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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

Ícaro sería un compañero estupendo para salir a correr

Ícaro es otro de los perros que los voluntarios de la perrera de Madrid que os comentaba en mi anterior post están intentando ayudar a encontrar su segunda oportunidad. Os dejo directamente con el texto que han escrito.

Por cierto, sí que existe la adolescencia perruna, otro buen motivo para adoptar animales adultos.

Todos nos podemos imaginar los primeros dos años de la vida de un perro. ¡Qué fantástica época! Empezando por los primeros meses, la vida se basa comer, dormir y jugar. A veces sin ellos saberlos hacen trastadas, pero te ponen esa carita de gatito de Shrek y, ¡a ver quien es el duro que al menos no le sale una sonrisilla en la cara! Luego la adolescencia… ganas de descubrir, de correr, de jugar, ¡todo vitalidad! Y ya acercándose el segundo cumpleaños, la vida no se basa tanto en juego, sino en esa especial conexión que tienen perro y humano, un vínculo tan estrecho que parece indestructible.

Pues bien, aquí es donde os presentamos a nuestro jovencito Ícaro. Ícaro tiene dos años y posiblemente, al contrario de la mayoría de los perros, han sido los peores años de su vida. Ícaro no tuvo una camita de rombos azules, tuvo un cemento frío y duro. Ícaro no tuvo vistas a un parque o a una calle, tuvo vistas a unas paredes grises interminables y a unos barrotes donde podía observar entre líneas la tristeza de sus compañeros, encerrados como él. Ícaro no disfrutó del los pájaros cantando o la relajación de un silencio, sino que escuchó las canciones tristes de sus compañeros, aullidos que clamaban la injusticia de estar encerrados simplemente por haberles sido fieles a los humanos. Ícaro no tuvo juguetes con lo que entrenerse. Ícaro no tuvo cariño de un compañero humano. Ícaro no tuvo una vida. Ícaro estuvo más de un año en un centro municipal.

La únicas distracciones y de las pocas alegrías que tuvo fueron cuando algunas personas le paseaban, le daban cariño, jugaban con él y le trataban como se merece. Pero esos momentos eran breves, con suerte dos veces a la semana.

Cuando después de tanto tiempo alguien se fijó en sus grandes ojos, en su vitalidad, Ícaro por fin salió de ese triste lugar y, entusiasmado, se dirigió al que pensó que sería su hogar definitivo. Desgraciadamente, en escasos días volvió a sus tristes paredes grises. Y otra vez encerrado, vimos como Ícaro se apagaba, sus ganas de vivir habían desaparecido en cierta medida, y reinaba en él una angustia que superaba las pequeñas cosas positivas que podían haber en su día a día. Por eso, decidimos que Ícaro no se merecía más meses o quizá incluso años de incertidumbre y tristes esperas, y sus ojos clamaban que ya no podía soportar más esa vida.

Ahora, Ícaro puede correr, Ícaro juega con otros amigos caninos, Ícaro vuelve a ser un perro alegre y cariñoso. Sin embargo, la felicidad de Ícaro no está completa. Aún le queda saber qué es el verdadero cariño, la verdadera conexión con una persona. El pasado de Ícaro ha dejado mella y necesita una persona que le ayude mucho. Después de tanto tiempo encerrado, Ícaro necesita mucha ayuda para entender que la vida no consiste en estar encerrado ni no sentirse querido. Necesita alguien muy especial que le enseñe lo que es compartir un hogar humano, que se puede estar en casa solo,o, acompañado, que va a tener sus momentos para largos paseos y reconfortantes descansos. Alguien que le haga entender que llevarle con correa no le hace perder la libertad, que le ayude a controlar sus nervios cuando esté atado, con buenas maneras, con paseos enriquecedores por el campo y por los parques, por aceras y por caminos. Alguien que le mire a los ojos y le haga sentir que eso es lo que él tanto ha esperado. Necesita sentir que va a haber un humano para quien él sea algo especial, e, Ícaro devolverá todo esa dedicación con su alegría y su vitalidad desbordante.

Ícaro es estupendo para hacer deporte como salir a correr, y le encanta relacionarse con humanos y con colegas de cuatro patas, sencillamente necesita sentirse seguro y ser un miembro más de la familia y como tal, necesita que le concedan tiempo en abundancia y de calidad todos los días de su vida, para compartirlo y disfrutarlo con sus compañeros humanos

Ícaro es muy listo, ha aprendido rápido algunos trucos
como a sentarse, a esperar a que le den la comida, etc y después de tantos años pronunciando ese nombre “Ícaro” ha asociado que es su sombre, por lo que viene contento cuando le llamas. En definitiva, Ícaro es una joya por pulir.

Después de la vida que ha llevado, es muy fácil rendirse y darse por vencido. Pero la alegría de Ícaro nunca ha cesado y a pesar de que la vida no ha sido justa con él, él sigue esperando lo que cualquier animal se merece: un hogar, una familia que le comprenda, que trabaje con él y le ayude, y que le mucho amor, cariño, paseos y juegos. Ícaro tiene un unas grandes alas pero necesita aprender a volar. ¿Quieres enseñarle tú? Ven a conocerle!

Está vacunado, esterilizado y libre de leishmania. Se da con contrato de adopción y seguimiento en la Comunidad de Madrid.

Contacto: Lorena 622880174 lorraineyin@icloud.com

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