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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

Capítulo 33 de Mastín: “¡Qué tipo de imbécil se llama Lobo!”

imageNuevo capítulo de mi folletín animalista. Quiero hacer una novela juvenil que guste a adultos y con el marco de la protección animal de fondo para dar a conocer la problemática existente.

CAPÍTULO 33:

Habían estado un rato más en la terraza, tomando otra cerveza y las tapas que la acompañaron. Desde el momento que llegó aquel tipo, Martín no solo había estado callado, sino hosco. Escuchó lo que hablaban sin meter apenas baza, pese a que Irene y Fran lo intentaron meter en la conversación unas cuantas veces. En un momento dado Irene le hizo la pregunta fatídica sobre su futuro. En esta ocasión no la odió tanto, tal vez porque ya podía responder que iba a estudiar Historia, aunque no supiera realmente mucho más que antes sobre lo que planeaba hacer con su vida. Puede que también influyera el generoso escote rebosante de carne suave y piel lechosa que Martín se esforzaba heroicamente en no mirar.

Supo que ella trabajaba en la tienda de muebles de la familia, vendiendo lo que podía, que no era mucho, y llevando la facturación de la empresa. Para eso le había valido estudiar Economía.

– Lo de la Historia mola, pasa de momento de lo demás – había dicho el barbitas, Mario. Era primo de Mal, algo más joven que ella. Había estudiado Periodismo y estaba estirando la carrera todo lo que podía, dejándose asignaturas primero y el trabajo de fin de grado después, para poder encadenar prácticas una detrás de otra. Por lo visto era casi imposible que te contrataran en ese gremio, así que las becas servían para acumular experiencia, contactos y sacar algo de pasta si había suerte y estaban remuneradas.

No sabía qué había estudiado Fran, el calvete cachas y simpático, pero sí que trabajaba con Mal. Ya había averiguado gracias a la camada de gatos filósofos que su vecina trabajaba en una tienda y que por eso tenía turnos y horarios variables. Esa tarde había descubierto que se trataba de un céntrico establecimiento de ropa, de una de esas marcas de alcance internacional que era difícil no encontrar en cualquier centro comercial.

Lobo era obvio que se trataba del mayor de los cinco. Había llegado en una moto, una lustrosa Triumph que a Martín le parecía una belleza. Se había sentado junto a Mal y habían estado jugando con coñas y dobles sentidos durante todo el tiempo. Se les notaba cómodos el uno con el otro y realmente felices de verse. Martín se estaba poniendo de un humor de perros a cada broma con coqueteo camuflado que cruzaban. Incoherente, absurdo, pero inevitable como que se formaran tormentas en verano. Cuando decidieron pedir la cuenta para ir a otro sitio el chico estuvo a punto de poner su parte e irse a casa, solo le contuvo el hecho de que Mal se descolgó junto a él del resto del grupo al ponerse en marcha.

***

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– Has estado de lo más sieso. ¿Me vas a decir qué te pasa? –

Martín miró a la chica. No tardo ni dos segundos en decidir que lo tenía que soltar.

– ¿Qué tipo de imbécil se llama Lobo? – ladró.

– Tú te llamas Mastín – replicó ella de buen humor.

– No, perdona. Yo me llamo Martín, eres tú la que me llamas Mastín –

Mal empezó a reír sin que pareciera que tuviera intención de parar.

– ¿Qué es lo que pasa ahora? – dijo el chico.

Mal recobró la serenidad justa como para poder contestar.

– Mastín y Lobo. No había caído. Parece un mal chiste. Normal que te erizases al verle. ¡Sois enemigos desde tiempos inmemoriales! – apuntó entregándose de nuevo a la risa. Martín, pese al mosqueo, no pudo evitar que asomara un amago de sonrisa.

– Eso te convierte a ti en una oveja, ¿no? – dijo él en un tono más ligero.

– De eso nada. No te confundas. No soy una presa. Tampoco algo desvalido a lo que defender – Mal remató la frase dándole un puñetazo suave en el brazo. – Ni tú ni él tenéis nada que hacer conmigo. En todo caso yo sería el pastor. Yo elijo. Y no quiero ni un mastín ni un lobo –

A Martín le daba la impresión de que las dos cervezas que habían tomado eran las culpables tanto de las risas de la chica como de su franqueza. Desde aquella noche que había acabado de forma vergonzante con el rechazo de Mal tras haber perdido a Manu y haberse metido en una pelea, no habían vuelto a hablar a las claras del interés que era obvio que él tenía. Había un acuerdo tácito de dejar soterrado todo aquello.

– Pues no era eso lo que parecía por cómo lo mirabas y las coñitas que os traíais. Se te iluminó la cara al verle – dijo Martín, sintiendo que había sonado más duro de lo que pretendía.

Mal suspiró antes de empezar a hablar – Mira, yo puedo hablar y mirar cómo me de la gana y a quién quiera sin dar explicaciones. Eso lo primero. No quiero tíos celosos a mi lado, me da igual que sean solo mis amigos –

– ¡Yo no estoy celoso! – protestó el chico, sabiendo que no podría jurar que aquello que sentía no tuviera nada que ver con aquel sentimiento que negaba.

– Ya, bueno… Por si acaso, que te quede claro que no me halagan los celos. Hay algunas y algunos por ahí que creen que si no hay celos no hay amor y chorradas semejantes. Incluso juegan a provocarlos para sentirse mejor. En mi opinión son unos imbéciles. Lo que me halaga es la confianza y que me den rienda suelta. ¿Eres mi amigo, no? – preguntó, pero continuó sin esperar respuesta – Pues Lobo también lo es desde hace muchos años. Le quiero mucho, aunque le vea poco. Y él a mí. Nos tiramos los trastos de coña todo el rato, pero no va a ningún sitio. Es muy buen tío, pero si nos liáramos sería un desastre y los dos lo sabemos. No aguantaríamos juntos ni tres semanas. Pero si mi objetivo de esta noche fuera tirármelo, tampoco tendrías derecho a estar de morros. Se detuvo un instante para observarle a su manera intensa que le hacía sentirse desnudo por dentro – ¿Y qué hago yo contándote todo esto Mastín? – concluyó confundida, con los brazos en jarras.
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Martín, incapaz de contestar a eso, siguió andando y se fijó con más atención en las cuatro espaldas que iban charlando por delante de ellos. Irene iba entre Mario, el barbitas, y Fran, el simpático. El tal Lobo iba en un extremo del grupo. A aquella hora y en aquella vieja calle del centro, abundaba la gente en los veinte y en los treinta decidida a pasarlo bien. Era la primera vez que Martín iba por aquellos garitos y no estaba seguro de si encajaba del todo en ellos. Por lo que habían estado hablando se dirigían en concreto a uno que tenía buena música y no tiraba de garrafón. Sus casi dieciocho años no debían ser un problema, aparentaba al menos un par más. Por cómo caminaban los cuatro amigos de Mal le dio la impresión de que no debía estar ya lejos. El chico imaginaba que no habría mucha diferencia con los que él conocía. Beber, hablar a gritos, bailar si apetecía y se podía, ligar… Eso sí, con una media de edad superior a la que estaba acostumbrado.

– Son buenos tíos todos ellos – dijo ella a su lado – Con sus cosas, como todo el mundo. Lobo es un adicto al trabajo. Curra un montón de horas, demasiadas. Y tiene algo especial, suele gustarle a todo el mundo pese a que a ti te haya entrado torcido. De hecho tiene un éxito con las tías que no es normal, aunque no le duran, en parte por lo mucho que curra. Dale una oportunidad –

– ¿Cómo se llama de verdad? –

– Ya te lo contará él si quiere –

– ¿De dónde viene lo de Lobo? –

– Ya te lo contará él si quiere – repitió Mal.

– ¿De qué trabaja? – preguntó ya en broma, recibiendo como respuesta que la chica le sacara la lengua.

Por delante de ellos, los cuatro colegas de Mal se habían detenido ante una puerta oscura. Los estaban esperando.

– Vamos, anda. Me apetece bailar –

Y Mastín siguió a Mal escaleras abajo, adentrándose en la oscuridad.

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Deneb está a salvo desde hace tiempo, pero se está volviendo invisible. Es un perro estupendo, sumamente cariñoso y agradecido, pero amenaza con pasar toda la vida en la protectora, cuando solo debería ser un lugar de paso.

Esta situación ocurre con demasiada frecuencia, se saca a un animal del abandono y parece que ya no necesita ayuda.

Los animales que viven en un albergue no están en una situación ideal, solo están a salvo, pero la verdad es que se tiran demasiado tiempo esperando una familia y por desgracia, para algunos nunca llega ese momento.

Deneb se entrega en adopción con seguimientos, contrato, vacunas, microchip, pasaporte, analíticas, desparasitación, esterilización y revisión veterinaria. Se puede trasladar a cualquier punto de España.

Contacto: informacion@amigofielcordoba.org

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Sirio

    En la situación de emergencia actual, lo mas razonable seria utilizar los alberques y los recursos que se destinan a estos animales para ayudar al pueblo sirio.

    si crees que un perro vale mas que un humano es que tienes un problema.

    p.d. (yo también pienso que hay animales que son mejores que algunas personas, pero no soy quien para juzgarlos)

    04 Septiembre 2015 | 9:39

  2. Dice ser carey

    Ay… si te digo que por un lado Mal tiene toda la razón del mundo pero por otro me cae fatal… que se deje de misterios y evasivas! Claro que entonces no tendríamos novela. Tengo la sensación de que llegará el momento en que se nos caerá de un pedestal.

    04 Septiembre 2015 | 10:49

  3. Dice ser Pep

    Amigo Sirio,

    Por supuesto que la situación actual es de alarma y emergencia y que hay que ayudar como sea a esas personas. Pero arreglar un problema empeorando otro creo que no es la solución.

    Existen edificios del gobierno vacios, de secciones que se han cerrado por crisis, instalaciones deportivas cerradas por lo mismo o albergues reales que con la bajada de turistas se pueden utilizar para tal medio. Eso sin contar la infinidad de casas que poseen los bancos y que nos hicieron pagar en el famoso rescate.

    Se debe ayudar al pueblo Sirio. Se debe ayudar a los animales abandonados. A ambos.

    04 Septiembre 2015 | 12:16

  4. Dice ser Juanolo

    Anda ya Sirio… qué tipo de instalaciones te crees que tienen los albergues y protectoras que se hacen cargo de estos pobres animales?? Te mandamos a ti allí a dormir en una manta y comiendo pienso??

    Como entenderás, esas instalaciones (que son pagadas por voluntarios o donaciones, no con TU dinero) no están en condiciones de albergar a seres humanos… y no vamos a desvestir a un santo para vestir a otro.

    Salduos.

    04 Septiembre 2015 | 15:44

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