BLOGS
¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

Archivo de la categoría ‘Pablo Iglesias’

Será una legislatura complicada, pero el más resistente es Rajoy

El Mariano Rajoy del diálogo y la mano tendida del pasado miércoles se ha matizado a sí mismo en apenas tres días. Hoy se ha venido arriba y ha vuelto el Rajoy del no -ha pronunciado más veces esa palabra en su intervención de 10 minutos que el Pedro Sanchez del “no es no” en el último año en esa misma tribuna-, el Rajoy que les ha dicho al resto de grupos parlamentarios que no va a rectificar sus políticas del pasado y que no va a ceder “salvo en lo razonable”, y lo razonable será solamente de nuevo aquello que decida el ya presidente del Gobierno que lo sea. Si el Ciudadanos de Albert Rivera del sí a Rajoy y el PSOE de la gestora que con su abstención ha permitido la investidura pensaban que iban a tener un papel crucial en la legislatura, quizás ya estén empezando a dudarlo.

La legislatura va a ser complicada para un Rajoy y un PP en minoría, sí, pero probablemente lo sea más para otros líderes y otras fuerzas. El poder desgasta mucho, en efecto, pero el no tenerlo y ser socio o semisocio del que lo tiene desgasta mucho más. No te beneficias de sus aciertos y te salpican sus errores. Será una legislatura muy complicada para Ciudadanos, abducido y satelitelizado por el PP en estos meses, y para el PSOE, dividido, roto, sin líder, sin proyecto y divorciado de su base militante, electoral y social. Sobre ambos, además, penderá una incertidumbre: si se pasan en sus exigencias o en su tira y afloja con Rajoy, este podrá a partir de mayo próximo disolver las Cámaras e ir de nuevo a elecciones, y las expectativas electorales de Ciudadanos y de PSOE no son nada halagüeñas.

Ha dicho Pablo Iglesias que este periodo que comienza es el del epílogo de Rajoy. Puede que sí, pero también puede que no y también puede que el epílogo sea larguísimo. Rajoy es un resistente. Una de sus más profundas convicciones vitales y políticas la plasmó en dos de sus vergonzosos sms, cuando le dijo a Bárcenas el “sé fuerte” y a la mujer de Bárcenas aquello de “al final la vida es resistir y que alguien te ayude”.

¡Y tanto! En las elecciones del 20 de diciembre pasado, el PP perdía 3,6 millones de votos respecto a 2011 (pasaba de 10,86 millones cuatro años antes a 7,2 millones ese día) y uno de cada tres escaños, pues pasaba de 186 a 123. Rajoy parecía políticamente tocado, casi moribundo. Y no, ha sido fuerte, ha resistido, le han ayudado muchos en estos meses (el PP siempre, Ciudadanos bastante, hoy el PSOE, Podemos en marzo, la prensa afín al PP y alguna que no lo parecía también siempre…) y ahí está, de nuevo presidente del Gobierno a todos los efectos.

Podemos, entre oposición o alternativa al PP

Con el PSOE en la UVI, gravemente enfermo por cinco grandes males, a Podemos se la ha abierto una enorme oportunidad no solo para lograr ahora el sorpasso social sobre los socialistas, y en breve el electoral, sino también para levantar en la izquierda -en el viejo solar del Partido Socialista- un pilar institucional tan grande como el del PP en la derecha.

Los expertos internos están divididos. ¿Y eso cómo se hace mejor? ¿Al modo Pablo Iglesias -radical, cañero, indignado, frentista y dándole tanto o más papel a la agitación en la calle como a la acción política convencional en las instituciones- o al modo Íñigo Errejón de la sonrisa, la negociación, la moderación y el diálogo para que Podemos, como él mismo decía en una reciente entrevista en 20minutos, no aspire solo a ser “la oposición al PP”, sino también “la alternativa”?

Os recomiendo una lectura reposada a la entrevista, publicada el pasado 17 de octubre y llena de claves. Decía Errejón que compartía con Iglesias “en un 95% el mismo diagnóstico y el mismo camino de lo que hay que hacer”, pero reconocía que también había algunas diferencias. Cuando Victoria Luna le preguntaba si Podemos tenía que parecerse a la sociedad o hacer, “como defiende Iglesias”, que la sociedad se pareciera a Podemos, Errejón contestaba así:

“Una fuerza transformadora hace las dos cosas. Una fuerza transformadora sabe leer bien en qué sociedad está y por tanto se parece un poco a su país, pero al mismo tiempo da pasos para mejorarlo. Si solo te pareces, te conformas con lo que hay, pero si solo eres aquello que quieres que venga, corres el riesgo de tener muy poco eco, de tener una posición política marginal, de estar enfadado con tu país. Tienes que tener un pie en el país que ya existe y otro en el que puede venir”.

El debate interno en Podemos se está recrudeciendo estos días, ante iniciativas como el Rodea el Congreso de mañana sábado –Errejón ve algunos riesgos– y sobre todo ante las batallas orgánicas internas abiertas en la Comunidad de Madrid, Andalucía y Extremadura. En Madrid, el prólogo lo han ganado los errejonistas, pero el resultado final es muy incierto.

En el dividido y abatido PSOE, se sigue y analiza el debate interno de Podemos con mucha atención. Les va mucho en ello. Hace unos días, en una reunión interna del grupo parlamentario, el diputado Eduardo Madina -antisanchista- decía que “el peligro” para los socialistas será mayor si el ganador de la batalla es Errejón. Curiosamente, en el otro bando del PSOE se ve de modo parecido. Hace dos semanas, a Óscar Puente, alcalde de Valladolid y sanchista, le preguntaban en una entrevista en Abc si existía el riesgo de una salida en masa de militantes en el PSOE, y contestaba esto:

“Al militante del PSOE se le ha puesto a prueba muchas veces, y hay gente que resiste, pero hay mucha militancia que, si al final se les da este trato, probablemente se irá. Si tenemos una ventaja táctica es que Podemos está en manos de Pablo Iglesias y no le pueden ni ver ni a él ni a su estrategia. Cosa distinta es si adopta una línea más moderada y se imponen las tesis de Errejón. Nos sustituyen en un par de años. Lo tengo clarísimo”.

El resultado de los procesos orgánicos en Podemos y el resultado del Congreso Extraordinario del PSOE cuando la gestora tenga a bien convocarlo serán claves en el mapa político final que nos dibujen.

El debate de investidura lo pierde el PSOE

Los abrazos de oso aliado de Mariano Rajoy y las acerbas críticas de Pablo Iglesias han convertido al PSOE roto de Antonio Hernando, de la gestora, de los barones rebeldes y de Susana Díaz en el gran perdedor de la primera sesión de investidura. Rajoy ha perdido la votación, sí, pero el que más pierde en términos políticos de credibilidad, mercado, solar, espacio, relevancia, sustancia y posición es el PSOE.

Y parte de lo que al PSOE le queda, me temo, lo perderá pasado mañana sábado, cuando consume la abstención que convertirá de nuevo a Rajoy en presidente del Gobierno con todas las de la ley. La abstención socialista confirmará lo que algunos dirigentes del propio PSOE venían temiéndose desde hace días: le están regalando gratis el Gobierno al PP y gratis también la oposición a Podemos.

A estas alturas de desastre socialista, ¿tiene algún arreglo? Pues quizás sí. Uno posible, que la gestora les diera libertad de votos a sus diputados el sábado, de modo que sólo se le cedieran a Rajoy 11 abstenciones y se intentara recuperar de verdad el papel de oposición, y convocar de inmediato el Congreso Extraordinario al que obligan los Estatutos socialistas para que el PSOE afronte cuanto antes sus cinco grandes problemas:

No tiene líder.

Se encuentra profundamente dividido y fracturado por las guerras internas.

Se está produciendo un divorcio traumático entre la nueva dirección y una gran parte de la militancia, a la que no se le ha dado ni voz ni voto en el conflicto interno.

Carece de un proyecto sólido que ofrecer a la sociedad española.

Ve cómo una franja importante de su electorado afín se le aleja, en parte por los cuatro problemas anteriores y en parte porque ese electorado está viendo una alternativa en Podemos y en otras recientes formaciones y movimientos políticos de izquierdas.

Mañana es tarde.

 

Pedro Sánchez, tocado, pero no le deis aún por hundido

 

Pedro Sánchez no era hoy candidato, pero esperaba que las urnas gallegas y vascas le confortaran algo en sus muchos líos internos y le revitaminaran para su intento de buscar esta semana un Gobierno alternativo al de Rajoy.

Esperaba que no se cumplieran los negros augurios de las encuestas. Que hubiera voto socialista oculto. Que algunas de las malas noticias no se produjeran. Pero no. Se han cumplido casi todas: derrumbe socialista en Euskadi, donde pasa a ser la cuarta fuerza y con poca ventaja sobre la quinta, el PP. Caída -aunque no tan dura- también en Galicia, donde En Marea Podemos le supera en votos y le empata en escaños. Y mientras, el PP de Mariano Rajoy renovando su mayoría absoluta gallega y salvando los muebles en el País Vasco.

¿Y está Sánchez definitivamente hundido? No lo creo. Sólo tocado. El desastre de hoy no es solo suyo. Es también de los dirigentes socialistas críticos, que de modo irresponsable se han pasado la campaña electoral pregonando la división interna. Es del conjunto del partido, que aún no ha encontrado su lugar en una sociedad española cambiante, con nuevas inquietudes y sensibilidades y partidos y liderazgos nuevos.

A propósito de los nuevos. A Ciudadanos le ha ido mal, y a Podemos regular: por debajo de las expectativas, sobre todo en Euskadi. Mal augurio para Albert Rivera y para Pablo Iglesias si hay nuevas elecciones generales… y quizás acicate para pactar con Pedro Sánchez y evitarlas.

 

Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera se la juegan este domingo

Ni Mariano Rajoy ni Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera se presentan como candidatos en las elecciones gallegas y vascas de este domingo, pero a los cuatro les van a afectar, y mucho, los resultados.

1. Mariano Rajoy. Si el PP en Galicia renueva su mayoría absoluta y si en Euskadi es la llave para que el PNV mantenga el Gobierno, Mariano Rajoy saldrá muy reforzado para intentar de nuevo la investidura como presidente del Gobierno o para unas hipotéticas terceras elecciones generales. Y al revés: si en Euskadi el PNV tiene más llaves disponibles (la socialista, por ejemplo) y, sobre todo, si pierde el PP la mayoría absoluta en Galicia y el Gobierno de la Xunta, en el PP se pueden extender algunas dudas sobre la figura de Rajoy.

2. Pedro Sánchez. Al PSOE le auguran la mayoría de las encuestas un panorama desolador para este domingo: en Euskadi, cuarto partido y muy cerca del quinto, el PP, y además sin ser llave única del PNV para gobernar; en Galicia, tercero, detrás de En Marea Podemos, y además sin sumar juntos lo suficiente como para desalojar al PP de Alberto Núñez Feijóo de la Xunta. Si esos pronósticos se cumplen, Pedro Sánchez tendrá mucho más difícil tanto su intento de Gobierno alternativo al de Rajoy como su propia estabilidad interna en el PSOE. Los barones críticos le harían responsable último del desastre y probablemente intentaran de inmediato desalojarlo de la Secretaria General. Y lo contrario: si los pronósticos no se cumplen y los socialistas son bisagra de Gobierno en Euskadi con el PNV o cabeza de Gobierno incluso -con En Marea Podemos y BNG- en Galicia, Sánchez saldría muy fortalecido para intentar ser presidente y para seguir liderando el PSOE sin apenas contestación interna.

3. Pablo Iglesias. También tiene mucho que perder o que ganar el domingo. Superar a EH Bildu en el País Vasco y a los socialistas en Galicia sería un éxito que al líder de Podemos lo reforzarían tanto en sus pugnas internas como en sus negociaciones con el PSOE o en sus expectativas ante unas terceras elecciones generales. Si en Galicia, además, En Marea Podemos lidera un acuerdo con socialistas y BNG, el reforzamiento de Iglesias será aún mucho mayor.

4. Albert Rivera. Para el partido de Rivera, las expectativas no son buenas. Tiene difícil entrar en el Parlamento Gallego y muy difícil en el Vasco. Si este domingo lo logra en alguno de ellos o en los dos, sus bazas en Madrid aumentan. Y muy especialmente, si es en Galicia donde logra escaño y el PP necesita el apoyo de Ciudadanos para mantener a Feijóo al frente de la Xunta.

Ni Rajoy ni Sánchez ni Iglesias ni Rivera son candidatos este domingo, pero se juegan tanto como si lo fueran.

Guerra interna por el poder en Podemos

En junio, hace apenas tres meses, campaña electoral de Pablo Iglesias en tono moderado, casi de estadista. En septiembre, ayer, en la campaña de las elecciones gallegas, vuelve el Pablo Iglesias duro, cañero y radical de hace un año y dice en un mitin:

“Parece que la política se ha convertido en un problema de tono. No importa lo que digas, no importa lo que hagas, sino el tono en el que te expreses. (…) El día en que dejemos de dar miedo a los que se enriquecen a costa de la gente seremos uno más y no tendremos sentido como fuerza política”.

Y después, en Twitter, en público, un enfrentamiento entre los números uno y dos de Podemos que está desencadenando todo tipo de reacciones y análisis:

-A los poderosos ya les damos miedo, ese no es el reto. Lo es seducir a la parte de nuestro pueblo que sufre pero aún no confía en nosotros -comenta Íñigo Errejón.

-Sí compañero @ierrejon, pero en Junio dejamos de seducir a 1 millón de personas. Hablando claro y siendo diferentes seducimos más -replica Iglesias.

El reproche directo de Iglesias a Errejón de la pérdida en junio de 1 millón de votos parece claro por dónde va: Errejón fue en junio el jefe de la campaña electoral, el responsable del eslogan “la sonrisa de un país” y de los mítines en tono moderado, muy diferente a la campaña de las elecciones anteriores, las de diciembre. Iglesias reniega ahora de ese cambio de estrategia, pero en junio lo defendía como si fuera suyo. En la entrevista que le hice pocos días antes de las elecciones, cruzamos estos comentarios:

-El tono bajo y de moderación de la campaña, ¿es consciente?

-Claro. Y de hecho es consecuencia de algo que me habéis recomendado los periodistas, en general. Siempre me habéis dicho que se me entiende mejor y que funciono mucho mejor cuando manejo un tono más sobrio y digamos, más tranquilo, y más pedagógico. Y os doy las gracias.

(…)

-¿Ahora se muerde mucho la lengua? ¿Hay veces en que el antiguo Pablo saldría, y el nuevo Pablo le aconseja que no salga?

-Bueno, uno evoluciona. Los años se notan y los golpes se notan, y nosotros hemos madurado a golpes. Me siento muy a gusto con un tono moderado que funciona, y prueba de que funciona es que no hacen más que preguntarnos por ello. Nos sentimos muy a gusto, puntuamos, ganamos partidos y nos va muy bien.

¿Qué ha pasado en medio, entre aquel Pablo y este Pablo? Muchas cosas.

Que no les fue muy bien en las elecciones, que Podemos no ganó el partido del 25-J ni siquiera al PSOE.

Que el firme no a Rajoy de Sánchez le ha roto el discurso y quitado protagonismo político a Podemos y a Iglesias.

Que cada día un número mayor de dirigentes de Podemos dicen en los debates internos que fue un error clamoroso de Iglesias no aprovechar el intento de investidura de Sánchez en marzo para apuntarse el tanto político de sacar a Rajoy de la Moncloa.

Que los números uno y dos de Podemos han perdido buena parte de su relación y confianza personal.

Que hay división interna sobre si negociar de nuevo con Sánchez y cómo hacerlo o si irse directamente a terceras elecciones generales…

Y, sobre todo, que se ha desencadenado un guerra por el poder entre las distintas corrientes de Podemos (la socialdemócrata, la trasversal, la radical, la de extrema izquierda, la anticapitalista, la comunista…), con batallas ya desplegándose en las comunidades de Madrid, Andalucía y Extremadura, y ciudades como Málaga, Palma, Santander, León, Burgos, Salamanca, Alicante, Pamplona, Tarragona, Sabadell, Hospitalet de Llobregat y Lleida.

El por enésima vez evolucionado Pablo Iglesias de ayer estaba en campaña electoral, sí, pero no solo en la de las elecciones gallegas sino también en la de los procesos electorales internos de Podemos.

Sánchez insinúa que lo intentará de nuevo… y el PP se enfada con Rivera y casi lo empuja hacia el PSOE

Además de la segunda derrota de Mariano Rajoy en su intento de ser investido presidente del Gobierno, el debate ha traído una novedad inesperada: el llamamiento de Pedro Sánchez “a las fuerzas del cambio” a buscar una solución, lo que puede entenderse como que el líder socialista va a intentar de nuevo la conformación de una alternativa al candidato del PP.

Las palabras exactas de Sánchez han sido estas, y pronunciadas sin leer, como si no las llevara escritas:

“La responsabilidad de todos y cada uno de los diputados y diputadas que presentamos una candidatura el pasado 26 de junio para cambiar las cosas en nuestro país, la responsabilidad de todos y cada uno los diputados y diputados que conformamos todos los grupos parlamentarios que representamos a las fuerzas políticas del cambio el pasado 26 de junio, la responsabilidad que tenemos es la de ofrecer una solución a este país, al atasco político en el que lo ha introducido el candidato Mariano Rajoy. Y no les quepa duda, señorías. Si actuamos todos con altura de miras y con generosidad, estoy convencido de que encontraremos esa solución y no les quepa duda de que el grupo parlamentario socialista formará parte de esa solución”.

En marzo, cuando Sánchez intentaba su investidura, “las fuerzas políticas del cambio” eran para él, además del PSOE, los dos partidos emergentes con los que estuvo negociando: Ciudadanos y Podemos.

Poco después, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, le pedía a Sánchez que lo intente de nuevo -“a lo mejor es su última oportunidad, aprovéchela”- y Albert Rivera daba por terminado hoy su pacto con el Partido Popular y le sugería a este que buscara otro candidato que tenga una investidura “viable” -es decir, asegurada-, lo que le valió al líder de Ciudadanos una sonora bronca por parte del portavoz popular, Rafael Hernando. Tan iracunda, que parecía una invitación del PP a Ciudadanos para que se fuera de nuevo a hablar con el PSOE.

El pleno de la segunda derrota de Rajoy abre puertas que parecían cerradas.

El misterio de los 1,2 millones de votos de izquierda desaparecidos

Los demoscópicos, estadísticos y expertos electorales varios con los que hablo esta mañana se hacen la misma pregunta que yo, que soy de letras, me hacía de madrugada, hace unas horas.

No hay por ahora respuestas sólidas. Sólo hipótesis, que dicen que una parte de esos votos de izquierda y centroizquierda del 20 de diciembre pasado se han ido a la abstención, otros se han convertido en votos nulos adrede (tachando a Pablo Iglesias o a Íñigo Errejón o a Alberto Garzón en la papeleta de Unidos Podemos, por ejemplo; o a Pedro Sánchez en la del PSOE), otros a voto en blanco, otros a Ciudadanos, que a su vez habría tenido mucho más fugas hacia el PP que esos 390.000 votos menos logrados por la formación naranja ayer respecto a diciembre… Pero sigue sin cuadrar. A falta de contabilizar el voto CERA de residentes en el exterior (casi dos millones de electores, es verdad, pero siempre con participaciones muy bajas), la abstención fue ayer similar a la registrada en diciembre pasado, algo más del 30% en ambos casos; los nulos también fueron muy parecidos (225.888 ayer frente a 226.997 en diciembre)los votos en blanco también (178.521 ayer por 187.771 hace seis meses)…

¿Será simplemente que la abstención ha cambiado de zona ideológica, y que en diciembre pasado se abstuvo mucho la derecha y ayer se abstuvo mucho la izquierda? Nos lo dirá la postelectoral del CIS, pero probablemente ya será pasado el verano…

Y si así fuera, ¿por qué? Los abstencionistas de derechas de diciembre, probablemente por castigar al PP de la corrupción y los recortes. ¿Y los abstencionistas de izquierdas de ayer? ¿Por cansancio, por desidia, por vértigo y miedo tras el brexit y el apocalipsis que relataban algunos medios, por reacción indignada a lo mal que gestionó la izquierda -Pedro Sánchez y sobre todo Pablo Iglesias, que es el que más votos pierde- la oportunidad de marzo pasado de sacar a Rajoy de la Moncloa…?

 

Qué harán los cuatro grandes partidos esta última semana

Panorama aún bastante abierto el que dejan varias de las encuestas que se publican hoy, último día hábil para darlas a conocer. Abierto sobre todo, por el alto porcentaje de indecisos (el 22,9% de los votantes, según el estudio de Grupo Heraldo para 20minutos), de ciudadanos que tienen decidido que el próximo domingo van a votar, pero que aún no tienen claro a quién.

A la luz de los datos, a esto parece que jugará estos últimos días de campaña cada uno de los cuatro grandes partidos:

-El PP, a trabajar insistentemente -como hasta ahora- en la polarización del voto -el o yo (Partido Popular) o el caos (Unidos Podemos)- y a llamar cada vez de modo más insistente al voto útil para rebañar sufragios a Ciudadanos sobre todo en las pequeñas circunscripciones donde todo indica que la formación naranja tiene difícil entrar. Son 28 de las 52 del total, según un pormenorizado estudio de GAD3. Veremos mucha siembra ‘popular’ estos días en todas ellas.

-El PSOE, a que no cunda en sus filas el desánimo del posible sorpasso y a movilizar lo más posible a sus muchísimos indecisos, sean los que dudan entre abstenerse y votar o los que dudan -en ese orden- entre PSOE y Unidos Podemos, entre PSOE y Ciudadanos y entre PSOE y PP.

-Unidos Podemos, a mantener lo que le dan casi todos las encuestas: una ligera o incluso cómoda ventaja sobre el PSOE de Pedro Sánchez que le permita llevar la voz cantante de la izquierda en las conversaciones a partir del próximo lunes. ¿Cómo? Con moderación, arriesgando poco, procurando no asustar a los indecisos y no cometer errores (ni uno más como el de Monedero hace unos días).

-Ciudadanos, a recuperar territorio entre los dos grandes que tiene a derecha e izquierda (PP y PSOE), criticando Albert Rivera -como hasta ahora- al PP de Mariano Rajoy y su equipo y ampliando el tiro a partir de ahora a Pedro Sánchez para disputar la frontera a los socialistas y romper con la idea de que el pacto de la legislatura fallida sigue en pie y que C’s es un simple apéndice del PSOE (idea que propagan tanto PP como Unidos Podemos).

Y, en general, ojo a este dato del postelectoral del CIS de las anteriores generales: el 26,9% de los que votaron el 20 de diciembre pasado decidieron qué papeleta metían en la urna durante la última semana de campaña. Entonces se debía a la llegada de las dos nuevas fuerzas emergentes. Ahora no será tan alto, pero si fuera en torno al 20% tendríamos unos 5 millones de votos aún bailando. ¡Muchísimos!

En 2014, Pablo Iglesias mostraba poca admiración por Zapatero

Las incursiones de Pablo Iglesias en el territorio ideológico, social e incluso sentimental del PSOE no paran. La más reciente, ayer con sus largos elogios a la figura del expresidente del Gobierno y exsecretario general del PSOE José Luis Rodríguez Zapatero -“Creo que Zapatero es el mejor presidente que ha tenido nuestra democracia”, “le tengo mucha admiración”, es alguien «muy generoso» y «muy sensato», “procuro preguntarle cuando tengo dudas sobre temas importantes”…- ha sido interpretada entre algunos dirigentes socialistas casi como una “apropiación indebida”. Están bastante enfadados.

La admiración de Iglesias por Zapatero parece reciente. Hace apenas año y medio, el líder de Podemos no pensaba así del ya entonces exlíder del PSOE. En una entrevista muy larga que le hice a Iglesias en noviembre de 2014, hablamos de diferentes dirigentes del PSOE. Elogió a Juan Negrín, a Juan Fernando López Aguilar y, con algunos matices, a Felipe González, y cuando le pregunté sobre Zapatero y sobre Pedro Sánchez me dijo esto:

-Sin desmerecerles en ningún caso y desde todo el respeto, creo que no están a la altura histórica de lo que representó Felipe González. Creo que Zapatero encarnó las ilusiones de mucha gente y tomó algunas medidas que merecen respeto, pero creo que cuando le dijeron que estaba sentado sobre una bomba de relojería, que se llamaba crisis financiera, le faltó la altura política para asumir lo que eso implicaba. Los socialistas deberían reconocer que se habían equivocado con Maastricht y que se habían equivocado dejando que España se convirtiera en una colonia de los países del norte de Europa, y, sin embargo, Zapatero hizo lo que le mandaron desde Berlín.

Ignoro si el cambio de opinión de Iglesias sobre Zapatero se produjo poco después de aquella entrevista, cuando se conocieron y hablaron largamente en una famosa cena discreta en casa de José Bono (ambos cuentan en privado buenas percepciones sobre el otro) o si ese cambio de opinión ha sido ahora, más recientemente, cuando Iglesias ha visto que en el PSOE apenas se saca pecho de algunos de los principales logros de Zapatero, sobre todo en políticas de derechos ciudadanos, y cuando ha sabido, además, que la relación personal de Zapatero con Sánchez está algo deteriorada, que lo está.

P.D. En aquella entrevista, por cierto, también le pregunté a Iglesias si se veía mas cerca del comunismo o de la socialdemocracia. “Programáticamente, claramente de la socialdemocracia”, me contestó. Pero agregó después: “Tanto la socialdemocracia como el comunismo forman parte de un mundo político que murió”.