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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

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“Lo quise tanto, lo pasé tan mal cuando murió, que no quiero más perros”

Me lo he encontrado con frecuencia. En la totalidad de los casos con perros. No digo que no pase igual con gatos, pero yo no me he topado con ello. Tal vez simplemente porque el no salir a pasear con ellos a la calle no propicia estos encuentros casuales. No lo sé.

Son personas a las que claramente les gustan los perros, que se paran a acariciar a las mías y me dicen, tanto a mí como a ellos mismos, que tuvieron un perro, que lo quisieron mucho, pero que lo pasaron tan mal cuando murió que no se plantean tener otro.

A veces me lo cuentan con el perro aún presente mientras saluda a las mías a golpes de rabo. “Ya está muy mayor, cualquier día nos da un susto, pero no tendré más perros”.

Un buen amigo compartió su vida con una perrita diminuta durante casi dos décadas, una ratonerilla con la que tenía una relación especial. Compartimos largos paseos y tenía claro que no habría otro perro. “Ella es mi perra y no creo que pueda sentir a otra como mía”. Cumplió su sentencia, pero su amor por los animales le empujó a tener dos gatos. Una forma de moverse hacia delante, de no quedarse encasquillado en el amor y el dolor.

Pero muchos no se mueven. Muchos siguen mirando a los perros que se encuentran por la calle, acariciando brevemente animales ajenos y recordando al que fue suyo sin atreverse a abrir su corazón a otro perro.

Se trata de una mezcla entre querer respetar la memoria del animal que se fue, sentir que se le traiciona si se acoge a otro en la familia y no querer sufrir tanto de nuevo.

Lo comprendo y respeto. Faltaría más. Pero yo no quiero vivir en un duelo sordo toda mi vida, no quiero que el miedo a perder de nuevo guíe mis pasos, no quiero negarle a otro animal la oportunidad de conquistarme, más aún sabiendo que ese animal está en el chenil de una protectora deseando entregar su devoción al humano que lo saque de ahí.

Desde el primer momento que invitamos a formar parte de nuestra familia a un animal deberíamos saber que sus vidas son más breves, que se irán. Deberíamos saber que habrá un peaje ineludible.

Yo estoy dispuesta a pagarlo tantas veces como sea necesario.

Cuando mi anterior perra murió, tan solo una semana después estaba acudiendo a la protectora a adoptar a Troya. Fui muy rápida, lo sé. Cada uno tenemos nuestros plazos. Yo no pretendía sustituir a Mina, sabía que no podría hacerlo. También sabía que no la estaba traicionando en absoluto al adoptar de nuevo. Y así recuperé mis rutinas, los paseos diarios, el alimentar, el cuidar, el verme asaltada por la felicidad en forma de can al abrir la puerta.

Puede que al principio sea extraño tener a un perro diferente, con otra personalidad, otros gustos, ocupando el espacio de aquel que tanto nos marcó. Puede que al principio nos cueste sentirlo nuestro perro. Será así durante poco tiempo, os lo aseguro.

Es cierto que si compartes tu vida con perros siempre encontrarás algunos que serán más especiales en tu memoria que otros, pero no pasa nada. Atesora la memoria de ese animal que tanto te marcó y disfruta del que ahora tienes, que también es especial y único y te lo demostrará si le das la oportunidad.

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Titi es dulce, tranquila y cariñosa. Apenas pesa seis kilos y medio y está esperando un hogar en el albergue de Amigos del Perro en Langreo, Asturias.

Contacto: 619370991 adopciones@amigosdelperro.org

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Galatea, la perra que aprendió a sonreír, pero que sigue sin encontrar una familia

Galatea es de tamaño mediano, sin raza, atigrada. Tres características que la hacen invisible. Sobre todo el color. Por alguna razón insondable los perros negros y atigrados se adoptan menos. Por cosas así hay que seguir insistiendo en que los animales no son complementos de moda, son miembros de nuestra familia.

Galatea llegó temerosa y tímida al refugio de Amigos del Perro, en Asturias. Han pasado ya casi dos años de aquello y ha mejorado muchísimo, demostrando ser una perrina especial.

Ya ha aprendido a sonreír, porque sí, los perros sonríen, y la sonrisa de Galatea es preciosa.

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Es dulce, sociable, noble y cariñosa. Un interior que no le está ganando su segunda oportunidad. Da igual que se la haya difundido por todas partes, que haya acudido a eventos buscando enamorar a alguien, alguien que no se fije solo en el exterior, en su ausencia de raza, en su capa atigrada, en sus veinticinco kilos de peso.

Galatea además se llama como mi libro y por mi libro. Pero de momento ese nombre no le ha traído suerte. Y mira que lo siento.

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¿Me ayudáis a difundir a Galatea? ¿La ayudáis a encontrar su segunda oportunidad? La merece.

Tiene unos cuatro años. Está en Langreo, pero se envía a toda España.

Contacto: info@amigosdelperro.org 619 37 09 91

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Furia y Colmillo, perros perfectos, inseparables, han cumplido una década en la protectora sin encontrar hogar

furiacolmillo1Si es ya difícil encontrar un buen hogar para un perro grande y de edad avanzada, imaginad cuando son dos. Furia y Colmillo son grandes, cruces de husky de unos treinta kilos, y son mayores, diez y nueve años. Para mayor complicación necesitan una adopción conjunta porque son inseparables.

Los voluntarios cuentan que son perros “tranquilos, equilibrados, buenos, cariñosos, obedientes, van bien con correa, sin problemas con otros perros ni con personas, y guapos. ¿Qué más se puede pedir? Dos perros 10 que ya va siendo hora de que dejen el albergue”.

Por desgracia todas las protectoras albergan animales así, perros perfectos que ven como transcurren los años sin que aparezca adoptante para ellos. Perros en los que nadie parece fijarse, aparentemente condenados a morir en el chenil de la protectora sin saber lo que es tener un hogar.

Da igual que se les lleve a desfiles caninos, jornadas de adopción, para que la gente vea su buen carácter. Si Mahoma no va a la montaña, pues la protectora baja a la ciudad. Da igual que se les difunda sin tregua en redes sociales. Otros salen, ellos no.

A veces hay hándicaps como el tamaño, el aspecto, la raza… que podrían explicarlo. En otros caso no hay manera de entender por qué nadie les da su segunda oportunidad.

Pero no por eso hay que dejar de intentarlo.

Nunca es tarde para ellos. Ellos viven el ahora.

¿Dará igual que salgan hoy en este blog? Esperemos que no, que en algún lugar haya una persona dispuesta a darles su segunda oportunidad.

Están en el albergue de Serín, en Asturias, gestionado por la asociación Amigos del Perro.

Contacto: adopciones@amigosdelperro.org

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Los que más nos indignamos con los guarros que no recogen las cacas de sus perros somos los que sí las recogemos

Hugh Jackman

Hugh Jackman recogiendo cacas sin perder glamour ni que se le caiga un músculo.

El otro día mi amigo Miguel ponía lo siguiente en su muro de Facebook:

Durante los últimos 15 años a dos salidas diarias y 365 días habremos recogido unas 11.000 cacas de perro.

Hoy he pillado a una que tras mirar a derecha e izquierda se piraba disimuladamente después de que el can dejase el regalo.

Le he dado una voz desde cincuenta metros para que me oyese medio barrio ofreciéndole una bolsa. Se ha visto obligada, que diría José Mota.

Todo ha sido muy educado pero os confieso que quería coger la caca con una llana y aplicarle una base de maquillaje.

Lo comparto de principio a fin, os lo aseguro. Y pienso hacer lo mismo si me encuentro a un guarro semejante.

Con toda seguridad Miguel y yo nos indignamos más cuando vemos a alguien no recoger las deposiciones de su perro que cualquier otra persona que no tiene animales. Y somos muchísimos los que tenemos perro y pensamos igual, cada vez más por suerte.

Esa guarrada de no recoger la caca nos perjudica, en primer lugar, a los que reivindicamos una buena convivencia y que cada vez haya más lugares que acepten a nuestros animales. Si reivindicamos poder ir en trasporte público, a playas, hoteles… es imperativo que nos comportemos de forma cívica.

Este verano he estado en el centro y el norte de Francia con una de mis perras. He podido entrar con ella a algunos museos, la he llevado sin problemas por un chateau del Loira y he visto perros tranquilamente junto a sus amos en el interior de centros comerciales y en la barra de un hotel. Eso no se consigue si no nos esforzamos por tener perros bien educados y procuramos que ni molesten ni manchen. 

Claro que no son solo cacas de perro lo que vemos por nuestras calles y parques. Nos hace falta mucha educación cívica en general. Botellas, con frecuencia rotas propiciando que alguien se corte con ellas, plásticos, papeles, latas…

Lo cortés no quita lo valiente.

Una vergüenza.

Igual que no cuesta llevar bolsitas, recoger cacas y tirarlas a la papelera más cercana, tampoco debería costar recoger el resto de la mierda que producimos.

¿Tan difícil es? Os juro que no lo entiendo.

Y ahora un par de perros asturianos en adopción. Buscan un hogar en el que les consideren un miembro más de la familia (y recojan sus cacas).

‘En el nombre del gato’, un buen sitio para informarse sobre estos animales

Conozco a Eva San Martín desde hace algún tiempo. Y la leo desde bastante antes. Eva es periodista, como yo, animalista también, y dedicada a la sección de animales de compañía de Consumer Eroski desde hace varios años.

Hay que celebrar que cada vez haya más periodistas sensibles al maltrato animal Y la problemática que les rodea en los medios, que ponen su parte por concienciar de la necesidad de adoptar, de cuidar convenientemente y de mejorar la vida en sociedad de nuestros animales.

imageHay algo en lo que ambas nos diferenciamos, aparte de que ella sea mucho más guapa y más divertida que yo, y es en que yo tiro más a los perros y ella a los gatos. Sí, lo confieso. Tengo dos gatos en casa que son miembros de mi familia, Flash y Maya, y defiendo a los gatos con ahínco y devoción, pero cuando miro mis posts y mis actualizaciones en redes sociales me doy cuenta de que los perros los protagonizan con mayor frecuencia.

Con Eva es al contrario, es una devota convencida de los felinos y por eso, no hace mucho, se embarcó en una web propia llamada En el nombre del gato e incluso en un canal de youtube propio en el que podéis comprobar que eso que digo sobre que es más guapa y más divertida que yo no es cariño, sino verdad verdadera.

En el nombre del gato nació este mismo año como consecuencia irremediable de su profundo amor e interés hacia los gatos, con quienes (con cuatro de ellos, adoptados: Cooper, Cabo, Martes y Billy) comparte su vida en Madrid desde hace seis años. No es lo único que comparte Eva, que también tiene ojos y andares de gata.

Y nace con fuerza, basta con que entréis a ver su contenido más reciente: una entrevista con Agnès Dufau (Toulouse), presidenta de la Plataforma Gatera y una de las mayores expertas en gatos de toda Europa que cuenta con el Premio Internacional del Bienestar Felino, y una petición de ayuda para los 120 gatos, muchos enfermos o ancianos, del Santuario de Daya Cervelló que están intentando salvar su refugio y único hogar.

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Y para terminar dejo esta recomendación de que sigáis a Eva acompañada de un gatazo asturiano impresionante que seguro que a ella le enamoraría. Esta belleza está en una colonia controlada de Avilés, cuando dejo de comer le hicieron prueba e y vieron que tenía una enfermedad de la que se restablecerá. El problema es que también ha dado positivo a leucemia felina.

Necesita un hogar con urgencia. Pese a vivir en la calle es sociable, se deja tocar y hacer. Y tener una enfermedad crónica no le resta derecho a vivir ni impide que viva muchos años feliz.

Contacto: 669 111 046

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¿Tienen mejor temperamento y son más listos los perros sin raza? #DíaPerroSinRaza

moduloLos perros sin raza tienen fama de que, si se adoptan de cachorros, no se sabe el carácter que tendrán de mayores.  Una incógnita que desaparece si se acogen ya adultos, aunque ese es otro tema del que ya he tratado en el pasado en este blog y que os podría resumir en que no hay nada mejor que adoptar un pero adulto.

“Creo que es una gran estupidez” me contaba el veterinario Carlos Rodríguez, “si yo quiero un labrador o un pastor alemán, su carácter presuntamente va a andar por determinados límites, pero hay que tener en cuenta es que lo que realmente importa es la individualidad. Cualquier perro sano física y etológicamente es perfectamente educable, con lo cual a mí me da igual que mi perro sea mezcla de 17 padres y 37 madres. Lo único que tengo que hacer es saber educarle. Y tendré el mismo problema con él, es decir, ninguno”.

En algunos casos es más complejo. En la Fundación Bocalán se preparan perros que asistirán a personas invidentes, con autismo, con graves problemas de movilidad… han trabajado mucho también con perros mestizos y callejeros, pero para esas personas es imperativo asegurarse un carácter manejable. Teo Mariscal, director de la Fundación Bocalán, maestro de adiestradores y criador explica que con su línea de labradores “nos aseguramos un temperamento adecuado, sabemos que tenemos perros muy tiernos y fáciles. En uno de nuestros perros te acabas gastando unos 10.000 euros en prepararlo, imagina que te sale peleón con otros perros. Pero nuestro caso es especial, en un particular que quiere un animal de compañía, no es necesaria una raza concreta”.

También se dice eso de ellos a pie de calle. Algunos creen que sí, que los perros sin raza son, por término medio, más inteligentes que la media de los perros de raza. Otros simplemente dicen que no hay diferencias, que hay individuos excepcionales tanto entre los de raza como entre aquellos que no la tienen.
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¿Qué hacer si te encuentras a un perro? ¿Qué hacer si tu perro se pierde?

En el blog de la asociación Amigos del perro publicaron hace un par de años una serie de consejos útiles sobre tenencia responsable de los que he decidido traer dos: que hacer si encuentras un perro en la calle y qué hacer si se pierde.

Son las dos caras de la misma moneda. Si tu perro se pierde, agradecerías que se encontrase con alguien que no mirase hacia otro lado, que se complicase mínimamente la vida para sacarle de la calle y sus peligros. Si ese perro resulta no estar perdido, sino abandonado, habrás contribuido a que encuentre su segunda oportunidad, tal vez a que simplemente siga viviendo esperándola, que no es poco.

Por cierto, recordad que ponerle a vuestro perro una chapa con vuestro teléfono en el collar es la mejor manera de lograr recuperarlo con rapidez. Una chapa es visible para cualquiera que encuentre el animal.

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A los perros de pelaje atigrado les cuesta más encontrar un hogar

Hace poco más de un mes estuve visitando las instalaciones de Amigos del Perro en Langreo. Recorrimos todos los cheniles acompañados por Lola, su presidenta, y estuvimos conociendo a todos sus ocupantes, uno a uno. Regalamos las caricias que pudimos, que siempre saben a poco tanto a los perros que allí había como a los que las prodigamos. Y hablamos mucho, de lo de siempre, de lo difícil que es estar en esa primera línea, de problemáticas cambiantes como la enorme afluencia de pitbulls que hay ahora y la difícil salida que tienen, de lo necesarias que son determinadas medidas que no acaban de llegar…

Lola me comentó en un momento dado algo que ya había escuchado en otras protectoras: lo difícil que resulta encontrar hogar para perros de pelaje atigrado. No son los únicos animales con el problema añadido de tener un color que parece no resultar atractivo a los posibles adoptantes. También sucede con el color negro por ejemplo, tanto en perros como en gatos. Los gatos carey también lo tienen más difícil. Pero, por lo visto, ser atigrado te hace especialmente invisible cuando estás tras unos barrotes esperando tu segunda oportunidad.

No sé si será porque se asocia ese color a perros de presa, por si hay gente que interpreta erróneamente que son o parecen más agresivos. Lola tampoco lo sabe: “no sé porqué razón los atigrados (y más si tienen los ojos amarillos) y los perros negros, lo tienen más difícil para encontrar una familia, y eso que son como cualquier otro perro, los hay más cariñosos o menos, más pegajosos o más independientes, más activos o más tranquilos, vamos… como cualquier otro perro, con su carácter y sus ganas de tener familia.”

Se trata en cualquier caso de un estigma absurdo, injusto.

Por eso hoy os traigo a unos cuantos perros atigrados de la protectora asturiana que visitamos. ¿Me ayudáis a difundirlos?

Contacto para adoptarlos: adopciones@amigosdelperro.org 619 370 991

Astérix, junto con Mayo es el veterano en el albergue. “Ya tiene cinco años y llegó de cachorrón, es un perro con una gran alegría de vivir, activo, juguetón, sale de la prote como si se fuera a comer el mundo, arrastrándote, buscando conocer nuevos olores y nueva gente, luego ya se tranquiliza y va a tu paso, es muy sociable con perros (machos y hembras) y con personas”.

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Crack tiene ya casi con 8 años y un tamaño cercano al mastín, le ven pocas posibilidades para encontrar una familia pese a que es un perro dócil y cariñoso. “Su tamaño no le impide que le guste jugar y es bastante activo”.

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Galatea es la nueva, “apareció en un monte (como casi todos) muertita de miedo, y aún asustada, pero es muy dulce y le encanta que la mimen cuando coge confianza”. Tiene unos dos años y debe su nombre a mi novela, espero que le dé suerte.

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Lara tiene casi dos añitos “de puras ganas de jugar y comerse el mundo, muy activa y nerviosa, necesita largos paseos, y es muy lista, aprende muy rápido lo que le enseñan los voluntarios”. Con ella estuvimos jugando y doy fe de que es cariñosa y está deseando una familia.
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Mayo es el otro veterano, un encanto de perro que por su color (su atigrado es más oscuro) no ha tenido ninguna oportunidad de que nadie se fijara en él a pesar de ser una belleza, es como un pastor alemán pero atigrado. Las fotos no le hacen justicia, aunque ya con casi seis años y su tamaño, lo tiene difícil. Es muy majete con la gente y con los perros, mejor hembras que machos. “Últimamente está un poco triste, pensamos que ha decidido tirar la toalla y dejar de esperar que lo adopten. Ese es el peor momento para cualquier perro, cuando se da cuenta que el resto de su vida va a pasarla en la perrera, nosotros hacemos lo que podemos y los voluntarios se desviven también por hacerles sentir que son especiales, pero …. te desarma ver su mirada de tristeza”.
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Thor es un macho, mestizo de bóxer. “Es un grandullón adorable, con mucha fuerza y sumamente sociable con perros y humanos”.
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Visi ya tiene casi cinco años, llegó muy jovencita a la protectora y ahí sigue, “es un trasto con patas, pero tan cariñosa que roba el corazón de quien la conoce, tiene alma de cachorra, es juguetona, nerviosa, en los paseos tira de la correa porque quiere verlo todo pronto, todo le llama la atención, es encantadora”.

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Martín encuentra a un mastín

Esta es la sexta entrega del folletín animalista que estoy publicando en este blog todos los viernes. Un libro por partes con el que quiero aprender y experimentar una nueva forma de escribir. Quiero hacer una buena novela juvenil, apta para todos los públicos, con el marco de la protección animal para dar a conocer y concienciar sobre esta realidad. Continuará el próximo viernes.

 

SEXTA PARTE

– ¿Es que este es el sitio oficial para abandonar perros? – preguntó alargando la mano. El mastín acercó su trufa enorme y olisqueó los dedos extendidos. Luego volvió a tumbarse trabajosamente. Era un animal imponente, de pelo espeso y con una cabeza enorme. Logan parecía pequeño a su lado.

– No sé qué le pasa, pero no puede caminar. Te has fijado en lo raro que apoyaba los cuartos traseros. Y también se ha tumbado de forma muy extraña. No creo que podamos llevarlo con nosotros – comentó su madre, que se había apoyado en un pino cercano y observaba al mastín dubitativa.

– Tal vez le hayan atropellado y tenga algo roto – dijo Martín poniéndose en cuclillas para verse en aquellos ojos oscuros y tranquilos. Posó una mano con delicadeza sobre el robusto cráneo del animal, que pareció indiferente a la caricia.

– Creo que lo mejor es que vayamos por el coche, intentemos que suba y le llevemos a la perrera. Anda, vamos – decidió su madre apartándose del árbol.

– No pienso moverme de aquí – replicó Martín con firmeza. – Puedes ir tú, yo me quedo con él esperándote –

– ¿Qué estás diciendo? No puedes quedarte aquí solo, cada vez hace más frío. En media hora estaremos de vuelta. Venga, vamos –

– Te estoy diciendo que no, mamá. No pienso tener otro perro perdido o abandonado en mi conciencia. Puedo quedarme aquí con Logan, que creo que el pobre agradecerá librarse de la caminata de vuelta a casa –

– Pero si vamos a volver enseguida. Y ese pobre animal no es capaz de irse a ningún sitio. Mira, si quieres puedes dejarlo atado al árbol para asegurarte – objetó ella mientras sacaba el collar y la correa viejos que había traído en el bolso.

Martín no respondió, se limitó a sentarse en el suelo, junto al mastín, sin dejar de acariciarle. El perrazo cerró los ojos y apretó la cabeza contra el muslo del chico. Tal vez no era tan indiferente a las caricias como parecía. Logan eligió ese momento para tumbarse frente a ellos. Su madre dirigió un suspiro a las copas de los pinos y le lanzó una bola hecha con la correa y el collar al regazo.

– Si algún encapuchado me viola de camino a casa, eso sí que pesará en tu conciencia –

– No va a pasar, estoy completamente tranquilo. Y si alguien intenta algo, pobrecito – contestó él sacando la lengua y luego riendo mientras esquivaba con éxito relativo la piña húmeda y vetusta que su madre le lanzó a la cabeza.

– Intentaré acercarle al aparcamiento para que no tengas que meter el coche por estos caminos – gritó a la figura que se alejaba.

Esperó unos diez minutos de aquella manera, con Logan sesteando a medio metro y examinando al mastín que tenía a su vera. No se sentía aún con la confianza suficiente para levantarle el belfo y mirar sus dientes, pero algo le decía que vería unas piezas amarillas y gastadas. La cabeza era casi completamente blanca, así que no había canas delatoras de su edad como en el hocico y en torno a los ojos de Logan, pero nada en él recordaba a un cachorro. Tenía una pequeña cicatriz cerca de la oreja y semillas y palitos enredados en el pelo, se entretuvo quitando algunos. Era agradable notar el calor suave que irradiaba el perro en sus manos desnudas. No tenía collar, pero al recorrer su cuello con las manos se notaba en el pelaje que lo había llevado. Cuando probó a ponerle el viejo de Logan, el mastín levantó la cabeza y le miró atento. Le valía, pero por los pelos. Lo tuvo que abrochar en el último agujero. Luego enganchó la correa y se puso en pie. El mastín se incorporó a su lado como pudo.

– Bueno, parece que sabes perfectamente lo que es pasear con una correa. Vamos a ver si somos capaces de llegar al parking, no tenemos prisa –

Resultaba angustioso verle avanzar, pero el mastín no se quejó en ningún momento. No parecía por su actitud que le doliera especialmente. Tenía los cuartos traseros muy delgados, casi sin fuerza. Una de las patas la arrastraba más que usarla para andar. Martín se dio cuente de que tenía la zona exterior de la almohadilla en carne viva y se detuvo para envolvérsela como pudo con su cuello de forro polar. Iban muy despacio, seguidos por Logan.

– Vamos tío duro, que nos queda poco. Enseguida llegamos – le animó Martín en cuanto avistó el aparcamiento. Su madre aún no había llegado, pero no pararon hasta llegar a la zona de los coches. El perro cada vez perdía más las patas traseras al andar y le daba miedo que no llegasen nunca si se detenían.

– Ser un perro pequeño tiene sus ventajas – comentó a su pequeño séquito cuadrúpedo mientras se sentaba en un bordillo – Podría haberos traído en brazos a los dos sin mayor problema. De hecho podría haberos llevado en brazos hasta la perrera. Pero a mí me gustan los perros grandes. Yo soy grande, no me pegaría un perro pequeño –

Logan le miraba como si entendiera, sentado con los ojos y las orejas atentas. Jadeaba en exceso para el poco ejercicio que habían hecho y la temperatura que hacía. El mastín había vuelto a tumbarse. Y el frío cortaba. Martín pensó por un momento en recuperar su cuello, pero lo descartó rápidamente y se arrebujó en el abrigo. También descartó sacar el móvil para matar la espera, prefería tener las manos en los bolsillos. Por suerte su madre tardó apenas unos cinco minutos en llegar con su viejo Ford Focus blanco y, por supuesto, intacta. Traía un paquete de salchichas, una bolsa con pienso, un bol y una botella de agua. Probablemente con la maternidad se desarrollaba el empeño por procurar que nadie a su alrededor pasara hambre y sed.

– Sube a Logan en los asientos traseros. Creo que el mastín irá mejor tumbado en el maletero, pero tendremos que subirle entre los dos hasta ahí arriba sin hacerle daño – explicó mientras veían comer y beber al animal.

Costó, pero menos de lo que parecía. El perro ayudó y, por suerte, en las patas delanteras sí tenía fuerza. Martín solo tuvo que ayudarle sosteniendo la parte de atrás.

– Eres un perro listo. Y un tío duro, de nuevo no se te ha oído una queja. Y es imposible que no te duela –

La perrera municipal estaba en las afueras, relativamente cerca del polígono industrial y una estación de tren en desuso. Andando les habría llevado unos veinte minutos andando a buen ritmo, en coche llegaron en menos de diez. Su madre dejó el Focus encaramado de mala manera en la cuesta que había junto a una furgoneta polvorienta. Tras bajar del coche entendió porqué tenía que estar lejos de la población: el coro de ladridos era notable y se incrementó cuando llamaron al timbre. Esperaron un rato y volvieron a llamar. Y así hasta tres veces. Estaban a punto de irse cuando oyeron unos pasos y una llave girando dentro de una cerradura.

– Hola, nos hemos encontrado a un perro en el pinar mientras paseábamos al nuestro. Creemos que está herido en las patas de atrás. Lo tenemos en el coche – explicó su madre a la mujer que abrió la puerta. Parecía diez o quince años más joven que su madre, Martín la echó unos cuarenta, aunque se le daba bastante mal calcular la edad de las mujeres mayores. Les saludó con amabilidad, pero no parecía especialmente contenta de verlos. Salió del recinto para acompañarlos hasta el coche. Llevaba un mono de trabajo, un jersey grueso de lana y botas de goma verde como las que usan los jardineros.

– Vaya, no eres precisamente pequeño – dijo la mujer hablando con el perro. Miró de reojo al pitbull – Y parece que te llevas bien con otros machos. Eso está bien, facilita las cosas. Vamos a ver qué es lo que te pasa – añadió cogiendo la correa y animándole a bajar. El perro descendió cómo pudo, perdiendo el control de las patas traseras y aterrizando sobre la cadera izquierda sin una sola queja para luego volver a ponerse en pie. Martín y su madre dejaron a Logan dentro del coche cerrado y siguieron a la mujer hasta un pequeño despacho. Allí cogió un lector de chips y recorrió el cuello del animal sin éxito. No había ningún chip que diera información sobre su propietario.

– Voy a llevármelo a uno de los cheniles. Esperad un minuto aquí sentados que pronto vendrá una compañera a recoger la ficha, solo tenéis que poner dónde lo habéis encontrado, el nombre, DNI y la dirección. Poco más. No implica que asumáis ninguna responsabilidad, es simplemente una formalidad, una especie de registro de entrada como cuando llegas a un hotel- explicó afable.

A Martín le hubiera gustado despedirse del perrazo, pero cuando quiso reaccionar la mujer ya había desaparecido con el mastín renqueante. Se quedó mirando el pasillo por el que se había marchado mientras su madre completaba el formulario.

– Hola. Antes de nada, gracias por no dejarle tirado en el pinar –

Mastín se giró hacia aquella voz familiar. Era la chica del galgo. Estaba sentada al otro lado del escritorio. Su madre le devolvió el agradecimiento sin saber que eran vecinas. Ella dirigió una fugaz mirada de reconocimiento a un sorprendido Martín, pero no dijo nada. Se limitó a coger el papel y lo leyó rápidamente.

– Vaya, vaya. Martín nos trae un mastín – concluyó con una sonrisa escondida en la comisura de la boca.

– Supongo que sí – contestó él, notando la voz forzada y maldiciéndose por soltar semejante obviedad.

– Puedes darme un nombre para que le pongamos si quieres –

– ¡Bruce Willis! – exclamó sin pensar.

Su madre le miró sorprendida. A su vecina se le rebeló aquella sonrisilla oculta, mostrándose esplendorosa.

– La verdad es que es un nombre que le pega a un mastín. Sí señor, un buen nombre. A ver si le trae suerte – dijo escribiéndolo en el formulario – Hay perros que lo tienen especialmente difícil, y me temo que tu Bruce Willis es uno de ellos –

El primero de los mastines que ilustra este post es Brey, tiene nueve años, pesa unos 45 kilos y es muy tranquilo y mimoso.

Vera, la segunda, tiene una cojera debido a una fractura mal curada. Es tranquila, reservada, juguetona cuando quiere, guardiana de lo suyo, busca el cariño y es muy dulce. Pesa 45 kilos y tiene ocho años.

El último es Arroyo, con cerca de cinco años y cincuenta kilos. Pasea perfectamente con correa.

Están en el Albergue de Serín (Gijón). Contacto: 636157439

Arranca la temporada de calendarios, lotería y regalos solidarios

calendarioYa tengo calendario para 2015. Y me encanta. Lo han hecho en la protectora asturiana Amigos del Perro y es cinéfilo y perruno, pero sobre todo es un calendario solidario, que son mis favoritos.

En estas fechas prácticamente todas las protectoras preparan el arsenal navideño para intentar recaudar fondos en forma de calendarios, participaciones de lotería de Navidad o detalles para llenar los sacos de Papá Noel y los Reyes Magos. A poco que busquéis en las páginas webs de las distintas asociaciones, algo encontraréis. Y muchos son realmente bonitos, hechos siempre con ilusión y cariño.

Si hay que comprar algún calendario, regalos y lotería en esta época de gastos no siempre justificados. ¿Por qué no rascar un poco para encontrarlos en alguna versión solidaria que nos encaje? Y aunque yo os hable, por la temática del blog, de solidaridad animalista, realmente es una sugerencia extensible a cualquier causa: asociaciones de discapacitados, alzheimer, actividades vecinales, niños en acogida… Me da igual, la cosa es que parte de nuestro dinero vaya destinado a alguna buena causa y no ha hacer un poco más millonario a algún millonario.

Os dejo con un par de imágenes más del calendario de Amigos del perro y al final del todo con algunos de sus inquilinos buscando hogar.

A ver si cada uno de ellos recibe al menos una mínima parte del interés despertado por Lola, la bulldog francés protagonista de mi anterior post y a la que le salieron en pocas horas más pretendientes que a Scarlett Johansson.

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