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Si la arquitectura te rodea, deberías empezar a fijarte en ella

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¿De verdad crees que has estrenado tu casa?

La semana ha sido dura, hoy subo un post desengrasante, que deberías leer con atención si has comprado una casa nueva:

Sí. Has pagado la entrada. Has convencido al banco y te han dado la hipoteca. Has esperado más allá de lo que el santo Job hubiese osado jamás llegar. Y llega el gran día.

Te dan las llaves y entras en tu casa. Tu vivienda al fin. Tu pareja, con mirada arrobada y los ojos vidriosos, te mira como si fueses Superman, mientras metes la llave en esa cerradura.

Entras.

Apartas un cubo de goma viejo con el pie. Se lo habrán dejado olvidado. No importa. Tus pies van dejando la marca sobre el polvo. ¡Cuánto polvo, coño!.

Abres esa puerta del salón, que …bueno, roza un poco, no pasa nada. En cuanto limpies los churretes de los cristales esto se va a ver divino.

Esa cocina, lista para usarse. Bueno no, hay que amueblarla y poner electrodomésticos, pero no pasa nada.

El baño. Ah, el baño, ese lugar donde tan gratos e íntimos momentos pasarás. Ese baño que estrenaras sentándote con cuidado con parsimonia casi ceremonial.

¿Estrenarás?….Infeliz.

Corría el año 1984 aproximadamente cuando un allegado, siendo yo un chaval, me llevó a una obra por primera vez. Era uno de los técnicos que la dirigían. En mitad del paseo, se acerco a un tabique, aún sin dar de yeso y allí, mientras me contaba a voces el proceso de ejecución de la obra, orinó contra el tabique, cigarrillo en una mano, órgano miccionador en la otra.

Luego decidí, quien sabe por qué, dedicarme a esto.

No voy a contar más anécdotas escatológicas, al menos por hoy, pero que sepas, que apenas nada de lo que crees haber estrenado, era completamente nuevo. No digo más.

Nota  del arquitectador: Limpia cuidadosamente tus sanitarios antes de inaugurar tu nueva choza. Especialmente la bañera. Tú limpia, no pienses, ¡¡LIMPIA!!

¿Cambiar? No gracias

Debido a cierta reforma que se trae un servidor entre manos, recupero hoy un post del pasado, de cuando aún no eramos íntimos usted y yo, paciente lector:

Tú caminas por uno de los pasillos de esos grandes almacenes tan molones… digamos «El Rasgón Soriano». Un suponer.

Y ves ese producto que estabas buscando. Coincide el color, el tamaño, el material. Vamos es exactamente lo que quieres. El precio es razonable. Al carro, como no puede  ser de otra manera. Reactivemos el país, te dices para justificarlo.

Vas a la caja y la cajera coge el producto, lo mira, lo pone al trasluz, lo olisquea, te mira a los ojos y coloca en su rostro una media sonrisa irónica, vuelve a mirar la caja, la mueve a ver si suena el aleluya de Haendel…

-No ha pensado que sería mejor coger el producto de al lado. Cuesta un poco menos y es EXACTAMENTE IGUAL.

-No, no, yo quiero este, además, el otro no es exactamente igual ni de coña.

-Igualico oiga, que lo tiene mi cuñado y le ha dado un resultado fantástico.

-…pero que cuñado ni que niño muerto. ¡Cóbreme éste, haga el favor!

Nada, nada-dice la cajera, muy segura de sí misma- si me lo va a agradecer usted, ya verá. Usted pruébelo, que yo se lo garantizo.

-Pero qué coño me va a garantizar usted, que mañana lo mismo ni está aquí. ¡Qué me cobre o qué venga el encargado! – le dices.

Viene el encargado, que te alaba tanto el producto ofertado por la cajera, que mirando a tu pariente/a, que lleva convencida media hora, acabas por llevártelo con tal de salir de allí, con cara de lechón segoviano esperando a que te crujan las costillas con un plato.

-Jefe, yo creo que cambiar el parquet por palillos mondadientes no es buena idea. -Otilio, mire que es usted coñazo.

Esto, que parece una broma, es absolutamente real, si hablamos de una obra de construcción. Os lo voy a explicar:

El arquitecto diseña. Intenta prescribir los materiales y las soluciones mejores, las que no den problemas en el futuro, las que cumplan con la misión para la que se les requiere a un precio que esté dentro de las perspectivas de la obra.

El promotor o dueño de la construcción lo acepta.

El constructor da un precio para hacer esa obra con esos materiales.

Empieza la obra.

Un día llega el constructor y le come la oreja al promotor: «esta estructura se puede hacer con la mitad de hierro. El arquitecto, que es bueno, no le digo que no, es que se ha curado en salud. Claro, así tampoco se me caen a mí las obras. Así también firmo yo. Y anda que lo hacen barato….claro como lo paga usted».

El promotor acaba por convencer al arquitecto de que tiene que cambiarlo. El arquitecto revisa sus cálculos (nadie le paga ese recálculo) y ve que están bien. El constructor ha tomado unas hipótesis de cálculo diferentes y claro, le da un cálculo distinto. Entra en normativa, pero justito, justito. Los coeficientes de seguridad tiritan. Pero ahí están. No se le puede decir que esté mal.

El promotor tiene poca pasta. Y la que tiene la quiere para él, no para enterrarla en hierros. Estructura cambiada.

La obra termina. Ya casi nada se parece al proyecto. Las ventanas de aluminio son de aluminio, sí, pero de una calidad ínfima. Las puertas de madera tropical, son de madera de… árbol, el grés porcelánico, es grés ‘porquésbaratico’… y así todo.

De todo lo que ha cambiado durante el transcurso de la obra, es responsable el arquitecto. Cualquier cosa que falle, será responsabilidad suya. Pero ha tenido que modificar sus criterios para mantener el cliente.

A partir de aquí, podría decir muchas cosas sobre unos y otros. Conste que no defiendo ni culpo a ninguno. Pero solo quiero exponer lo que sucede. La realidad que, como en tantas otras cosas de la vida, está llena de problemas y matices.

Nota del arquitectador:  Esa estructura, dos años después presenta grietas. Son inexplicables, no obedecen a esfuerzos ni a cedimientos, no van a colapsar la estructura, ni producen deformaciones aparentes. Pero están ahí.

Y así lo manifiesta el arquitecto. Delante de un juez.

Nota del arquitectador 2: Tengo que hacer un post, sobre el término «o similar«. Si pudiese encontrar al que lo invento, dad por hecho que el próximo post lo escribiría desde una bonita celda de Alcalá-Meco escuchando una cinta TDK de 90′  con los grandes éxitos de Camela.