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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

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La moción de censura a Rajoy por ahora impacta en el PSOE

Las mociones de censura se presentan con dos objetivos: o bien para derribar a un presidente o a un partido que están en el poder, o al menos para debilitarlos políticamente; o bien para reforzarse el partido y/o el líder que presentan la moción.

La que presentó Felipe González (PSOE) en mayo de 1980 contra Adolfo Suárez (UCD) no logró que este cayera, pero sí les hizo mucho daño político tanto al presidente como a su partido al tiempo que reforzaba a González y al PSOE: Suárez cayó apenas nueve meses después, y González y el PSOE desalojaron a UCD de la Moncloa dos años y medio después de la moción.

La que presentó en marzo de 1987 Antonio Hernández Mancha, entonces recién elegido líder de Alianza Popular (luego PP), contra Felipe González (PSOE) no logró ni que este cayera ni debilitar al PSOE ni fortalecer al AP o al propio Hernández Mancha. Más bien al revés. El debate de la moción de censura dejó a Mancha tan tocado que su liderazgo en la derecha declinó hasta el punto de que lo perdió en febrero de 1989. Y tan hecha unos zorros quedó Alianza Popular del liderazgo de Hernández Mancha que tuvo que refundarla el fundador, Manuel Fraga, convertirla en el Partido Popular y darle el mando a José María Aznar.

Aún es pronto para calibrar los efectos políticos de la anunciada moción de censura de Unidos Podemos y Pablo Iglesias contra Mariano Rajoy y el PP. No sabemos cuándo se presentará, ni tenemos la certeza de que se presente. No sabemos si acabará con Rajoy y/o el PP saliendo de Moncloa (es improbable, pero no imposible), si debilitará al PP (es posible, pero no es seguro) ni si fortalecerá o debilitará a Podemos y a Iglesias (una y otra cosa pueden producirse). Lo que sí parece ya es que esta moción trae una novedad política: aún no se ha presentado, solo anunciado, y donde más impacto político está teniendo no es ni en el partido o el líder que anuncian que la van a presentar ni en el partido y el líder mocionados (no me crucifiquéis, el verbo y su participio existen en el DRAE), sino en un tercero, el PSOE, al que Iglesias y Podemos le han puesto un espejo para que vea de modo crudo su división interna, sus contradicciones, su desorientación, su falta de liderazgo y, en resumen, su estado de crisis.

Francia, en claves españolas

Ya estábamos en España acostumbrados a que, en las noches electorales, casi todos los partidos -salvo desastre estrepitoso- se presentaran como los ganadores. Ahora estamos viendo que nuestras formaciones políticas, y especialmente las dos nuevas, son capaces incluso de proclamarse los ganadores de unas elecciones fuera de España; por ejemplo, en las francesas de ayer.

Algunos dirigentes de Ciudadanos están celebrando la victoria y el paso a la segunda vuelta de Enmanuel Macron -y su probable triunfo holgado sobre Marine Le Pen el próximo 7 de mayo- como si fuera la prueba definitiva de la inminente llegada de Albert Rivera al Palacio de la Moncloa como presidente del Gobierno español. Y algunos de Podemos se congratulan del enorme y meritorio salto de Jean-Luc Mélenchon, que se ha convertido en el principal referente de la izquierda, dejando a los socialistas en posiciones residuales al triplicarlos en votos, como si el fenómeno fuera totalmente trasladable aquí, y con el mismo efecto en el campo socialista.

Es cierto que hay algunos paralelismos entre la situación política en Francia y la que tenemos en España. Pero también lo es que hay muchas diferencias. Aquí -por suerte- no tenemos, ni de lejos, un partido xenófobo de extrema derecha con la fuerza, implantación y transversalidad ideológica al captar apoyos electorales como los que muestra el Frente Nacional francés. Aquí tampoco tenemos -por desgracia- la fina pituitaria que muestran los votantes franceses ante la corrupción de sus políticos afines, sensibilidad que explica por qué François Fillon ha pasado en pocos meses de ser el casi seguro presidente galo a quedarse por debajo del 20% de los votos y no superar el corte de la primera vuelta.

Mención aparte merece, en los paralelismos y en las diferencias, el caso de los socialistas franceses. El hundimiento de su candidato, Benoît Hamon, recuerda demasiado a otros de nuestro entorno europeo, desde más lejanos en el tiempo, como el del Pasok en Grecia hasta recientes como el del PvdA holandés, que ha pasado en nada de gobernar -en alianza con la derecha- a ser sólo el séptimo partido en votos en las elecciones de hace poco más de un mes. En las urnas, Hamon no ha pagado tanto su anunciado giro a la izquierda como las políticas erradas de Hollande y la división interna en sus filas, en las que al perdedor frente al propio Hamon en las primarias, Manuel Valls, le faltó tiempo para anunciar… que votaría a Macron.

En resumen: abrazar desde la socialdemocracia las recetas liberales y traicionar a los que internamente han ganado procesos internos es tomar muchas papeletas para el desastre y el paso a la marginalidad. En el PSOE deberían tomar nota.

Llámame caradura y sigue dándome pan

El mismo día en que el juez Eloy Velasco, que instruye el caso Púnica, interroga al que fue consejero de Transportes de Esperanza Aguirre y acelera su investigación porque ha encontrado nuevos y graves indicios de financiación ilegal del PP de Madrid…

y solo un día después en que uno de los tesoreros históricos del partido, Naseiro -sospechoso en su día de corrupción-, deje en evidencia de corrupción a otro de los tesoreros recientes, Bárcenas…

y solo dos días después de que el presidente de Murcia (PP) haya tenido que comparecer ante un juez imputado en cuatro graves delitos de corrupción y siga sin dimitir…

y solo tres días de, y cuatro días de, y cinco días de…

… Mariano Rajoy amenaza en el Congreso de los Diputados con meter en vía muerta la comisión parlamentaria de investigación sobre “la presunta financiación ilegal del PP” que acordó con Albert Rivera en el pacto que le permitió al líder del Partido Popular seguir de presidente del Gobierno.

Rivera y su partido, Ciudadanos, tuvieron un cierto éxito electoral tanto en las elecciones municipales y autonómicas de 2015 como en las generales de 2015 y de 2016 gracias, entre otras razones, a que enarbolaron la bandera de la regeneración, de limpiar a fondo la corrupción galopante que asolaba a los viejos partidos y de recuperar el prestigio de la política, de no hacer trampas, de cumplir la palabra dada…

Si Rivera no reacciona ahora de modo contundente a los desplantes que a diario le hace Rajoy -e incluso al modo en que alardean algunos en el PP de su incumplimiento del pacto-, el partido naranja y su líder se ponen en grave riesgo de perder gran parte de su caudal político y de reputación. Está bien decirle por gestos en el Congreso a Rajoy que es un caradura, pero Rivera ha de ir más allá, incluso más allá de impulsar con PSOE y Podemos la comisión de investigación que intenta bloquear el PP. Ha de acabar Rivera con el ‘llámame caradura, pero sigue dándome tus votos cuando los necesite’ a que le tiene sometido Rajoy.

El ninguneo a Ciudadanos y el desprecio a lo firmado -a la palabra dada y firmada- a que está llegando el PP ya no debería contestarlo el partido de Rivera solo con gestos y con algunas acciones puntuales. Si el socio PP sigue así, Rivera ha de cuestionarse el pacto en su conjunto.

Ciudadanos y Podemos, ante el espejo de la melancolía

Decía anoche en Salvados (La Sexta) el líder de Podemos, Pablo Iglesias, que apoyaría ahora -con algunas condiciones previas, lógicamente- una moción de censura con el PSOE para sacar a Mariano Rajoy del Gobierno.

Lleva varios días el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, amagando en público con romper su pacto en Murcia con el PP (que ya lo ha roto e incumplido, véase el segundo folio de este documento) e insinuando algunos de su entorno en privado que se podría incluso poner en cuestión el pacto de investidura de Rajoy, también por incumplimiento del PP nacional.

Los dos partidos hace apenas tres años emergentes tenían muy claro entonces, cuando emergían, que para cambiar realmente la vida pública y la política en España, y regenerarlas con garantías de que la corrupción se arrancara de raíz, era condición imprescindible sacar a Rajoy y al PP de Rajoy del mayor número de instituciones posible. Tras las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015, y aliándose con el PSOE, tanto Ciudadanos como Podemos sacaron al PP de Rajoy de algunos gobiernos regionales y grandes ayuntamientos. Pero tras las elecciones generales, especialmente tras las del 20 de diciembre de 2015, ambos partidos -y ambos líderes- tuvieron en su mano lograr el objetivo principal, el de sacar a Rajoy de la Moncloa, que era parte nuclear de su fundación, de su emergencia y de su éxito electoral, y no lo hicieron.

En amplísimas capas de sus respectivos votantes, de los de Ciudadanos y de los de Podemos, aquel esfuerzo que resultó inútil ha generado una enorme melancolía. Quizás ahora Rivera e Iglesias, mirándose en el espejo retrovisor, también la sientan y por eso dicen lo que dicen. No debieran ni engañarse ni engañar a sus electorados: el objetivo ahora es remoto o directamente imposible.

Unidad e integración, las claves ahora en Podemos

Tanto en el número de afines que coloca en la dirección del partido como en las propuestas de estrategia política, Pablo Iglesias se impone finalmente a Íñigo Errejón con mucha más amplitud de la esperada, incluso por ellos dos. Lo de diciembre, cuando en la votación por el modelo de Vistalegre 2 el de Errejón se acercó a menos de tres puntos porcentuales del de Iglesias, fue un espejismo: los votantes quizás no, o quizás no tanto, pero las bases de Podemos quieren claramente el liderazgo, la organización interna y la estrategia política que representa Iglesias.

¿Y la unidad interna y la integración, que ayer pedían los asistentes a Vistalegre? Esas serán ahora las claves. ¿Serán capaces unos y otros de conseguirlo? Si no lo hacen, pondrán en riesgo el proyecto político más novedoso, innovador y esperanzador para una parte relevante de la población que ha surgido en España en nuestra historia reciente.

El resultado de Vistalegre 2, el Podemos de Iglesias, le deja al PSOE un mayor espacio para recomponerse, gane quien gane entre los socialistas la pugna interna, y le da una cierta tranquilidad al PP y al Gobierno, que prefieren tener en el extremo contrario al suyo del arco ideológico a una formación con más vocación de radicalidad y oposición que de trasversalidad y alternativa.

El debate en Podemos, en ’20minutos’: los artículos de Errejón, Iglesias, Monedero y Urbán

Podemos llega este fin de semana al asalto definitivo, del que saldrá o bien una nueva estrategia política, organización interna y liderazgo, o bien el refrendo de las actuales, o bien una síntesis y fusión de las diferentes alternativas. Sea como fuere, lo cierto es que nos encontramos ante uno de los momentos cruciales de la vida política española reciente, pues lo que salga de la asamblea de Podemos afectará no sólo a los directamente implicados -el partido, sus dirigentes, sus cuadros medios, sus bases y sus votantes- sino también a los del resto de las fuerzas políticas. Cada colectivo de cada partido con sus votantes es un vaso comunicante, que a su vez influye y es influido por el resto de ellos, incluso por los aparentemente más alejados tanto en el arco ideológico como en las estrategias de alianzas -o de oposición- en las instituciones en las que todos ellos están representados.

En Podemos, el debate y los acercamientos y alejamientos internos arrancaron ya hace muchos meses, pero se recrudecieron en otoño pasado y han ido creciendo a medida que se acercaba el día D: la celebración del cónclave conocido como Vistalegre 2. Desde 20minutos hemos seguido todo el proceso con un gran interés, con informaciones, entrevistas, análisis y opiniones desde todos los ángulos posibles. Hemos querido, además, que parte del debate interno se hiciera en nuestro diario, y hemos invitado a los diferentes líderes y portavoces a que relataran y argumentaran aquí sus propuestas y posiciones.

Os recomiendo que durante el seguimiento de Vistalegre 2, que podrás hacer al detalle y casi al segundo en 20minutos.es, saques tiempo para leer estos cuatro artículos publicados en los últimos dos meses en nuestro medio: el de Íñigo Errejón del pasado 28 de noviembre, titulado Podemos ganar; el de Pablo Iglesias Carta abierta a Íñigo, publicado el 12 de diciembre; el de Juan Carlos Monedero Si cae Iglesias, cae Podemos (y tú te jodes), del 2 de enero; y el de Miguel Urbán Por un Podemos en movimiento, del 9 de enero.

Con todos ellos, probablemente entiendas mejor todo lo que esta pasando en Podemos

La pobreza energética y las dos almas de Podemos

El pacto entre PP y PSOE para prohibir que las eléctricas corten la luz a las familias más pobres tiene una escasa eficacia social, al menos por ahora -la medida no entrará realmente en vigor hasta primavera, cuando ya hayan pasado los fríos más severos-, pero una fuerte eficacia política: le ha quitado en parte a Podemos una de sus mejores banderas.

Ayer Podemos estaba en la calle, apoyando las manifestaciones contra la pobreza energética, y hacía bien, pues esa es una buena causa introducida en el debate público en gran parte gracias a la formación morada, pero no estaba Podemos además en el Parlamento, negociando y forzando a PP y a PSOE, por ejemplo, a que los cortes de luz a los más desfavorecidos se prohíban ya, no en abril.

El asunto de alguna manera ejemplifica el debate de fondo que se ha desatado en Podemos, y las dos estrategias diferentes que para la organización plantean las dos principales almas o corrientes: errejonistas y pablistas, y que aquí, en 20minutos, contaron de propia voz cada uno de los dirigentes: Iñigo Errejón en un artículo del pasado 28 de noviembre y Pablo Iglesias en una ‘Carta abierta a Iñigo’ el 12 de diciembre.

El PSOE, en manos de Rajoy

Lejos de calmar las agitadas aguas internas del PSOE, el anuncio de Javier Fernández, presidente de la gestora, de que el congreso del partido se celebrará “antes del verano” las ha revuelto aún más, sobre todo entre los críticos.

Ciudadanos hará su congreso el primer fin de semana de febrero de 2017. Tanto PP como Podemos, durante el fin de semana siguiente, el segundo de febrero. Y el PSOE, el partido más necesitado de una profunda puesta a punto de su proyecto -puesto que está sin lider, sin propuesta renovada a la sociedad española, con su élite dividida tras un golpe interno bordeando la legalidad, con una parte de la élite divorciada de las bases y con reciente competidores muy fuertes tanto a su derecha, Ciudadanos, como a su izquierda, Podemos- lo deja para “antes de verano”, sin fecha ni concreción.

-Nuestro proceso de congresos no es solo por el nacional, el de febrero, sino por los autonómicos que vienes después y los provinciales más tarde, y tenemos que tener todo acabado antes del 3 de mayo -me dice un alto cargo interno del PP.

-¿Y por qué el 3 de mayo?

-Porque a partir de esa fecha, Rajoy puede disolver las Cortes y convocar elecciones. Es improbable que lo haga, pero tenemos que tener todo a punto en el partido por si acaso.

El PP, en suma, no quiere tener la casa sin organizar por si su propio líder, Rajoy, toma una decisión política tan relevante como es meternos a todos en un nuevo proceso electoral… y el que dice ser su principal opositor, el PSOE, se pone voluntariamente en manos de Rajoy, que si disuelve Cortes y convoca elecciones en mayo podría reducir a escombros el agrietado edificio del PSOE antes de que empezara la restauración.

¿Por qué aplaza a antes de verano el PSOE sus emergencias? ¿A qué responde esa estrategia de la gestora? ¿Qui prodest?

 

También entre los consumidores hay dos Españas

Buena noticia: el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) subió en noviembre, y bastante: 8,7 puntos (el indicador tiene en total 200) en solo un mes. Mala noticia: aun así, el Indicador no llega al aprobado.

Como os he comentado aquí en otras ocasiones, el ICC es un interesantísimo estudio, da mucha información sobre lo que podríamos llamar tono muscular de uno de los grandes pilares de nuestra economía: el consumo. Es un indicador mensual, lo elabora el CIS desde 2011, antes lo hacía el Instituto de Crédito Oficial. Está basado en unas 1.500 entrevistas (1.510 en el que se ha conocido hoy, realizadas entre el 15 y el 18 de noviembre; o sea, con Mariano Rajoy ya investido de nuevo presidente y anunciado su nuevo Gobierno).

Como os anticipaba antes, es un indicador de 200 puntos. Entre 0 y 100 puntos indica que los ciudadanos tiene una percepción desfavorable sobre cómo va la economía y el consumo; entre 100 y 200, una percepción favorable. Se compone, en realidad, de dos subindicadores: uno pregunta sobre la situación actual y otro sobre las expectativas para el futuro. Pues bien: el indicador general se ha situado en 99,4 puntos, al borde del aprobado; el Indicador de Situación Actual está en 88,25, muy por debajo del aprobado; y el Indicador de Expectativas muy por encima, en 110,2. Dicho de otro modo: los consumidores españoles ven mal las cosas a día de hoy, pero creen que van a mejorar bastante en el futuro.

Las tripas del ICC, como de muchos otros estudios del CIS, se pueden explorar en el sitio web del organismo oficial. Si hoy nos fijamos en los distintos consumidores en función de a quién votaron en las últimas elecciones generales, veremos que hay una profunda división de opiniones entre cómo ven las cosas los votantes de PP y Ciudadanos, por un lado, y los de PSOE y Unidos Podemos por otro.

Ahí van algunos detalles. La pregunta 3 dice así:

¿Considera Ud. que la situación económica actual de su hogar es mejor o peor que hace seis meses?

En el total de los entrevistados, el 12,5% responde que mejor, el 52,8% que igual y el 24,4% que peor. Pero hay grandes diferencias respecto a esas medias si miramos por votantes. Entre los votantes del PP, los que dicen que es mejor suben al 15,8% y los que lo ven peor bajan al 18,4%; y entre los de Ciudadanos, también más optimistas, aunque no tanto: el 13,1% contesta que mejor y el 20,0% que peor. En el otro lado del arco ideológico sale un retrato menos risueño: sólo el 6,8% de los votantes del PSOE y el 8,7% de los de Unidos Podemos dicen que en su hogar la situación es mejor, y el 26,4% de los del PSOE y el 29,5% de los de Unidos Podemos creen que están peor.

Otras pregunta, la 7, dice así:

¿Considera Ud. que la situación en España para encontrar/mejorar un puesto de trabajo es mejor o peor que hace seis meses?

Las diferencias son aún más profundas. En el total de los entrevistados, el 23,2% responde que mejor, el 39,4% que igual y el 33,5% que peor. Por votantes, entre los del PP son el 41,5% los que contestan que mejor, y solo el 20,1% que peor. Entre los de Ciudadanos también más optimismo, pero no tanto: 28,5% dice que mejor y 22,3% que peor. Al otro lado, sólo el 12,4% de los del PSOE y el 14,1% de los de Unidos Podemos contestan que mejor, mientras que un altísimo 47%, en ambos casos, dice que peor.

Una pregunta más para completar el cuadro. La 8, que dice así:

En definitiva y teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿considera Ud. que la situación actual de la economía española es mejor o peor que hace seis meses?

En las medias totales, el 23,4% cree que mejor, el 38,7% que igual y el 35,6% que peor. Por votantes, gran diferencia entre los de PP (41,9% mejor y 21,4% peor) y los de Ciudadanos (32,3% mejor y 23,1% peor), por un lado, y los de PSOE (15,0% mejor y 43,6% peor) y Unidos Podemos (9,4% mejor y 49,7% peor), por otro.

En conclusión, también en esto hay dos Españas, o al menos dos maneras de ver la situación económica y del consumo muy diferentes.

Las izquierdas en plural y la derecha en singular

La expresión “las izquierdas” está empezando a sustituir en nuestro lenguaje cotidiano a la tradicional de “la izquierda”.

¿Hay más de una izquierda? Pues sí, hay unas cuantas. Hay varias izquierdas de ámbito territorial no estatal y autónomas, desde Compromís a Anova, y hay otras también territoriales y asociadas a fuerzas de ámbito estatal: mareas, confluencias, etc.

Incluso en las organizaciones de ámbito estatal, ninguna es monolítica, homogénea. Lo sabíamos de Podemos y sus varias almas, también lo sabíamos de IU… y ahora empezamos a sospecharlo del PSOE (si es que sigue en “la izquierda”, entre “las izquierdas”). No es unívoco el Partido Socialista, no es homogéneo, no es uniforme… El PSOE del Pedro Sánchez, que liberado del peso de la secretaría general y del escaño habla como si fuera libre, parece muy diferente al PSOE de la gestora, al de los barones levantiscos, al de Susana Díaz. Ahora están divididos, enfrentados, ¿acabarán incluso escindidos?

Y mientras la izquierda se atomiza y se centrifuga hasta acabar siendo “las izquierdas”, ¿qué ocurre en el otro lado del arco ideológico, el de “las derechas”? Que no hay tal plural, que la tendencia en la derecha es centrípeta, y todo lo acerca a la gran masa central del Partido Popular, hasta el punto de capturar para su campo magnético todo asteroide, satélite e incuso planeta medio que se ponga a tiro, se llame Vox, se llame Ciudadanos, se llame incluso el PSOE menos de izquierda…

Creíamos hace apenas año y medio que el cambio político consistía a nivel estatal en que pasábamos del bipartidismo al tetrapartidismo, y ahora nos está entrando la certeza de que no, y la sospecha de si no estamos caminando hacia al modelo de casi partido único.