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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

Fischer, “una víctima de la Guerra Fría”


“Bobby Fischer estaba como una cabra, pero era el mejor jugador de ajedrez vivo. Confirma la idea de Unamuno que, cuando le preguntaban si el ajedrez desarrollaba la inteligencia, decía que sí, sin duda: pero sólo desarrolla la inteligencia para jugar al ajedrez. En todo lo demás, Bobby era un mentecato colosal. Sus partidas, en cambio, son imperecederas.

Fue una víctima de la Guerra Fría, un poco como Marisol o Joselito fueron víctimas del franquismo: Estados Unidos le utilizó como ariete de propaganda contra la Unión Soviética y, cuando Bobby creció y empezó a decir y hacer impertinencias y extravagancias, no tuvo ninguna piedad y decidió aplastarle como a una cucaracha. Ahora le dedicarán páginas y páginas, pero la verdad es que le persiguieron sin compasión. Lo destrozaron”.

De “Un whisky en memoria de Bobby”, un artículo de Rafael Reig sobre Bobby Fischer, cuya muerte hoy nos ha entristecido a todos los que amamos el ajedrez.

8 comentarios

  1. Dice ser Jose M.

    Hola Sr. Arsenio,Estoy seguro que a todos los jovencitos, de la epoca d elos 50s-60s, les hubiera encantado sufrir el fraquismo como lo sufrieron Marisol, Joselito, Ana Belen, o Miguelito Bose…Es un poco penoso, que saques el tema con un articulo sobre Fischer, pero bueno…la vida es una tombola…

    18 Enero 2008 | 23:07

  2. Dice ser yo

    Fischer era fischer y ke tú le yames mentecato, venga ya, EL MENTECATO ERES TU!! SEGURO KE TU LO HUBIERAS HECHO MEJOR ANDA YA!!! SOPLAGAITAS!!!

    18 Enero 2008 | 23:54

  3. Dice ser andresrguez

    Sin duda el mejor ajedrecista de todos los tiempo.Lo tenía todo, era inteligente ( cc 180), rápido en sus movimientos, era uno de los mejores.Contaba Kaspárov en un libro, que Bobby, era uno de los mejores ajedrecistas que existe, por lo buen estratega que era a la hora de preparar las jugadas.

    19 Enero 2008 | 01:22

  4. Dice ser BUENISTA HIPÓCRITA

    HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA HIPÓCRITA

    19 Enero 2008 | 11:43

  5. Dice ser Un ignorante cualquiera

    Estimado señor Arsenio, permítame que yo, ignorante ciudadano y carente de su apabullante currículum plagado de direcciones y subdirecciones, le diga simplemente una cosita al respecto de Bobby Fischer. Muchas veces, la genialidad y la locura están separadas por una delgada línea, que por desgracia Fischer cruzó no por voluntad sino porque tenía graves problemas mentales. Fischer percibía todo como una amenaza, primero a los judíos, luego a los rusos, luego a su propio país, luego a todo el mundo en general y al final se percibía como una amenaza hasta a sí mismo. Pero eso, insisto, es algo que le sucedió provocado por su enfermedad, no por algo volitivo que realizase para llamar la atención. Fischer no fue una víctima de nadie salvo de sí mismo, de su propia enfermedad, y nadie jamás le utilizó para nada porque, durante su ascenso ajedrecístico y su breve reinado en la cima del ajedrez, todo su universo giraba en torno a sí mismo. Fischer era un ajedrecista genial pero un señor enfermo, a fin de cuentas, y merece un respeto, amén de que realizar una analogía de su persona con Marisol o Joselito en tiempos del franquismo es como comparar un Aston Martin con una bicicleta. Así que, perdone mi supina ignorancia, señor Arsenio, ésa que me impide expresarme con su amplio bagaje cultural y ortográfico de licenciado en Periodismo y Filología y, por lo que veo, con su (por sus frecuentes “lecciones” de cómo escribir bien)duro trabajo por llegar algún día a ampliar su currículum con la dirección, por lo menos, de la RAE, pero permítame que le diga que hablar tan a la ligera de Bobby Fischer, sin conocerlo y sin saber nada más de él que las cuatro líneas panfletarias que habrá leído ahora que ha muerto,no demuestra más que desidia profesional y verbo de gatillo fácil, nada más. Y perdone que me ría cuando pienso qué estará pensando ahora mismo Fischer, donde quiera que esté, con sus 180 puntos de coeficiente intelectual (un superdotado no; más aún) sobre su basura de artículo. Pero, insisto, perdone mi supina ignorancia. Y, como terminó Pérez – Reverte en una ocasión un artículo en el que hablaba sobre Francisco Umbral, me despido. Maestro.

    22 Enero 2008 | 10:30

  6. Dice ser gregorio

    holamagnifico blog,me gustaria invitarte a que participes en mi modesto blog de votaciones de bloghttp://aquiestatublog.blogspot.comen el puedes participar con el tuyo o con los blog que consideres que deven conocerse un poco massaludos y perdona por usar los comentarioscomo director de 20 minutos,te comento que invitando a los blog de 20 minutos,solo deseo que sean mas asequibles a otros posibles lectoresgracias y espero no molestar con ello

    22 Enero 2008 | 21:57

  7. Dice ser sell wow gold

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    28 Enero 2008 | 03:19

  8. Dice ser we

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    09 Febrero 2008 | 15:11

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