético todo asteroide, satélite e incuso planeta medio que se ponga a tiro, se llame Vox, se llame Ciudadanos, se llame incluso el PSOE menos de izquierda…

Creíamos hace apenas año y medio que el cambio político consistía a nivel estatal en que pasábamos del bipartidismo al tetrapartidismo, y ahora nos está entrando la certeza de que no, y la sospecha de si no estamos caminando hacia al modelo de casi partido único.

Será una legislatura complicada, pero el más resistente es Rajoy

El Mariano Rajoy del diálogo y la mano tendida del pasado miércoles se ha matizado a sí mismo en apenas tres días. Hoy se ha venido arriba y ha vuelto el Rajoy del no -ha pronunciado más veces esa palabra en su intervención de 10 minutos que el Pedro Sanchez del “no es no” en el último año en esa misma tribuna-, el Rajoy que les ha dicho al resto de grupos parlamentarios que no va a rectificar sus políticas del pasado y que no va a ceder “salvo en lo razonable”, y lo razonable será solamente de nuevo aquello que decida el ya presidente del Gobierno que lo sea. Si el Ciudadanos de Albert Rivera del sí a Rajoy y el PSOE de la gestora que con su abstención ha permitido la investidura pensaban que iban a tener un papel crucial en la legislatura, quizás ya estén empezando a dudarlo.

La legislatura va a ser complicada para un Rajoy y un PP en minoría, sí, pero probablemente lo sea más para otros líderes y otras fuerzas. El poder desgasta mucho, en efecto, pero el no tenerlo y ser socio o semisocio del que lo tiene desgasta mucho más. No te beneficias de sus aciertos y te salpican sus errores. Será una legislatura muy complicada para Ciudadanos, abducido y satelitelizado por el PP en estos meses, y para el PSOE, dividido, roto, sin líder, sin proyecto y divorciado de su base militante, electoral y social. Sobre ambos, además, penderá una incertidumbre: si se pasan en sus exigencias o en su tira y afloja con Rajoy, este podrá a partir de mayo próximo disolver las Cámaras e ir de nuevo a elecciones, y las expectativas electorales de Ciudadanos y de PSOE no son nada halagüeñas.

Ha dicho Pablo Iglesias que este periodo que comienza es el del epílogo de Rajoy. Puede que sí, pero también puede que no y también puede que el epílogo sea larguísimo. Rajoy es un resistente. Una de sus más profundas convicciones vitales y políticas la plasmó en dos de sus vergonzosos sms, cuando le dijo a Bárcenas el “sé fuerte” y a la mujer de Bárcenas aquello de “al final la vida es resistir y que alguien te ayude”.

¡Y tanto! En las elecciones del 20 de diciembre pasado, el PP perdía 3,6 millones de votos respecto a 2011 (pasaba de 10,86 millones cuatro años antes a 7,2 millones ese día) y uno de cada tres escaños, pues pasaba de 186 a 123. Rajoy parecía políticamente tocado, casi moribundo. Y no, ha sido fuerte, ha resistido, le han ayudado muchos en estos meses (el PP siempre, Ciudadanos bastante, hoy el PSOE, Podemos en marzo, la prensa afín al PP y alguna que no lo parecía también siempre…) y ahí está, de nuevo presidente del Gobierno a todos los efectos.