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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

Capítulo 54 de #Mastín: “no voy a suponer un problema”

perro2Más de un año escribiendo  Mastín en este blog. Comencé el 23 de enero de 2015 y el próximo viernes concluirá. No sé a vosotros, pero a mí me va a dar pena despedirme de Logan, Martín, su madre, Mal, Juan, Manu…

Luego mi idea es que pase por un proceso de revisión y corrección y publicarla, para que se pueda leer al fin de cabo a rabo y sin esperas.

Tanto si lo vuestro es leer como si es ayudar a los animales (más aún si son las dos cosas), ya podéis comprar Galatea, mi novela de ciencia ficción, en su versión digital por 2,99 euros. Aquí tenéis más información.

CAPÍTULO 54:

– ¡Logan! ¡Logaaan! ¡Ven aquí! – Martín iba en busca del viejo pitbull, que olisqueaba un matojo ajeno a su llamada. Siempre había sido un perro muy obediente, si no acudía no era porque hubiera decidido empezar a ignorar órdenes a su vejez.

– ¡Logan! ¡Ven! – volvió a gritar Martín acelerando el paso – Te estás quedando sordo como una tapia, tío – concluyó sabiendo que el perro ni le oiría ni le entendería.

Loga levantó finalmente la cabeza, buscando a Martín. Miró a su alrededor completamente desorientado y se dirigió decidido a un corredor que andaba estirando en un banco cercano. Cuando Martín vio lo que pasaba, echó a correr para llegar lo antes posible junto al perro. No lo logró antes de que Logan llegara hasta el corredor, que se quedó inmóvil y solo se atrevía a mirar alternativamente al enorme pitbull que lo olisqueaba extrañado y al chico que iba hacia él.

– No hace nada, tranquilo. Es que es ya muy mayor y ni ve ni oye bien, ha debido pensar que tú eras yo – dijo Martín que ya había llegado, agachándose para ponerle la correa.

– Pues no le sueltes. Además esos perros tienen que ir siempre atados y con bozal, pueden ser peligrosos –

Martín contó hasta cinco antes de responder a aquel hombre, que lo miraba muy digno dentro de sus mallas cortas y su camiseta de tirantes fluorescente. – Lo siento si te ha asustado, pero no es nada peligroso. Es muy bueno y muy mayor. Y en este parque a esta hora no hay prácticamente nadie –

– Aquí siempre hay gente. Y eso lo dices tú, pero es un animal y nunca se sabe –

El chico observó al tipo. Tenía unos cuarenta años y era tirando a bajito, Martín le sacaba fácilmente treinta centímetros, pero esa diferencia de altura no parecía achantarle. Estaba poniéndose chulo por momentos, una vez superado el susto inicial de ver acercarse un pitbull. En eso no se parecía a Ernesto, que se arrugaba si no se imponía de primeras. Al menos el corredor no estaba empleando un tono agresivo, probablemente eso evitó que se encendiera y se enzarzaran. Suspiró visiblemente y echó a andar con Logan, que parecía casi agradecido de volver a casa .

– No voy a poder soltarte más – dijo al perro en cuanto se hunieron alejado unos pocos pasos – Ya casi no ves ni oyes. Te despistas y no vienes cuando te llamo. Me parece que se te ha acabado la libertad en los parques –

Logan avanzaba despacio, jadeando, con ese andar sinuoso, casi felino, que siempre le había caracterizado empañado por los años. Dormir buscando el rincón más fresco, Martín sabía bien que la etapa de las carreras y los juegos había acabado y ahora lo único que Logan deseaba era eso.

***

Tres horas más tarde estaba llamando al timbre de Mal con el corazón en un puño. Ya le había adelantado por whatsapp que tenían que hablar, que Ernesto le había ido con el cuento a su madre, y ahora se estaba arrepintiendo de ello. ¿De verdad era tan necesario aclarar las cosas? Allí, frente a la vieja puerta de madera barnizada, lo único que quería era volver a los días del fin de semana, en los que parecían estar solos en el mundo.

Mal abrió  escoltada por Trancos y con la pequeña Hipatia en brazos. Ya solo quedaban tres gatos por dar en adopción y Martín tenía que hablar seriamente con su madre para que adoptasen de una vez a Aristóteles e Hipatia. Quería adoptar a aquellos dos gatitos, pero lo que no quería era tener que enfrentarse a su madre para conseguirlo justo en aquellos momentos,

Mal depositó a la gatita junto a sus hermanos, que jugaban con una bola de papel de plata, y fue hasta el desvencijado sofá del salón, seguida por Martín. Llevaba el pelo recogido en una coleta, lo que dejaba al descubierto su nuca desnuda y hacía que su cuello pareciera más largo. Martín había ido a hablar, pero apenas había dicho nada y ya estaba besándola, mordiendo su oreja, bajando por el cuello hasta aquel pequeño rincón que había reclamado como suyo. Mal respondió ofreciendo su garganta, devolviendo sus besos, quitándose la camiseta y sentándose sobre él. A Martín aún le abrumaba su entrega, la facilidad con la que hacía desaparecer todos sus problemas. ¿Sería siempre así o la magia se evaporaría en algún momento en el que ya hubiera perdido la cuenta de las veces que la había conjurado?. Después permaneció tumbado en el sofá, incómodo por el poco espacio y las costuras de los cojines, y disfrutando al sentir el peso de ella sobre su cuerpo, sin el menor deseo de romper aquel momento. Fue ella la que lo hizo, marchándose para ir al baño y a beber agua y luego sentándose justo frente a él para preguntad cómo se lo había tomado su madre, prescindiendo de rodeos. Martín contestó con sinceridad: había respondido muy bien al imbécil de Ernesto pero la notaba preocupada. Claro que tendría que acostumbrarse, a fin de cuentas él ya era adulto e iba a empezar la universidad en cuestión de mes y medio, es que aunque se opusiera iba a dar igual, como si tenía que buscarse un trabajo, que ingresar tu propio dinero siempre te da más libertad…

– No voy a suponer un problema, no te preocupes Mastín – lo interrumpió ella.

Martín la miró extrañado por el tono que estaba usando, por su aspecto triste y decidido, y no se atrevió a decir nada más, intuyendo la tormenta  que estaba formándose.

– Me voy – afirmó con sencillez.

Martín sintió que desaparecía el suelo firme bajo sus pies. ¿Qué significaba lo que acababa de oír? No podía irse. ¿A dónde? Tenía que haber dicho otra cosa.

– He estado dándole muchas vueltas y al final he decidido irme – comenzó a explicar ella con voz suave, mirándole a los ojos y extendiendo las manos para acariciar las suyas mientras hablaba – Estoy harta de encadenar trabajos de mierda como dependienta de tiendas de moda que venden ropa que alguien medio esclavizado cose para hacer aún más multimillonario a otro alguien. No quiero que mi única posibilidad de crecer sea la de ser encargada de una de esas tiendas. No estudié para eso. Y estoy harta también de este país en el que no veo futuro, en el que todo está tomando un rumbo absurdo –

Martín era incapaz de pronunciar una palabra. Se limitó a mirarla con los ojos cargados de preguntas. ¿Cuándo? ¿Por qué? Ella pareció entenderlo y siguió hablando.
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– No puedo seguir en este piso mucho más, era de mi abuelo y mis tíos ya quieren disponer de la herencia. Pero sobre todo no quiero seguir toda la vida siendo una dependienta entre miles que hace mas multimillonario a un multimillonario –

– ¿Desde cuándo lo sabes? – preguntó al fin él.

– Llevo pensándolo mucho tiempo, pero no tomé la decisión hasta hace un par de semanas – contestó ella sin interrumpir sus caricias.

Martín apartó las manos, cortando el contacto con su piel en un intento por recobrar el control de su cerebro y poder hilvanar un par de ideas juntas.

– Eso significa que lo habías decidido ya cuando yo volví, que sabías que te ibas a ir y aún así dejaste que pasara todo esto – dijo abriendo los brazos para abarcar el desorden de ropa tirada a su alrededor.

– Tu querías y a mí me apetecía. También le dí muchas vueltas, y al final pasó porque pensé que sería divertido y con cariño y respeto por ambas partes, no está mal para una primera vez. Mejor que la mía. En realidad la mayoría de las primeras veces son una mierda si la gente lo reconociese. Tal vez hubiese sido mejor con alguien de tu edad, en una relación distinta, una que viniese de antes y tuviese un futuro – Mal sacudió la cabeza – Ya está hecho. Yo no me arrepiento –

– Yo tampoco – contestó al fin Martín, incapaz de no reconocer la verdad pese a la mezcla de tristeza, decepción y enfado en la que estaba inmerso. Se estaba despidiendo. No tenían un futuro. Se iba.

– ¿Dónde te vas? – preguntó al fin.

Ella dudó un poco antes de levantar la vista para mirarle a los ojos con franqueza. – Lobo se va a Francia, a una zona de campo tranquila en Bretaña de la que procede su madre. Trancos y yo nos vamos con él –

– De que trabaja Lobo, si puede saberse – noraba que el enfado iba ganando terreno.

– Es ilustrador, sobre todo de cuentos infantiles. Ya ha logrado tener bastantes clientes, uno es una editorial bastante grande. Puede trabajar en cualquier parte –

Martín recordó al tipo adusto de la moto. Jamás hubiera acertado su oficio.

– Dejas a tu Mastín por un lobo. Me temía que acabaría pasando esto – La tristeza se impuso por encima de sus hermanas.

– No te montes triángulos, no dejo a nadie por nadie. Ya te dije una vez que Lobo es mi amigo, como un hermano. Y eso va a seguir siendo.

– ¿Y si te pido que te quedes? – suplicó.

Ella lo miró sin decir nada. No hacía falta. Por mucho que rogase, ella se iría. La decisión estaba tomada hace tiempo y él había sido un pobre imbécil al creer que estaban en el comienzo de algo nuevo e importante para ambos.

– ¿Esto ha sido por lástima? – habló la decepción, salpicada de rabia.

– Me ofendes. No seas injusto –

El silencio entre ambos creció, incómodo, hasta que Mastín se atrevió a quebrarlo con su último intento desesperado de evitar que se fuera.

– Te quiero – dijo él por vez primera a una mujer, sintiendo que estaba arrancando las palabras hechas de plomo de su corazón . – Te quiero – repitió, y esa segunda vez ya no costó ningún esfuerzo.

Ella callaba y tenía los ojos brillantes. No solo por las lágrimas.

– No sé si esto hará las cosas más fáciles, me da que no. Yo también te quiero Mastín –

“Un tío no llora en momentos así”, pensó una parte de él tragando saliva con dificultad para contener las lágrimas. “¡A tomar por el culo!”, pensó la otra parte que al fin las dejó escapar y se limpió rápidamente los ojos con el antebrazo.

– ¿Y aun así te vas? – pudo hablar al fin.

– Tal vez sea mejor así, algo perfecto suspendido en el tiempo, inalterable, que mereció la pena, antes que una relación que se deteriora y se rompe y que deja un regusto agridulce. Nos acordaremos el uno del otro con nostalgia, con cariño. Nos preguntaremos que habría sido de nosotros si hubiéramos seguido juntos –

– ¿Por qué iba a tener que deteriorarse? – insistió él, aferrándose a la idea de que aquellos últimos días no podían haber sido un espejismo.

– Por que la vida te oxida Mastín, muy pocos tienen la suerte de tener relaciones de acero inoxidable. Nosotros ya partimos con unos cuantos hándicaps –

– ¿Unos cuantos? Sé sincera. Solo uno. La puñetera diferencia de edad –

– Vale, uno que lleva aparejados otros –

– Yo estoy dispuesto a afrontar las dificultades. No voy a rendirme – aseguró apretando la mandíbula. Ella extendió una mano para acariciarle el rostro, con una ternura infinita.

– Lo sé, mi Mastín valiente –

E hicieron el amor por última vez. Fue hermoso, fue triste y duró para siempre.

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Los tres perros que ilustran este capítulo se llaman Pipo, Bartolo y Lenon, están en Zanora y son los más mayores de la protectora DAZ.

Nadie se fija ni pregunta por ellos y os podemos asegurar que son maravillosos

Bartolo y Lenon viven en una residencia y entre los dos superan los 300 euros al mes y es un gasto que tristemente no podemos asumir

Pipo vive en una casa de acogida pero muy lejos de Zamora, nos gustaría encontrarle una casa más cerca y así que pudiera ir a los paseos y a las actividades

Los tres esperan una familia desde hace demasiados años y se nos parte el alma porque les conocemos y queremos.

Contacto: 622 934 562 defensanimalzamora@gmail.com

 

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Andrés

    🙁

    29 Enero 2016 | 8:18

  2. Dice ser Juanma

    Desde un punto de vista objetivo queda claro que esa muchacha tiene un problema de madurez, Da igual si tiene 26 años, si trabaja en una protectora o mil cosas más. Su vida privada necesita replanteársela. Si está dispuesta a arriesgarse a crear un vinculo afectivo con un menor para romperle el corazón después no está muy en sus cabales. Por muy adulto que parezca sigue siendo un niño en su cabeza.

    Sabiendo cómo son los adolescentes, hacer eso ‘porque los dos querían’ es no tener unas miras muy grandes.

    Felicidades Melisa, has creado un personaje que detesto enormemente.

    Digo por experiencia que el chico recordará que fue utilizado en un futuro. No todos somos depredadores ni nos sumamos victorias cada vez que nos acostamos con otras personas. En este caso Martín quiere querer y se le niega dándole esperanzas previas aún sabiendo el desenlace.

    Es detestable.

    29 Enero 2016 | 9:01

  3. Melisa Tuya

    Hola Juanma, no sé si has leído Galatea, pero ahí creé una protagonista aún más detestable. En Mastín está claro que él empieza perdido y que acaba estándolo ella, que es una personas tiene sus luces y sus sombras . Me gustan los personajes que se mueven en claroscuros, que se equivocan, que hacen lo que tantos que nos rodean. Gracias en cualquier caso por leerme y espero que el tiempo dedicado te esté mereciendo la pena.

    29 Enero 2016 | 9:35

  4. Dice ser Sarita

    Mira tu, en cambio yo a quien no soporto es a Martin. Con esa superioridad moral…

    Ella, desde mi punto de vista es otra cria que nos parece madura porque el es un ninio.

    30 Enero 2016 | 15:17

  5. Dice ser Juanma

    No me malinterpretes Melisa, puede pacecerme detestable pero solo es bajo mi punto de vista. La novela en general me parece fácil de leer y no me disgusta. Muy adaptada a la sociedad actual con sus guiños a nuevas tecnologías y a temas de actualidad. No creo que los chavales se sientan incómodos entre sus páginas.

    Para Sarita: Sí, también tiene momentos de guantazo el protagonista principal. No tiene capacidad de ser asertivo en ningún momento. Salta a la mínima y no sabe dialogar, aun cuando sus ideas pueden ser correctas. Sin duda tiene mucho que crecer. Discrepo, sin embargo, en lo de que Mal ‘nos parece madura’. A mi no me lo ha parecido en ningún momento. Si, puede que al empezar el libro parece que estemos tratando con una mujer con la cabeza asentada pero conforme avanza la historia se distorsiona exageradamente hasta no pensar en las consecuencias de sus actos para con un post adolescente reciente. Su vida personal es llevada por impulsos básicos, erróneos e inconscientes sin pensar en las repercusiones. No creo que sea madura ni de lejos. Creo que entiendo el concepto de personaje, sin embargo. He conocido a personas que en apariencia parecían seguras y poseían toda la razón en sus discursos y cuando las conoces bien te das cuenta de que no distan de un adolescente con mucha fachada (muy trabajada, eso sí).

    Hubiera hecho mejor yéndose sin crear vínculos de ninguna clase. Ahora el crío va a sufrir más que en el caso contrario, siendo como es todo sentimientos.

    04 Febrero 2016 | 2:58

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