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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

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“Líbranos de la sumisión al poder, san Mariano José”

Hoy se cumplen 175 años de la muerte de Mariano José de Larra, santo patrón laico de los periodistas españoles. 

Hace mucho frío en Madrid, meteorológico y vital, pero esta tarde, como todas desde hace 111 años, un grupo de periodistas peregrinará a la tumba del santo, en la Sacramental de San Justo Pastor, y rezará este Larra nuestro, que inventó Alfredo Amestoy:

“Larra nuestro que estás en los cielos, glorificado sea tu nombre, venga a nosotros tu ejemplo y hágase realidad tu sueño de España, tanto en la tierra como en el cielo. El artículo nuestro de cada día inspíranoslo hoy y perdona nuestros plagios así como nosotros perdonamos a quienes nos plagian. No nos dejes caer en la corrupción y líbranos de la sumisión al poder. Amén.”

Hoy se cumplen 175 años de la muerte de Larra. Se pegó un tiro en la sien derecha, al anochecer. Tenía solo 27 años. Su amante, Dolores Armijo, le acababa de abandonar, pero quizás también fue porque le dolía aquella España de hace casi dos siglos como le dolería esta nuestra de hoy si la conociera.

El blog de poesía será colectivo

El blog de poesía del que venimos hablando desde hace unos días va a nacer en breve. Será finalmente un blog colectivo. Escribí a todos los blogueros de 20minutos.es y varios de ellos se han brindado a colaborar en la nueva bitácora, lo que nos dará una gran variedad de registros y de sensibilidades a la hora de seleccionar los poemas. Publicaremos un poema al día, como proponía el impulsor de la idea, Manuel Saco. Y también recogeremos algunos de los que queráis sugerirnos los lectores.

Mientras ese blog llega, hoy os traigo un poema insólito en el que el poeta escribe con humor, ironía y desesperanza contra sí mismo. Es de Jaime Gil de Biedma y se titula Contra Jaime Gil de Biedma. Dice así:

Contra Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,

dejar atrás un sótano más negro

que mi reputación —y ya es decir—,

poner visillos blancos

y tomar criada,

renunciar a la vida de bohemio,

si vienes luego tú, pelmazo,

embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,

zángano de colmena, inútil, cacaseno,

con tus manos lavadas,

a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares

últimos de la noche, los chulos, las floristas,

las calles muertas de la madrugada

y los ascensores de luz amarilla

cuando llegas, borracho,

y te paras a verte en el espejo

la cara destruida,

con ojos todavía violentos

que no quieres cerrar. Y si te increpo,

te ríes, me recuerdas el pasado

y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.

Que tu estilo casual y que tu desenfado

resultan truculentos

cuando se tienen más de treinta años,

y que tu encantadora

sonrisa de muchacho soñoliento

—seguro de gustar— es un resto penoso,

un intento patético.

Mientras que tú me miras con tus ojos

de verdadero huérfano, y me lloras

y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!

Y si yo supiese, hace ya tiempo,

que tú eres fuerte cuando yo soy débil

y que eres débil cuando me enfurezco…

De tus regresos guardo una impresión confusa

de pánico, de pena y descontento,

y la desesperanza

y la impaciencia y el resentimiento

de volver a sufrir, otra vez más,

la humillación imperdonable

de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,

como quien va al infierno

para dormir contigo.

Muriendo a cada paso de impotencia,

tropezando con muebles

a tientas, cruzaremos el piso

torpemente abrazados, vacilando

de alcohol y de sollozos reprimidos.

Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,

y la más innoble

que es amarse a sí mismo!”.

Encontré el poema en el mismo cd donde estaba el de Gabriel Celaya que tanto os gustó. He buscado en la Red y también he encontrado el de Gil de Biedma recitado por él mismo. Está aquí.

Un blog sólo de poesía

Me escribió Manolo Saco, poco después de que yo trajera aquí, el fin de semana pasado, el poema Momentos felices, de Gabriel Celaya. Me proponía que abriéramos en 20minutos.es un blog exclusivamente de poesía.

-Se trataría de que todos los días los lectores pudieran leer un poema. Eso tan sólo. Es lo que hago yo casi todas las noches. Uno solo, y me dedico a otra cosa. No será un blog best seller, pero tampoco cuesta nada. Tengo curiosidad por saber cómo sería acogido, porque siempre tuve el convencimiento de que no se lee más poesía porque se desconoce, incluso entre buenos y cultos lectores. Un blog bombonera de poemas, sin orden ni concierto, para no aburrir, para demostrar que la poesía no es cursilería ni una enfermedad del alma, sino un pozo inagotable de pensamiento, muchas veces beligerante. Quizá acompañado cada poema de un apunte histórico o biográfico, aunque no siempre necesario. Me ofrezco a colaborar eligiendo material. La poesía como arma de reconstrucción masiva.

Le contesté a Manolo que lo pensaría, que era una buena idea. ¿A ti qué te parece? ¿Lo hacemos? ¿Con actualización diaria?

Mientras nos decidimos, ahí va hoy otro poema: Soneto de la dulce queja, de Federico García Lorca. Es uno de los once Sonetos del amor oscuro, que, como sabéis, no nos daban a leer en los colegios.

“Tengo miedo a perder la maravilla

de tus ojos de estatua, y el acento

que de noche me pone en la mejilla

la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla

tronco sin ramas; y lo que más siento

es no tener la flor, pulpa o arcilla,

para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,

si tú eres mi cruz y mi dolor mojado,

si soy el perro de tu señorío.

No me dejes perder lo que he ganado

y decora las aguas de tu río

con hojas de mi otoño enajenado”.

El poema ha sido musicado por muchos artistas: Martirio, Miguel Poveda, Amancio Prada… Puedes escucharlo aquí.

‘Momentos felices’ para tiempos difíciles

A Gabriel Celaya ya apenas se le edita ni se le lee. En la gente de mi edad creo que queda la imagen lejana de un poeta comprometido, combativo, político, imagen probablemente creada por su poema más conocido, La poesía es un arma cargada de futuro, que hizo tan popular hace ya muchos años el cantante Paco Ibáñez.

Pero hay otro Celaya, en mi opinión mucho más perdurable que el poeta político y comprometido. El que escribió poemas tan memorables como éste:

“MOMENTOS FELICES

Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo

tirando todo al fuego: poemas incompletos,

pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,

fotografías, besos guardados en un libro,

renuncio al peso muerto de mi terco pasado,

soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,

y así atizo las llamas, y salto la fogata,

y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,

¿no es la felicidad lo que me exalta?

 

Cuando salgo a la calle silbando alegremente,

el pitillo en los labios, el alma disponible,

y les hablo a los niños o me voy con las nubes,

mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,

las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos

desnudos y morenos, sus ojos asombrados,

y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,

salpican la alegría que así tiembla reciente,

¿no es la felicidad lo que se siente?

 

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,

pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,

aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,

y yo asisto al milagro -sé que todo es fiado-,

y no quiero pensar si podremos pagarlo;

y cuando sin medida bebemos y charlamos,

y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,

y lo somos quizá burlando así la muerte,

¿no es la felicidad lo que trasciende?

 

Cuando me he despertado, permanezco tendido

con el balcón abierto. Y amanece: las aves

trinan su algarabía pagana lindamente:

y debo levantarme pero no me levanto;

y veo, boca arriba, reflejada en el techo

la ondulación del mar y el iris de su nácar,

y sigo allí tendido, y nada importa nada,

¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?

¿No es la felicidad lo que amanece?

 

Cuando voy al mercado, miro los abridores

y, apretando los dientes, las redondas cerezas,

los higos rezumantes, las ciruelas caídas

del árbol de la vida, con pecado sin duda

pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,

regateo, consigo por fin una rebaja,

mas terminado el juego, pago el doble y es poco,

y abre la vendedora sus ojos asombrados,

¿no es la felicidad lo que allí brota?

 

Cuando puedo decir: el día ha terminado.

Y con el día digo su trajín, su comercio,

la busca del dinero, la lucha de los muertos.

Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,

me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,

y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,

y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,

sencillamente limpio y pese a todo, indemne,

¿no es la felicidad lo que me envuelve?

 

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,

me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:

«Estaba justamente pensando en ir a verte».

Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,

pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,

sino de cómo van las cosas en Jordania,

de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,

y al marcharme me siento consolado y tranquilo,

¿no es la felicidad lo que me vence?

 

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;

pasar por un camino que huele a madreselvas;

beber con un amigo; charlar o bien callarse;

sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;

mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,

¿no es esto ser feliz pese a la muerte?

Vencido y traicionado, ver casi con cinismo

que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,

¿no es la felicidad que no se vende?”.

 

¡Qué inyección de optimismo para estos tiempos tan atribulados y difíciles!

Me encontré el poema en un viejo cd donde dos docenas de autores se recitaban a sí mismos. Lo escuché en el coche emocionado, en la voz del propio Celaya, como quien tiene una revelación. Puedes escucharlo tú también aquí, en su propia voz.

Tal noche como hoy

En muchas zonas de España, el día de Santiago pasa por ser el más caluroso del año. Cuando llega la noche tórrida, la noche de Santiago, en los pueblos, y aun en algunos barrios en las ciudades, muchos vecinos toman la fresca o celebran pequeñas fiestas. “Fue la noche de Santiago y casi por compromiso”.

La casada infiel es uno de los poemas más conocidos y celebrados de Federico García Lorca. Algunas de sus explosiones poéticas están entre las antológicas de la literatura castellana: “Se apagaron los faroles / y se encendieron los grillos”; “Toqué sus pechos dormidos, / y se me abrieron de pronto / como ramos de jacintos”; “Sus muslos se me escapaban / como peces sorprendidos, / la mitad llenos de lumbre, / la mitad llenos de frío”; “Sucia de besos y arena”… Y algunos de sus versos son tan populares como algunos fragmentos del Quijote o del Tenorio: “Yo me quite la corbata. / Ella se quitó el vestido. / Yo el cinturón con revólver. / Ella sus cuatro corpiños”. “No quiero decir, por hombre, / las cosas que ella me dijo”. “Y no quise enamorarme / porque teniendo marido / me dijo que era mozuela / cuando la llevaba al río”…

Aquí va el romance completo. Disfrútalo lentamente, verso a verso. Está lleno de pequeñas joyas:

LA CASADA INFIELl

Y que yo me la llevé al río

creyendo que era mozuela,

pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago

y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles

y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua

me sonaba en el oído,

como una pieza de seda

rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas

los árboles han crecido,

y un horizonte de perros

ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,

los juncos y los espinos,

bajo su mata de pelo

hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quite la corbata.

Ella se quitó el vestido.

Yo el cinturón con revólver.

Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas

tienen el cutis tan fino,

ni los cristales con luna

relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban

como peces sorprendidos,

la mitad llenos de lumbre,

la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí

el mejor de los caminos,

montando en potra de nácar

sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,

las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento

me hace ser muy comedido.

Sucia de besos y arena,

yo me la llevé del río.

Con el aire se batían

las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.

Como un gitano legítimo.

Le regalé un costurero

grande, de raso pajizo,

y no quise enamorarme

porque teniendo marido

me dijo que era mozuela

cuando la llevaba al río.

Si buscas en Internet, encontrarás muchos análisis literarios sobre el poema. Aquí va uno.