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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

Mis mejores fotos de campo de 2016

Como os he contado otras veces, una de mis actividades de ocio favoritas es dar largas caminatas por el campo en mi pueblo de Burgos o en mi pueblo de Guadalajara. A menudo, haciendo fotos con el móvil y tuiteándolas desde el terreno. ¡Casi un directo desde la bellísima naturaleza castellana!

Recojo ahora aquí una selección de mis fotos de campo de este año 2016 que mañana acaba, para que las disfrutéis también quienes aún no me seguís en Twitter.

Muchos más, en mi cuenta de Twitter. Y en unos meses un nuevo resumen aquí.

6 comentarios

  1. Dice ser Daguerre

    Te harán bien la pelota en twitter por las fotitos, pero no te creas nada.

    Mejor lo habrías titulado “fotos de campo”, o “enredando con el móvil”.
    Di que tal y como está el mundo lo mismo acaban en National Geographic por aquello de la cremita.

    Feliz Año Nuevo, Arsenio.

    30 diciembre 2016 | 20:59

  2. Dice ser Sociólogo Astral

    Es bonito vivir en un pueblo y pasear por los campos viendo la vegetación cambiar con las estaciones. esto es vida sana y no lo que hay en las ciudades.

    30 diciembre 2016 | 21:54

  3. Dice ser Antonio González

    ¡Buenas fotos, querido Arsenio! ¡Bellísimas! Bellísimas por muchas cuestiones. Su impacto visual, el encuadre, la organización de los elementos, su fondo poético, la sencillez, el orden, el equilibrio… Cada foto provoca una emoción diferente.

    En las primeras casi podemos palpar el frío de la vega burgalesa, su inmensidad, el vacío, la magnitud infinita de la naturaleza. Esas fotos invernales podrían ilustrar aquel poema de Machado que decía aquello de:

    Desnuda está la tierra,
    y el alma aúlla al horizonte pálido
    como loba famélica. ¿Qué buscas.
    poeta, en el ocaso?

    ¡Amargo caminar, porque el camino
    pesa en el corazón! ¡El viento helado,
    y la noche que llega, y la amargura
    de la distancia!… En el camino blanco

    algunos yertos árboles negrean;
    en los montes lejanos
    hay oro y sangre… El sol murió… ¿Qué buscas,
    poeta, en el ocaso?

    Llega marzo, y el campo se renueva con luz propia. La hoja silvestre sustituye al esquelético matorral y el aromático romero, los almendros y los olmos se blanquean en flor. Brota el membrillo con sus pequeños nidos de pájaro y despierta la higuera. El cielo se vuelve azul y plácido. La inmensa llanura se convierte en un hervidero de vida. Arriba sobrevuela el grajo domesticado y, al fondo, el Ocejón parece un volcán con fumarola.

    Imagino ahora a Antonio Machado paseando por Burgos o por Guadalajara, pensativo, sin su abrigo de paño, fumando. Diría aquello de:

    La primavera besaba
    suavemente la arboleda,
    y el verde nuevo brotaba
    Como una verde humareda.

    Las nubes iban pasando
    sobre el campo juvenil…
    Yo vi en las hojas temblando
    las frescas lluvias de abril.

    Bajo ese almendro florido,
    todo cargado de flor
    –recordé–, yo he maldecido
    mi juventud sin amor.

    Despunta el verano (¡verde como el trigo verde!) en la inmensidad verde de la llanura. Florecen las encinas, los espinos, las lilas, las amapolas, los ciruelos, los nogales. Verdea la cebada, el trigo, la colza. Se dora el esparto en el alto del Pico de la Cantera y engordan las granadas y las primeras nueces. Aún no cae la fruta madura de ningún cerezo y los olivos de la Campiña de Henares ya apuntan maneras. En julio ya aprieta el sol en Guadalajara. Girasoles, carrascas… Arriba golondrinas. Al fondo corzos. O caballos en el Alto de Torijas.

    Las imágenes evocan las ‘’sensaciones’’ de Rimbaud:

    Las tardes azules del verano,
    iré por los senderos,
    picoteando por los trigos, a pisar la hierba menuda,
    soñador, sentiré su frescor en mis pies.
    Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.

    No hablaré, no pensaré en nada:
    pero el amor infinito me llenará el alma,
    y lejos iré, muy lejos, como un bohemio,
    por la naturaleza, feliz como una mujer.

    Llega septiembre, octubre, y regresamos a casa en rebaño, como las ovejas. ¿300, 400, 430…? Las cigüeñas vuelven a sus iglesias, maduran los escaramujos y engorda el membrillo en las alacenas del amigo Pepe. El nogal está casi desnudo. Aparece de nuevo el grajo domesticado de la vecina sobre fondo gris (idéntico a la grajilla del pobre Azarías de ‘’Los santos inocentes’’). Los nogales gemelos (con Hita al fondo), los almendros y los robles destartalados nos anuncian un nuevo invierno.

    Es atardecer. Una campiña.
    Invierno. Duras sendas;
    Simétricos terruños
    y ramas esqueléticas
    de nogal, almendros y robles.
    Un hombre dice
    para sus adentros:
    ‘’A medida que cumples años
    y te acercas a la vejez,
    la emoción del paisaje
    es de las pocas que
    se mantienen
    o incluso crecen.’’

    ¡FELIZ AÑO, QUERIDO AMIGO!

    30 diciembre 2016 | 23:12

  4. Dice ser Celebes

    ¿No tiras ninguna en horizontal?

    30 diciembre 2016 | 23:47

  5. Dice ser Ignotis parentibus

    La de las cigüeñas en el campanario está muy oscura. No se aprecian los detalles de los arcos.

    03 enero 2017 | 18:04

  6. Dice ser Inspirahogar

    Guau! Qué fotos más inspiradoras! La verdad es que cuando ves fotitos así dan ganas de abandonar la ciudad para irse a pasar unos días de relax en el campo…

    09 enero 2017 | 18:05

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