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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

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Nace un nuevo ’20minutos’

En unas horas, refundamos 20minutos, 16 años, 3 meses y 16 días después de su nacimiento. Conoces bien nuestra historia: 20minutos ha sido siempre, desde su fundación, un medio de comunicación diferente, transgresor, innovador.

Hemos logrado la atención y el seguimiento masivo por parte de los lectores y de los anunciantes.

Con sus ediciones impresas, 20minutos es el líder absoluto en difusión, según OJD/PGD. Nadie en España pone a diario en manos de tanta gente tantos ejemplares como nosotros. También somos el segundo en audiencia en toda España entre los diarios de información general, según EGM, y el líder absoluto en Madrid, por encima de todos: generalistas, deportivos, económicos…

Con sus ediciones online, 20minutos es, según comScore el tercer diario online más seguido en nuestro país y el diario online líder mundial en lengua española, con 20minutos Sites, así como el diario online número 16 en la clasificación mundial absoluta, incluidos todos los idiomas.

Pero no vamos a pararnos ahí. Queremos seguir creciendo. Queremos seguir en la vanguardia de la innovación periodística y de la atención a nuestros lectores y a nuestros anunciantes. Tras varios meses de trabajo que ha impulsado especialmente nuestro accionista, Grupo Heraldo; tras intensos esfuerzos de análisis, de pruebas, de reflexión y de estudios de mercado y de investigación sobre nuestro diario y sobre los principales competidores impresos y online, mañana lanzamos un nuevo 20minutos.

Está lleno de novedades. Entre las principales, estas: un nuevo logotipo de nuestra marca, una nueva y novedosa línea gráfica, un uso mucho más variado de los géneros periodísticos y el estreno de una potente sección de opinión que les ayudará a nuestros lectores a formarse la suya propia, sección en la que participarán un plantel muy variado y transversal de articulistas, columnistas, expertos y escritores.

No te lo pierdas.

Umberto Eco y la invasión de los idiotas

El titular del diario La Repubblica lo dice bien: “Muere Umberto Eco, el hombre que lo sabía todo”. El último humanista murió anoche en Milán, padecía cáncer, tenía 84 años.

Filósofo, semiólogo, pensador, profesor… el gran público descubrió a Eco (¡qué apellido más certero para alguien que deja una obra de tanto impacto y reflejo!) gracias a su magistral El nombre de la rosa, un ensayo de semiótica y de historia medieval disfrazado de novela policiaca y luego convertido en película de éxito con Sean Connery interpretando al protagonista, Guillermo de Baskerville. Vendió millones de ejemplares en todo el mundo, y Eco se convirtió en una estrella comparable a las del pop o las del cine. (Muchos años después, intenté traerlo a España de ponente principal a un congreso sobre comunicación y tuve que desistir porque su caché quintuplicaba nuestro presupuesto total).

De El nombre de la rosa, el personaje que más me interesa no es Guillermo de Baskerville, sino su antagonista, Jorge de Burgos

“un monje encorvado por el peso de los años, blanco como la nieve; no me refiero sólo al pelo sino también al rostro, y a las pupilas. Comprendí que era ciego. Aunque el cuerpo se encogía ya por el peso de la edad, la voz seguía siendo majestuosa, y los brazos y manos poderosos. Clavaba los ojos en nosotros como si nos estuviese viendo, y siempre, también en los días que siguieron, lo vi moverse y hablar como si aún poseyese el don de la vista”

Jorge de Burgos, guardián y a la postre verdugo de la biblioteca de la abadía donde se desarrolla la trama, es un homenaje a Jorge Luis Borges, y el título de la obra a estos memorables versos de El Golem del escritor argentino

“Si, como el griego afirma en el Cratilo,
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales”. (…)

A los que os gustó El nombre de la rosa, os recomiendo El péndulo de Foucault y sobre todo, Baudolino. Y a los que aún no conozcáis al semiólogo, os invito a asomaros a Apocalípticos e integrados, un ensayo premonitorio (se publicó en 1964) sobre la influencia de los medios de comunicación de masas en la sociedad de su tiempo, y su generación de una cultura popular también masiva, y la reacción apocalíptica o integrada de la vieja ‘gran cultura’.

Además de sus obras, Umberto Eco deja infinidad de frases sentenciosas y polémicas que también reflejan su pensamiento. Os gavillo dos recientes, sobre la comunicación de masas actual, tan diferente a la que él estudió en Apocalípticos… hace más de medio siglo. Una:

“El fenómeno de Twitter es por una parte positivo, pensemos en China o en Erdogan. Hay quien llega a sostener que Auschwitz no habría sido posible con Internet, porque la noticia se habría difundido viralmente. Pero por otra parte da derecho de palabra a legiones de imbéciles”.

Y otra:

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

Umberto Eco, 1932-2016. ¿Apocalíptico o integrado? ¿O quizá ambas cosas?

PD. Por cierto. Ni a Borges ni a Eco les dieron el Premio Nobel, y eso sí es una gran injusticia.

Ocho frases muy actuales de Larra

Hoy, sobre las ocho y media de la tarde, se cumplen 179 años de la muerte de Mariano José de Larra, santo laico de los periodistas españoles. Se quitó la vida de un tiro en la cabeza a esa hora del 13 de febrero de 1837, en su casa de la calle Santa Clara, de Madrid. Pocos minutos antes, su amante, Dolores Armijo, le había devuelto sus cartas de amor y le había comunicado que le abandonaba para irse con su marido a Manila, donde le habían nombrado para un cargo público. Larra era muy joven, tenía en ese momento sólo 27 años, iba a cumplir 28 pocas semanas después.

Pese a su juventud, acumulaba ya una trayectoria literaria fulgurante. A los 19 años había fundado una revista mensual dedicada a la crítica social, El Duende satírico del día. Duró poco, cinco números, la cerraron las autoridades a instancias de otro editor ofendido por sus críticas.

A los 20 años se casó con Josefa Wetoret. Fue un matrimonio desgraciado, tuvieron tres hijos que acabaron siendo casi tan famosos como el padre: Luis Mariano, libretista de zarzuelas, entre ellas El barberillo de Lavapiés; Adela, amante del rey Amadeo I; y Baldomera, banquera, que acabó en prisión por impulsar una de las primeras grandes estafas piramidales de la historia de España.

Su relación con Dolores Armijo fue muy convulsa. Unas veces huyendo de ella y otras siguiéndola, Larra emprendió un largo viaje por media Europa: Lisboa, Londres, Gante, Bruselas, París. Al regresar, fue elegido diputado por Ávila, pero no llego a sentarse en el escaño al anularse las elecciones tras el Motín de la Granja, uno de los muchos golpes de Estado de la España del siglo XIX.

Por entonces ya era el periodista madrileño más famoso y mejor pagado. Trabajaba para El Español, donde cobraba 20.000 reales al año por dos artículos a la semana. La suma era sideral: en aquella época, al autor de una comedia le pagaban mil reales.

Algunos artículos suyos se leen, casi dos siglos después, como si acabaran de salir de su acerada pluma. Nunca los firmó con su nombre, lo hizo como Duende Satírico, Pobrecito Hablador, Bachiller Munguía, Andrés Niporesas y, finalmente, Fígaro.

Sus artículos eran extensos, muy elaborados, de una prosa muy precisa, muy eficaz en la mezcla de información, narración y reflexión, y escondían frases cortas quintaesenciadas, algunos disparos como estos, tan actuales:

El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.

En punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere.

Ley implacable de la naturaleza: o devorar, o ser devorado. Pueblos e individuos, o víctimas o verdugos.

El talento no ha de servir para saberlo y decirlo todo, sino para saber lo que se ha de decir de lo que se sabe.

Hay algunos hombres que no dicen lo que piensan y otros que piensan demasiado lo que dicen.

Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.

Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta.

Aquí yace media España, murió de la otra media

Quizás esta tarde, como casi todas las del 13 de febrero desde hace más de un siglo, un grupo de veteranos periodistas visiten su tumba y le recen al santo laico el padrenuestro que acaba así: “No nos dejes caer en la corrupción y líbranos de la sumisión al poder. Amén.”

PD. Según algún investigador, pocos meses después del suicidio de Lara, el barco en el que Dolores Armijo viajaba con su marido hacia Filipinas naufragó a la altura del cabo de Buena Esperanza. No hubo supervivientes.

Periodismo declarativo, uno de los males de nuestro oficio

Como ya os contado en alguna ocasión anterior, escribo con cierta asiduidad en Cuadernos de Periodistas, la revista de análisis y debate sobre nuestra profesión que edita la Asociación de la Prensa de Madrid.
Mi más reciente artículo comienza así:

El periodismo declarativo es uno de los grandes males de nuestro oficio, especialmente cuando invade la información política hasta monopolizarla y convertirla casi en su único registro. Los políticos, y no solo en vísperas electorales, emplean buena parte de su tiempo cotidiano en colocarnos frases, canutazos, declaraciones, entrecomillados, ruedas de prensa y discursos varios a los diferentes medios de comunicación. En ocasiones, además, sin darnos la oportunidad de repreguntar, de pedir aclaraciones o matices o pruebas de algo que el político de turno nos acaba de colocar.

Aquí el texto íntegro.
PD. No, no os voy a contar qué diario era el de la sección España Dice.

En pocas semanas, un nuevo ’20minutos’, de nuevo innovador

Ayer celebramos en Madrid el acto central conmemorativo del XV Aniversario de 20minutos. Fue un acto especialmente emotivo para todos los que hacemos este diario. Os estamos dando desde anoche información pormenorizada, que seguiremos completando con textos, videos y fotos hoy en nuestra edición online y mañana en las ediciones impresas.

Aproveché la enorme y variada concurrencia (los Reyes, Soraya Sáenz de Santamaría, las ministras Pastor y García Tejerina, Albert Rivera, Pablo Iglesias, Cristina Cifuentes, Ximo Puig, Emiliano García-Page, César Luena, Ángel Gabilondo, Pablo Casado, José Manuel López, Begoña Villacís, Rita Maestre, Sara Hernández, Antonio Miguel Carmona, César Alierta, Manuel Pizarro, Amado Franco, Alejandro Echevarría, Catalina Luca de Tena, Luis Enríquez, Carmen Serra, José Gabriel González Arias, Carmen Serra, Enrique Cerezo, Arturo Fernández, Ángel Durández… centenares de personalidades de la sociedad española, no sólo de la política y de la comunicación) para anunciar en mi discurso que estamos trabajando en un nuevo 20minutos de nuevo innovador, en un proyecto que apuesta por el periodismo “independiente, crítico, justo, transparente, distante del poder, ético, social”.

Este es el texto íntegro que llevaba escrito para mi intervención. Metí alguna morcilla, algún añadido, pero no quité nada, lo dije todo:

Señor. Señora.

Señora presidenta de la Comunidad de Madrid. Señora vicepresidenta del Gobierno. Señoras ministras. Señores presidentes de Comunidades Autónomas. Señora presidenta de la Asamblea de Madrid. Señora Delegada del Gobierno. Señores secretarios de Estado. Señores candidatos a presidente del Gobierno. Señora presidenta y señor vicepresidente de Grupo Heraldo. Señor presidente de 20minutos Editora. Autoridades. Colegas. Amigos.

Gracias a todos por venir a celebrar con nosotros el XV Aniversario de 20minutos. Gracias, presidenta de la Comunidad de Madrid, por acoger hoy en esta casa de los madrileños a un diario que hace 15 años largos nació madrileño y que hoy es madrileño y, gracias a la tecnología, también global.

En nombre de todo el equipo que durante estos quince años hemos construido 20minutos –de los que hoy seguimos aquí y de los que ya no están con nosotros, pero aportaron también todo su talento y su esfuerzo en este proyecto-, gracias muy especiales, Majestades, Señor, Señora, por vuestra presencia. Gracias por aceptar nuestra invitación para presidir este acto. Muchas y muy sinceras gracias.

Hace ahora no ya 15 sino 16 años, en noviembre de 1999, ocho personas, cuatro mujeres y cuatro hombres, varios de ellos están en esta sala, nos fuimos a una notaría de Madrid a constituir la empresa editora del que iba a ser el primer diario gratuito de la historia de España. Tres meses después, en febrero de 2000, lo lanzamos aquí, en Madrid; y en noviembre de ese mismo año 2000, en Barcelona. Así nacía “el primer diario que no se vende”, un lema que durante muchos años figuró al lado de nuestra cabecera.

Para el lanzamiento de marketing usamos otro eslogan: “Nadie da un duro por nosotros”. Nadie daba un duro por nosotros porque éramos gratis y porque en nuestro mundo, el de la comunicación y el periodismo, nadie creía que aquel recién nacido llegara muy lejos. Estaban equivocados, como veis.

Costó mucho. En 2001 se nos acabó el dinero y el apoyo financiero inicial que habíamos conseguido, y vendimos la compañía a la multinacional noruega Schibsted, con la que lanzamos ediciones en otras 13 grandes áreas urbanas españolas, llegamos a millones de lectores, dimos servicios a miles de anunciantes, lanzamos una potentísima edición online que se ha convertido en la segunda más visitada en castellano en el mundo, promovimos otros medios impresos y electrónicos de diferentes periodicidades y nos convertimos así en un grupo multimedia líder.

Hace apenas cuatro meses, un editor español, Grupo Heraldo, compraba a los noruegos este grupo de medios y abría una nueva etapa en nuestro proyecto, una nueva etapa de la que hoy os contaremos algunos detalles. Gracias, Grupo Heraldo, Pilar, Fernando, familia Yarza, por vuestra apuesta por este proyecto y por este equipo.

Los diarios son seres vivos. Nacen, crecen, se desarrollan… y los que son capaces de adaptarse a los continuos cambios del entorno, al nuevo hábitat siempre cambiante de los lectores, de los anunciantes y de la sociedad en su conjunto, ésos no mueren nunca. El secreto de la longevidad, e incluso el secreto de la eterna juventud, está en los diarios en ser siempre capaces de cambiar, de evolucionar, de innovar.

Durante estos primeros 15 años de vida de 20minutos hemos hecho un diario sobre todo innovador. Innovador era en el año 2000 ser un diario impreso gratuito para los lectores. Innovador era considerarnos pagados con la atención de los lectores y transformar esa atención en ingresos gracias a la publicidad. Innovador era también hacer un diario para la calle, para la gente corriente, para todos los públicos. Para los que votan izquierda y para los que votan derecha y para los que no votan. Innovador era también hacer un diario online variado como el universo, interactivo con los lectores como nadie hasta entonces, actualizado y cambiante cada minuto, las 24 horas del día. Un diario que se ocupara de lo importante pero también de lo interesante. Un diario abierto.

Los diarios gratuitos, los diarios abiertos, podemos presentar una brillante hoja de servicios al conjunto de la sociedad. Reforzamos en nuestras sociedades el derecho a la libertad de expresión y al resto de libertades. Fomentamos la lectura y la trasmisión de conocimiento. Facilitamos el acceso de los ciudadanos a la información, la cultura, la participación y el debate público. Creamos comunidades de lectores y cohesión social. Jugamos, en definitiva, un relevante papel social.

Pero no hablemos ya más del pasado, hablemos ahora del futuro.

Como comentaba antes, nuestra sociedad está cambiando a toda prisa. Todo cambia a nuestro alrededor y de una forma crecientemente acelerada. La revolución tecnológica, la globalización, la crisis económica global… son algunos de los grandes motores de ese cambio. También nuestros hábitos cotidianos están cambiando. Ninguno de nosotros compramos, viajamos, nos relacionamos, nos entretenemos o nos enamoramos como hace 15 años. También nuestros lectores y nosotros mismos como lectores estamos cambiando. Ya tampoco nos informamos como lo hacíamos antes, luego tampoco tenemos que seguir haciendo los diarios, los medios de comunicación, como los venimos haciendo desde siempre. Toca cambiar, toca evolucionar, toca innovar de nuevo. No podemos pararnos.

Dejadme que os cuente una anécdota personal. Antes de fundar 20minutos, yo fui miembro de la dirección de cinco diarios diferentes en muy pocos años. Cada vez que cambiaba de periódico, llevaba un ejemplar de mi nueva cabecera a mi padre, un hombre que no tiene nada que ver con la comunicación y que vive aún hoy en mi pueblo burgalés, Torresandino. Mi padre lo ojeaba superficialmente, echaba un vistazo a los titulares… y me decía:

-Este es el periódico de ayer, ¿no?
-No, padre, es el de hoy –le contestaba yo.
Y él replicaba:
-¡Pero si todo esto lo escuché yo anoche en la radio!

Eran los años noventa, el medio instantáneo era entonces la radio, apenas había en aquellos momentos medios online potentes. Ahora, dos décadas después y tras la eclosión inmensa de medios en internet que se ha producido, tras la multiplicación de los medios instantáneos, ¿tenemos que seguir haciendo diarios impresos con noticias de ayer? ¿Tenemos que seguir publicando diarios de ayer, como diría mi padre?

Los lectores ahora se enteran de las noticias por los medios instantáneos, que son sobre todo los medios online, y se informan en profundidad por los medios impresos innovadores y por los medios instantáneos más ambiciosos: aquellos que son capaces de hacer informaciones menos perecederas, más elaboradas; informaciones y otros contenidos en los que, además de instantaneidad y rapidez, haya jerarquía, profundidad, análisis, conocimiento, punto de vista, criterio, afán de prescripción y de influencia… Así será el nuevo 20minutos, en muy pocas semanas. Un 20minutos de nuevo innovador.

Acabo ya, pero no quiero hacerlo sin una reflexión en voz alta sobre el periodismo en general, en estos tiempos difíciles y confusos. Durante la crisis, agobiados por nuestros problemas económicos y por la dificultad de la transformación digital, muchos medios y muchos periodistas quizás hayamos olvidado en parte nuestra razón de ser fundamental, que –como bien sabéis, señora- no es otra que vigilar al poder y fomentar la pluralidad, el debate público y el buen funcionamiento de la sociedad democrática.

Quizás, aun sin dejar de ser éticos y rigurosos, hayamos hecho a veces un periodismo demasiado obsequioso con los poderosos, un periodismo de mirar en ocasiones hacia otro lado, un periodismo incluso al revés: blando con las espuelas y duro con las espigas. Un periodismo, además, engreído y autocomplaciente, acrítico con nosotros mismos.

Quizás hayamos caído estos años, en definitiva, en la tentación de convertirnos –como decía Noam Chomsky- en la industria de las relaciones públicas de las élites políticas y financieras.

También en eso tenemos que cambiar. Tenemos que dejar de hacer periodismo obsequioso, periodismo complaciente, periodismo cómplice. Necesitamos un periodismo independiente, crítico, justo, transparente, distante del poder, ético, social.

Parafraseando, señor, unas palabras vuestras, del día de vuestra proclamación como rey, necesitamos un periodismo renovado para un tiempo nuevo.

Muchas gracias.

 

Os tendré aquí al tanto de nuestros pasos en ese proyecto.

Refundando ’20minutos’

Tras la habitual pausa veraniega, los cientos de miles de ejemplares de las ediciones impresas de 20minutos han vuelto hoy a las calles de las grandes áreas metropolitanas españolas donde distribuimos nuestro medio: Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, Zaragoza, Granada y Córdoba.

nuevo20minutos

Portada del nuevo 20minutos

Volvemos con una novedad que en realidad es un prólogo: estrenamos rediseño de nuestro diario impreso. Hecho en casa por David Velasco -nuestro redactor jefe de Diseño-, el nuevo 20minutos impreso tiene una mayor peso gráfico, jerarquiza mejor las informaciones, incorpora tipografías más modernas, convierte la antigua primera página en una portada, incorpora contenidos valiosos que hasta ahora sólo publicábamos en las ediciones online (entre ellos, algunos blogs), apuesta más por temas elaborados y menos por noticias de ayer que ya se han quedado viejas… y -sobre todo- queda preparado para otras reformas más importantes en las que ya estamos trabajando tras el cambio de propietario de 20minutos, en julio pasado, cuando los aragoneses de Heraldo compraron nuestro medio a los noruegos de Schibsted.
Estamos refundando 20minutos, sí. En las ediciones impresas, en las ediciones online, en móvil… en el conjunto del proyecto. Tenemos un plan muy ambicioso con nuestro nuevo propietario, Heraldo, el editor de prensa líder en Aragón, con 120 años de historia gestionando medios de comunicación. Es un plan que llevará a 20minutos a desempeñar en el sector de los medios de comunicación, en la sociedad española y en la comunidad hispanohablante global un papel aún más relevante que el ejercido durante nuestros ya 15 años largos de historia. Os iré contando las novedades aquí.
PD Si te has perdido tu ejemplar en nuestro reparto de hoy, aquí puedes verlo, edición a edición. ¿Te gusta? Me interesa tu opinión.

Metiendo el dedo en el ojo al periodismo

Esta mañana, he inaugurado el XVI Congreso de Periodismo Digital, en Huesca. Llevaba escrito este texto que ves abajo y, aunque me he salido algo del guión, he dicho todo lo que aquí digo.

“Buenos días.

Me pidió inicialmente Fernando García Mongay, el director del congreso, que mi intervención durara como mucho 25 minutos, y hemos pactado finalmente que sean 20, 20 minutos, así hago un poco agitación y propaganda de 20minutos, el diario que fundé hace ahora 15 años y que, como sabéis, es el segundo diario generalista impreso con más lectores en España –y durante siete años ha sido el primero-, según el Estudio General de Medios (el EGM), y es también el segundo medio online con más lectores en castellano en el mundo, según comScore.

Veo algunas caras de sorpresa en la sala. Me temo que, aunque estamos en un congreso de periodismo digital, de periodismo innovador, algunos de vosotros sólo leéis prensa tradicional, y muchos de los viejos periódicos tienen por costumbre borrar a 20minutos del ranking del EGM para mejorar su propia posición. Os lo aseguro. Nos quitan del ranking, nos eliminan, como los soviets aquellos que antes de existir el photoshop borraban a pedal de las fotos históricas a los dirigentes caídos en desgracia. ¡Nos borran para mejorar su posición, y al mismo tiempo se llaman a sí mismos prensa seria, prensa de calidad! Es como si yo, que soy de Burgos pero gran aficionado del Valencia Club de Fútbol desde pequeño, borrara los lunes de la tabla de la Liga al Real Madrid y al Barça para decir que mi equipo es vicelíder, casi empatado con el Atlético de Madrid.

Me ha dicho también Fernando que no hay turno de preguntas después de mi intervención, o sea que los que tengáis algo que preguntarme (sobre el EGM o sobre lo que os dé la gana) podéis ir tomando nota y lo hacéis luego, en los pasillos.

Un último prólogo, y ya entramos en materia. Si queréis tuitear algo, me llamo en Twitter @arsenioescolar ¡Gracias por seguirme!

CartelXVICongreso_bajaMe gusta mucho el cartel del Congreso. Ese dedo digital, qué curiosa redundancia gráfica, ese dedo digital que le mete el dedo en el ojo a un tipo asombrado y notoriamente incómodo, a un tipo de edad no muy joven, a un tipo con arrugas, con corbata, con parece que creciente alopecia, a ese tipo con cara de desabrido que habla ante varios micrófonos.
¿Es un pájaro, es un avión? Noooo. Parece que es un político.

Me ha gustado tanto ese cartel de Paco Roca que he pensado ponerle a mi intervención un título, o al menos un titular, y que este sea “Metiendo un dedo en el ojo”. Bonito hashtag, ¿no? ¿Metiendo un dedo en el ojo de los políticos? ¿Metiendo un dedo en el ojo de ese tipo del cartel que se diría que es un político? Sí, sin duda. Pero no solo. No sólo quiero meterle algún dedo en el ojo al poder. Esta no es la convención de un partido, ni de la patronal bancaria o eléctrica, ni un congreso de politólogos… Este es un congreso de periodismo, y os quiero proponer que metamos entre todos el dedo en varios ojos diferentes, no sólo en los de poder. Que nos lo metamos también a nosotros mismos, a nuestra profesión, a nuestro oficio. Que le metamos un dedo en el ojo al periodismo y a los periodistas, que ya toca.

A mí siempre me ha gustado incordiar, chinchar, incomodar, criticar, repartir en todas las direcciones posibles. Dentro de un orden y dentro incluso de algún desorden. Llevo dentro un natural criticón que a veces me cuesta mucho reprimir. En 20minutos, sin embargo, estoy un poco frustrado porque no tenemos editorial y apenas hacemos artículos de opinión. No nos gusta, no hacemos prensa de pastoreo y doctrina, de esa que dice “eres bueno, querido lector, si piensas esto y eres malo si piensas esto otro”, de esa que aspira a poner y quitar alcaldes y alcaldesas, o a derribar presidentes del Gobierno o jefes de la oposición. En 20minutos preferimos meter el ojo al poder informando a nuestros lectores con información certera, ecuánime, independiente, y que sean los lectores los que se creen su propia opinión, y que sea la fuerza de la opinión pública la que ponga y quite dirigentes y cambie el ritmo de la historia.

En 20minutos, os decía, o en mi blog apenas hago yo opinión, pero en twitter y en las tertulias sí, ahí me suelo meter con todo el que pasa. Algunos de los prebostes mencionados, de uno y otro bando, o mejor dicho de una y otra banda, se me enfadan y me mandan quejosos mensajes directos o whatsapps. Hay incluso algunos tuiteros que me reprochan la crudeza y me dicen: “ese comentario tan duro es impropio de un director de periódico…”. En fin…

A mí me gusta incluso meterme conmigo mismo. Mi último libro es de sátiras políticas en verso, en metros clásicos, en sonetos, en décimas, en octavas reales. Una amiga y colega que anda en la sala me dijo cuando leyó algunos de ellos que era más propio de un exdirector de periódico. Se titula ‘Arsénico sin compasión’, me meto hasta con mi propio nombre, ya veis. Os lo recomiendo, creo que no está mal.

Pero yo no he venido a este congreso para hablar de mi libro ni para ponerme de modelo de nada… Llevo unos 37 años en la profesión, una parte de indio, otra parte de semiindio y otra parte de jefe, y he venido a plantearos, desde esa larga experiencia, algunas reflexiones en voz alta que me hago a menudo conmigo mismo, sobre todo en los últimos tiempos. Debe de ser la edad.

Vivimos tiempos muy convulsos y difíciles, bien lo sabéis. La dura crisis económica, el agrietamiento y puede que desmoronamiento de nuestro sistema político y la crisis ética y moral que nos han asolado durante estos últimos años están provocando unos cambios profundos en todo lo que nos rodea y en nosotros mismos. Nos están llevando esas crisis a una sociedad partida, dual, muy injusta, una sociedad con poca clase media, con ricos muy ricos y pobres más pobres, marginalizados, discriminados, excluidos, desiguales.

¿Habéis reparado en que la igualdad está en nuestra Constitución en el artículo 1? Dice ese artículo:

“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

Tres de esos cuatro valores superiores de nuestro Estado social y democrático, la libertad, la justicia y el pluralismo político, parece que siguen vigentes, pero el de la igualdad se ha roto, se ha roto estrepitosamente, y no se le ve a la clase política dominante muy proclive a denunciarlo y a arreglarlo. Menos mal que los ciudadanos no se resignan a esa sociedad desigual, dual, poco ética, corrupta, y –según las encuestas- están dispuestos a dar la batalla en los próximos meses en las urnas, en el intenso ciclo electoral que comienza la próxima semana.

Vamos a mirar un poco hacia atrás. Mientras delante de nuestras narices, queridos colegas, se cebaban y luego se perpetraban todas esas desgracias que os describía antes, ¿dónde estábamos los periodistas, dónde estábamos los medios de comunicación? ¿Dónde estábamos nosotros, que nos consideramos tan perspicaces, y tan inteligentes, y tan pilar básico del funcionamiento del Estado democrático, y de la libertad de expresión, y de la pluralidad, y del control del poder, y de la vigilancia del buen uso del dinero público, y del correcto funcionamiento de las instituciones? ¿Dónde estábamos, dónde mirábamos? Como colectivo, ¿hemos ejercido realmente ese papel que nos corresponde en las sociedades avanzadas? ¿Hemos puesto la distancia debida respeto al poder, al poder político, al poder económico, a los poderes oscuros que han surgido con la globalización y la falta de controles? Y aún más. Si nos consideramos cuarto poder, ¿nos hemos puestos a nosotros mismos los controles adecuados, las vigilancias, los estándares mínimos de calidad, las buenas prácticas…?

Hace ya muchos años que Noam Chomsky advertía del peligro de que la prensa -entendiendo por la prensa el conjunto de los medios de comunicación- nos convirtiéramos en la industria de las relaciones públicas de las élites políticas y financieras. ¿No creéis que algo de eso ya nos ha pasado, ya nos está pasando? ¿No creéis que el cuarto poder se ha rendido al resto de poderes, que nos han fusionado por absorción y convertido en un gatito sin uñas? ¿Le hemos puesto algún remedio o algún antídoto a ese proceso? ¿Estamos aún a tiempo?

Más preguntas: ¿No hemos hecho un periodismo demasiado obsequioso con el poder? ¿Un periodismo de mirar hacia otro lado? ¿Un periodismo al revés, blando con las espuelas y duro con las espigas? ¿No hemos practicado en demasiadas ocasiones un periodismo institucional, un periodismo de Estado, entendiendo por tal el que calla más de lo que cuenta, el que vela más de lo que desvela, el que tapa, el que oculta, el que sesga por un presunto objetivo último de valor superior? ¿No hemos hecho demasiadas veces un periodismo engreído y autocomplaciente, acrítico con nosotros mismos?

Como veis, no hago afirmaciones. Sólo expreso en voz alta mis dudas, mis preguntas, y os propongo que hagáis lo mismo. Que os preguntéis si hemos metido el dedo en los ojos donde deberíamos haberlo hecho. Y si os contestáis que no, os preguntéis la razón de ese absentismo, de ese desestimiento de nuestras obligaciones. Y que os repreguntéis si aún estamos a tiempo de enmendarnos.

Tras el sufrimiento de los recortes, el deterioro de los servicios públicos, la privatización o la voladura de parte del sector público, la dualización de la sociedad, la pandemia de la corrupción entre nuestros dirigentes… los ciudadanos de a pie le están exigiendo a las élites que asuman responsabilidades, que se autoimpongan más controles, que den mejor ejemplo, que sean más democráticos, más transparentes, más solidarios… El clamor de esas peticiones es tan evidente en la sociedad que la inmensa mayoría de los medios lo hemos hecho nuestro, al menos teóricamente, nos hemos puesto casi a la cabeza de esa manifestación.

Está bien. Sea. Felicitaciones. Pero, para que no sea cinismo, ¿no deberíamos aplicarnos a nosotros mismos el diagnóstico y la receta? Todo eso que les exigimos a los políticos en los editoriales y en las columnas de opinión y en las tertulias radiofónicas y televisivas, ¿no deberíamos exigírnoslo el cuarto poder al cuarto poder?

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Llevo ya muchos minutos hablando, voy a ir acabando, pero no sin antes meter el dedo en algunas motas de nuestro propio ojo, en algunas cuestiones concretas de nuestra relación con el poder y de nuestros comportamientos internos que creo que merece la pena que comentemos. En concreto, en 10 puntos. Podríamos platear entre todos varios más, pero nos pasaríamos de los 20 minutos de sermón.

10 puntos. Ahí van, revueltos y desordenados:

Uno. No a las ruedas de prensa sin preguntas. No rotundo a las llamadas comparecencias institucionales en las que el poder llama a los periodistas a dictarles una nota, generalmente llena de medias verdades o de mentiras flagrantes, sin derecho a preguntas. Directores de medios hemos impulsado alguna vez iniciativas contra estas prácticas, sin mucho éxito. Tenemos que encontrar una fórmula eficaz y definitiva. No somos taquimecas, con todo el respeto para los taquimecas. Somos periodistas, y tenemos el derecho y la obligación de preguntar al poder en nombre de los ciudadanos.

Dos. Si metes la pata, sácala. Y a parecido tamaño. No podemos seguir dando a toda página y en impar y en portada informaciones que luego se revelan inexactas o incluso falsas, y la rectificación en un breve en página par. No podemos haber metido la pata en la home y en las primeras pantallas y sacarla en una sección remota, con poca visibilidad, al fondo de nuestro site.

Tres. Ojo a las dádivas y regalos. Muchas empresas han comenzado a regular límites y procedimientos. ¿No debiéramos hacer lo mismo las empresas periodísticas y los periodistas a título personal? Ojo también a las invitaciones a viajes. Con alguna frecuencia, presidentes del Gobierno, ministros, presidentes autonómicos, alcaldes de grandes ciudades… emprenden viajes a lugares remotos acompañados de una corte de periodistas a los que a en ocasiones se les paga con dinero público, en todo o en parte, los viajes y los hospedajes. Es probable que muchos de estos viajes de líderes políticos tengan un interés informativo real, y no sean mera propaganda. Pero me hago una pregunta. En las informaciones, en las crónicas, en las entrevistas… que generen esos viajes, ¿tendríamos que informar los periodistas a nuestros lectores de que hemos ido a gastos pagados con su dinero, con el del contribuyente?

Cuatro. Hemos de ser más transparentes con nuestros lectores acerca de la propiedad de nuestros medios. Quién está detrás de cada medio. Quiénes son los accionistas, y los accionistas de los accionistas. Y cuando haya un conflicto de intereses, actuar en consecuencia. Y cuando una información afecte directamente a un accionista o a un accionista del accionista, advertírselo al lector. No callárnoslo.

Cinco. No a la publicidad institucional opaca. Cada año, el Gobierno central, las comunidades autónomas, las diputaciones, los ayuntamientos, los cabildos, los distritos municipales de las grandes ciudades… invierten una notable cantidad de dinero público, de dinero de los ciudadanos –os estoy hablando de muchos centenares de millones de euros, quizás de miles; no se sabe porque nadie quiere que se haga recuento-, en anunciarse en los medios de comunicación. Está bien que lo hagan, cumplen con su obligación de rendir cuentas de su gestión y de informar a los ciudadanos sobre cualquier servicio público al que tengan derecho. Lo que no está bien es que el criterio de reparto y el reparto final de ese dinero -dinero público, insisto- sea opaco. Lo que no está bien es que las planificaciones de algunas campañas huelan a clientelismo, a amiguismo político. Apesten a que el criterio ha sido el de pesebre y trabuco. ¿Sabéis cuáles son? Por el pesebre, algunos políticos ponen mucha más publicidad de su institución a los medios ideológicamente cercanos, aunque no les corresponda por criterios objetivos de tiradas, audiencias o afinidad del público que se busca en cada campaña. Por la segunda, el trabuco, la ponen también en aquellos medios que, si no fueran planificados, previsiblemente responderían disparando editorialmente contra el alto cargo de turno. No sabemos cuánto dinero público concreto acaba en cada periódico, en cada radio, en cada tele. Yo presido la asociación de editores de prensa medianos y pequeños, e intenté hace dos años con los grupos parlamentarios que se incluyera la publicidad institucional en la ley de transparencia. Sin éxito. Pedí ayuda en esa causa a asociaciones de periodistas. Sin éxito también. No podemos seguir así, colegas. No podemos seguir predicando las bondades de la transparencia del dinero público en todo (en las obras públicas, en la gestión de los hospitales o de los colegios, en el sueldo del rey o de los políticos…) y seguir tolerando y amparando la opacidad en lo nuestro, en el dinero público que acaba en los medios. Tenemos que acabar con esa opacidad. Ganaríamos todos, sobre todo los periodistas y los medios. Ganaríamos en independencia y en credibilidad ante los ciudadanos. Nos legitimaría ante ellos.

Seis. No a las ayudas y subvenciones opacas. Casi todo lo que os he dicho sobre la publicidad institucional es aplicable de nuevo aquí. Ministerios, consejerías autonómicas, concejalías… tienen programas de todo tipo de ayuda y subvención a los medios de comunicación: por apoyo a políticas lingüísticas, por innovación, por suministro de ejemplares a determinados colectivos… También en esto, muchas veces opacas. Es dinero público, y todo ello debería ser transparente. Los ciudadanos tienen derecho a registros de acceso público y consulta fácil donde se vea, al céntimo, cuánto de su dinero ha acabado en qué bolsillos y por qué conceptos.

Siete. No a la prensa proxeneta. Hace ya ocho años largos, el Congreso de los Diputados nos instó a los medios de comunicación a que suprimiéramos los anuncios de prostitución. Algunos diarios lo hicimos, entre ellos 20minutos. Otros siguen mirando para otro lado. En sus páginas nobles siguen defendiendo los derechos ciudadanos y la dignidad de la mujer, y pocas páginas después tienen centenares de pequeños anuncios muy bien pagados detrás de los que hay explotación sexual, trata, mafias, extorsiones… Dice el diccionario de la Real Academia que un proxeneta es aquel que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona. Por favor: no más prensa proxeneta.

Ocho. Un dedo en el ojo muy para este auditorio, lleno sobre todo de periodistas digitales. Acabemos con un estereotipo que se ha extendido entre algunos colectivos de nuestra profesión. El estereotipo de que todo lo impreso es antiguo, obsoleto, de baja calidad, malo… y todo lo online es moderno, innovador, bueno, buenísimo, excelente. Hay excelente prensa impresa y excelente prensa online. Y hay mala malísima prensa impresa y mala malísima prensa online.

Nueve. Y otro dedo en el ojo, especial para este auditorio, lleno sobre todo de jóvenes. Está muy bien que lleguéis a la profesión perfectamente equipados de destrezas técnicas, de herramientas del nuevo mundo digital. Está muy bien que lleguéis bien equipados de inglés, de alemán, de árabe, de chino… Estaría mucho mejor que también vinierais perfectamente equipados de español, de castellano. La principal herramienta de nuestro oficio sigue siendo nuestro idioma, nuestra lengua. Si en el bachillerato o en la universidad no os han formado bien en sintaxis, en prosodia, en ortografía… y vosotros no habéis paliado aún por vuestra cuenta esas carencias, no sois aún buenos periodistas, creedme.

Y diez y casi conclusión. No más periodismo obsequioso. No más periodismo complaciente, periodismo cómplice. No más periodismo opaco. No más periodismo engreído. Necesitamos un periodismo crítico, justo, transparente, distante del poder, ético, social”.

arsenio
* Segunda foto: TIE Comunicación/Congreso de Periodismo

PD. El video, con mi intervención. A partir del minuto 57.55, incluida la presentación que me hizo Jaime Armengol (gracias, Jaime).

‘El País’ y ‘El Mundo’ manipulan el EGM

Nuevos directores… y viejos vicios. Ayer se hicieron públicos los datos del Estudio General de Medios (EGM), la macroencuesta que desde hace más de 40 años mide cuántos lectores tiene cada diario o revista o cuántos oyentes reúne cada programa y cada cadena de radio.
La encuesta para los diarios impresos es solo una, es única. No hay una para los de pago y otra para los gratuitos. Y le pregunta al encuestado qué diario leyó ayer, mostrándole juntas todas la cabeceras -gratuitas, mixtas o de pago-. El EGM no investiga qué diarios se compran o se dejan de comprar sino qué diarios se leen. De hecho, muchísimos de los lectores de los diarios de pago no han pagado por el periódico, lo han tomado prestado de alguien en su trabajo o en su lugar de estudios, o en un bar, o directamente se lo ha regalado el editor, pues cada día distribuyen gratuitamente más ejemplares los llamados diarios de pago. Hay una prueba infalible de lo que digo: las audiencias de los diarios de pago multiplican por 5 o por 6 las tiradas, luego sólo ha pagado el periódico uno de cada 5 o 6 lectores. El resto lo ha recibido gratis, luego son lectores de lo que para ellos es un gratuito.
Los datos que se hicieron públicos ayer eran muy claros: entre los diarios de información general, El País es el más leído, con 1.612.000 lectores de media diaria (cae un 4,3% respeto a la medición anterior), 20minutos es el segundo, con 1.066.000 (-1,6%); y El Mundo es el tercero, con 1.006.000 lectores (-2,5%).
Pues bien. Hoy, en sus ediciones impresas, tanto El País como El Mundo (muchos otros más pequeños también lo hacen, esto de mentir en lo nuestro está muy extendido en nuestra vieja prensa) borran de la tabla a 20minutos. Lo he denunciado esta mañana en Twitter, mostrando las páginas.

Con sus antiguos directores, Javier Moreno y Pedro J. Ramírez, ya lo hacían. Yo protestaba aquí y les llamaba a ellos por teléfono o les mandaba algunas veces cartas, correos, sms… para decirles, cariñosamente -tengo una buena vieja relación personal y profesional con ambos, hemos coincidido en proyectos anteriores-, que lo que hacían era mentir, era engañar a los lectores. Pedro J., tan amante de la verdad para otras cosas, no me hizo ningún caso. Javier, un poquito: le envié en una ocasión un correo enumerándole los artículos del Libro de Estilo de El País que incumplía su información, y su reacción fue poner, a partir de entonces, una nota mínima a cuerpo pequeño en la tabla del EGM diciendo que se refería a los diarios de pago.
Hoy, hasta esa minúscula nota ha desaparecido de la tabla de El País.
También con Antonio Caño -director de El País desde hace medio año- y con Casimiro García Abadillo -director de El Mundo desde hace 10 meses- tengo una buena relación personal, y hemos estado juntos en algún proyecto profesional.
Queridos Antonio y Casimiro: Enmendad ese error reiteradísimo de vuestros respectivos antecesores. En el mundo actual de la información, tan abierto todo, tan contrastable, tan comprobable, estas cosas ya no cuelan. El lector pesca muy rápido cualquier sesgo o manipulación. Si el lector nos ve poco fiables cuando hablamos de nosotros mismos, ¿se preguntará si somos fiables cuando informemos de cualquier otro asunto? Si pedimos -con razón- transparencia y ética a todos los agentes de la vida pública, ¿no debemos empezar por nosotros mismos? Si estamos tan preocupados -también con razón- de la crisis del periodismo, ¿no debemos dejar de hacernos trampas?

Mi colega Ignacio Escolar

La crisis del modelo de negocio de la prensa, la quiebra de la credibilidad, la transformación digital, los modelos disrruptivos, el “periodismo de Estado”, la prensa digital en España, los números de eldiario.es en su segundo cumpleaños… Mi colega -e hijo- Ignacio Escolar dio ayer esta interesante conferencia en el Foro de la Nueva Comunicación, quizás el principal escenario de debates políticos, sociales y empresariales de Madrid.
Me pidió Ignacio que le presentara yo, y llevaba escrito esto:

Presentar en público a un hijo tuyo que además es un colega, que se dedica a lo mismo que tú, es meterte en un lío. Si te pasas en el elogio, te critican por blando. Si te quedas corto, también te critican por asperón, mal padre y descariñado, y acaban contando por ahí que los Escolar se han peleado y que casi ni se hablan, como ya nos ha pasado alguna vez. No tenía que haber aceptado el encargo, pero ya que estoy aquí voy ver cómo salgo del paso sin daños mayores.
Ignacio -en casa es Ignacio y sobre todo Ina, nunca ha sido Nacho- iba para periodista casi desde pequeño. Mi mujer, Montse, su madre, es también periodista, y él ha oído hablar de periodismo y de periódicos desde que tiene uso de razón o incluso antes. Nació en 1975, en diciembre, justo un mes después de la muerte de Franco, y por casa anda todavía una foto de marzo o abril de 1976 en la que yo estoy leyendo el Informaciones y lo tengo en brazos, y él mira atentamente el periódico.
Ignacio iba para periodista desde pequeño, pero es periodista contra mi criterio. Cuando él estaba en COU, me dijo un día que quería estudiar periodismo, y yo intenté quitárselo de la cabeza. Tanto porfió, que le dije: “Haz lo que quieras, pero a mí no vengas nunca a pedirme un empleo”. Y así ha sido. Él ha sabido buscarse su propio camino, solo hemos trabajado juntos en dos libros de divulgación histórica, sobre la Castilla de la Edad Media y los orígenes de España, libros que aprovecho para recomendaros a los que no los conozcáis. Se titulan ‘La nación inventada’ y ‘El justiciero cruel’. Son dos libros casi periodísticos, evidentemente los hicimos como dos colegas que colaboran, no como padre e hijo, y nos permitió conocernos mejor y mejorarnos recíprocamente. Llegamos a la conclusión de que él era más columnista y yo más reportero, y cada uno de nosotros aprendió algo de las habilidades del otro.
Ignacio se ha dedicado con acierto al periodismo político y al columnismo, pero se podía haber dedicado con parecido éxito al periodismo de divulgación de ciencia o de tecnología, que es donde comenzó, o al periodismo musical -fue músico casi profesional durante un tiempo- o a la consultoría e investigación sobre tendencias en medios de comunicación, en lo que trabajó en México y otros países latinoamericanos hace ya unos cuantos años y a lo que siempre de algún modo se ha seguido dedicando. En esto último, lo meritorio en él -en mi opinión- no es sólo que ha aconsejado a otros sobre lo que tenían que hacer, sino que lo ha hecho él mismo en algunos de sus proyectos, sobre todo en el último, en eldiario.es, en el que ahora está totalmente volcado y del que creo que nos va a hablar al detalle esta mañana.
Su trayectoria es bastante conocida, pero os la resumo muy breve. A finales de los años 90 del siglo pasado y primeros años de este siglo trabaja en diferentes periódicos, revistas, radios y cadenas de televisión que le permiten conocer bien por dentro los distintos registros de nuestro oficio y que le dieron un cierto renombre sobre todo como periodista digital. De aquella época, exactamente de 2001, es uno de sus artículos más conocidos. Se titula Por favor, pirateen mis canciones, y os recomiendo a los que no lo conozcáis que lo busquéis en Internet. Sigue estando plenamente vigente. Algunas de sus reflexiones, que eran sobre los cambios que la revolución tecnológica estaba provocando en la industria musical, se pueden aplicar a los medios de comunicación.
En 2006 ficha como director adjunto editorial del Grupo Novotécnica, editor del diario La Voz de Almería, Cadena Ser Almería y Localia Almería. Prensa local, la mejor escuela para un periodista. En 2007 funda como director el diario Público, hasta sus destitución en 2009 por el propietario. Aumenta a partir de entonces su participación en debates y tertulias políticas en radios y televisiones, publica varios libros -entre ellos una novela negra-, y en 2012 lanza como director, consejero delegado y principal accionistas eldiario.es. Ahora es, por tanto, el Editor in chief y es también el Publisher, palabras mayores. Su trayectoria profesional sube un nuevo peldaño.
Acabo ya. Le llevo a Ignacio 18 años, Montse y yo lo tuvimos de muy jóvenes. Durante todos estos años, desde que él era adolescente, no hemos trabajado juntos más que en dos libros de divulgación histórica, pero hemos hablado muchísimo del oficio, nos hemos consultado en muchas de las decisiones delicadas que nos ha tocado tomar a uno o a otro. Para mí, Ignacio es un colega. Es el colega al que quizás yo haya enseñado más cosas del viejo oficio, de los principios sagrados del periodismo como un servicio a la sociedad y a los ciudadanos, de la ética, de los valores, del esfuerzo, de no encomendarse solo al talento, de la importancia del buen uso de nuestra principal herramienta, que es el idioma… Y él es, con seguridad, el colega que más me ha enseñado a mí de las novedades del oficio, de la revolución tecnológica y su impacto en lo nuestro, de la transformación de la profesión y de los medios. ¡Gracias, Ina!

Luego me salté el guión (e Ignacio también), y no dije exactamente eso. Aquí tienes el video del acto al completo.

Publicidad institucional: aún pesebre y trabuco

Dinero público poco o nada transparente, políticos que con él tejen su imagen pública y sus apoyos mediáticos. Y, en juego, derechos ciudadanos y la credibilidad e independencia de los medios de comunicación y de los periodistas, que con demasiada frecuencia miramos para otro lado cuando se trata de lo nuestro.
‘Publicidad institucional: aún pesebre y trabuco’. Un artículo que he escrito para Cuadernos de Periodistas, la revista de análisis de nuestra profesión de la Asociación de la Prensa de Madrid.