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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

Capítulo 24 de #Mastín: no hay electricidad

imageAquí os dejo un nuevo capítulo de mi folletín animalista. Quiero hacer una buena novela juvenil, capaz de gustar a adultos y con el marco de la protección animal de fondo para dar a conocer la problemática existente.

CAPÍTULO 24:

Habían quedado en el polideportivo que había justo al lado del instituto, aprovechando que en aquellas semanas de buen tiempo, en las que las clases y las ligas locales habían acabado, lo mantenían abierto hasta bastante tarde para acudir a hacer deporte. Con algunos lo lograban; en ese momento había una panda de unos dieciséis años tirando a canasta y en la pista de atletismo daban vueltas al trote un trío de cuarentones. Poco más.

Martín entró en aquel recinto al aire libre sin quitar ojo al enorme cuadrado de ladrillo visto y hormigón en el que había pasado toda su adolescencia. Era una sensación extraña, tanto tiempo deseando perderlo de vista y ahora que había llegado el momento, casi le daba pena.

Sentados en una esquina de césped irregular al que las espigas le estaban comiendo el terreno estaban Claudia, Blanca, Iker y Luis. Martín los saludó sin acercarse y se dirigió a las gradas, en las que gran parte de sus compañeros se diseminaban por parejas o grupos. Subió hasta sentarse junto a Andrés, Dani y Laura, casi en la misma bancada en la que había besado a Manu dando comienzo a su historia, en la que se había reconciliado con ella. Se acomodó al lugar y a la charla llena de risas y nervios liberados tras los exámenes para esperarla.

No tardó más de diez minutos, llevaba el pelo negro recogido en una larga coleta y un vestido corto y suelto que sabía que a él le gustaba, no precisamente por su estilo o estampado. Avanzaba buscándole con la vista. El chico lo supo y se contuvo para no hacer ninguna señal y poder así observarla unos segundos más; sonreía distraída y saludaba sin dejar de buscarlo. Resultaba agradable saberse el destinatario de tanto interés. Cuando al fin lo encontró y sus miradas se cruzaron, todo lo demás se desplazó a un segundo plano. Ya no importaban los resultados de la prueba de acceso a la universidad, tampoco que no supiera qué hacer con su vida una vez pasado el verano, que se sintiera perdido en un momento de su vida que intuía crucial o que se notara a sí mismo, su forma de pensar,de obrar y de ser, cambiante, como mercurio líquido. Justo en el instante en que se vieron y se sonrieron lo único que importaba es que era joven, que tenía una chica lista, preciosa y con el paso firme que a él le faltaba y que, tal vez por eso, se sentía inmortal, como uno de los dioses del Olimpo.

En momentos así uno llegaba a creerse chorradas como las de Romeo y Julieta, Titanic o los libros de Crepúsculo. El amor más grande que la vida y todo eso…

***

Se había presentado casi todo el mundo, más de cincuenta personas. Demasiados para entrar juntos en cualquier sitio decente, así que fueron a un enorme local vacío propiedad del padre de Fran que no mucho tiempo atrás, había sido una tienda de muebles con una amplia zona de exposición a la que la crisis e Ikea se habían llevado por delante. Una vez hubieron bebido y comido lo que habían comprado con el fondo de diez euros que habían puesto, la desbandada había sido gradual.
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Manu y él se habían ido poco antes de las doce de la noche detrás de Andrés, que seguía insistiendo con Claudia pese a que estaba claro que no iba a conseguir más que aburrirla. Se vieron así en el grupo habitual de amigos de Claudia, al que se habían sumado Iker y Laura. Entraron arrastrados por ellos en un garito en el que no habían puesto jamás el pie y que atronaba con temas de Enrique Iglesias, Rihanna y Shakira a los que un DJ se empeñaba en torturar. “Bueno, no está mal. Este sitio está bien para bailar”, había sido el veredicto positivo de Manu antes de dejarle apoyado en una columna. Martín tenía claro que aquello del ritmo no iba con él y prefería mantener una dignidad estática. No había bebido tanto como para verse retorciéndose como Andrés ni tenía la más mínima intención de hacerlo, al menos estando sobrio. Y aquella noche tenía toda la intención de permanecer razonablemente entero. Manu, en cambio, disfrutaba dejándose llevar por la música en el poco espacio que tenía. El chico se dedicó a observarla con el whisky con cola que habían pedido a medias en la mano. A Martín no le pedían nunca el carné, ventajas de la barba cerrada y la estatura, pero daba igual porque ella ya tenía los dieciocho años.

Manu giraba y le miraba, cantaba con el brazo en alto y le miraba, rotaba las caderas de un modo que a Martín le parecía tan imposible como hipnótico, y volvía a mirarle. Bailaba para él. Respondiendo a un magnetismo corpóreo, no tardó en acercarse y bailar literalmente encima. El chico se dejó hacer, notando que su cuerpo respondía al instante a aquella danza, que era privada pese a estar rodeados de gente. Cuando el DJ cambió de canción, Manu se giró dándole la espalda, bailando aún más cerca. Martín la notaba contra él y la quería notar más. Puso las manos en sus caderas para acercarla y la mordió suavemente en aquel cuello delicado que le volvía loco. Ella se volvió para besarle y desaparecieron uno en el otro y en la música, no supo durante cuanto tiempo, atrincherados entre la pared y la columna de aquella discoteca repleta de gente. Así estuvieron hasta que no tuvo sentido seguir. O se separaban o buscaban el modo de unirse aún más, algo que allí era imposible. Una Manu con los labios aún más llenos y las mejillas encendidas fue la que reunió suficiente fuerza de voluntad para separarse con una sonrisa y volver a bailar junto a Claudia y Cristina.

Martín hizo desaparecer las manos en el pantalón vaquero y estaba intentando serenarse cuando llegó Andrés, le dio un codazo y deslizó unas llaves dentro de su bolsillo delantero. Luego se puso de puntillas para gritarle al oído.

– ¡Ven fuera conmigo! –

Olía a alcohol y estaba sudando. Los ojos le brillaban igual que cuando con ocho años encontró el lugar en el que los padres de Martín escondían los regalos de Reyes para demostrarle que la magia no existía.

Era un buen tío, pero siempre había sido un poco capullo.

Martín siguió a su colega hasta la calle. Agradeció el aire fresco y el silencio al salir de aquel sitio, le pitaban los oídos. Andrés se alejó unos pasos de la puerta para liarse un cigarrillo, la nube de humo de los fumadores expulsados por el vicio era claramente visible en esa noche templada y sin viento.

– Son unas copias de mi casa, las de reserva. Id a mi cuarto. Yo me quedo aquí. Cuando vaya a casa me iré al de mi hermano, que tampoco está, así que no os molestaré –

Por un instante las llaves pesaron una tonelada dentro de su bolsillo. Claro que quería irse con Manu, pasara lo que pasara, aunque no tenía porqué pasar justo eso.

– No vas a conseguir nada con Claudia, tío. Tienes más moral que el Alcoyano – dijo para evitar pensar en las llaves de plomo que se hacían sentir sobre el hueso de su cadera.

– Bueno, al año que viene ya me buscaré otros objetivos, pero mientras esté a su vera tengo que intentarlo. Hasta el último minuto, sin perder el aliento. Como un jodido marine en acto de servicio – dijo inhalando del cigarrillo encendido – Pero no os voy a arruinar vuestra noche, que os he visto ahí dentro y estabais pidiendo una cama a gritos. No soy como el puto perro del hortelano –

***

No habían subido al piso, pese a que las llaves pesaban cada vez menos. Se habían detenido en un pequeño portal en penumbras vecino del de la casa de Andrés. Recorría con sus manos la carne que había bajo el vestido y con sus labios su frente, su mejilla y su boca. Ella devolvía aquel beso para luego ofrecerle su garganta blanca y fresca. Martín la aceptó y entonces oyó su voz, como un suspiro firme.

– No me has dicho que me quieres –

Martín se detuvo. Había algo en aquellas dos palabras, un compromiso inexplorado que le daba vértigo. Por eso no lo había dicho antes, pero tenía todo el sentido decirlo ahora. Ya no pesaban las llaves, tampoco las palabras.

– Te quiero – susurró en su oído para depositar de nuevo un suave beso tras su oreja.

No hubo ninguna respuesta, estaba claro que algo iba mal. Manu nunca era así, una chica que simplemente se dejaba hacer.

– No quería que fuera así – suspiró ella apartándose al fin.

– ¿Qué es lo que sucede? – dijo el chico completamente perdido en los ojos de ella, de repente infinitamente tristes – Te quiero, es cierto. No te lo he dicho antes, pero no te estoy mintiendo –

– Sé que no mientes, sé que lo dices sintiéndolo porque te conozco bien. Pero no debería ser así. No quería empujarte a decírmelo. Llevo mucho esperando que tu primer “te quiero” surgiera sólo, saliera de ti sin ninguna ayuda. No quería que el primero fuese así, porque te he acorralado para decirlo. Así no cuenta –

Manu se zafó de los brazos que aún la sostenían y se apoyó en el coche que había aparcado justo tras ella rodeándose con sus brazos, creando con ellos un escudo.

– Le das demasiadas vueltas a las cosas. No todo es siempre perfecto o sale como queremos. ¿Qué importa? Lo importante es que ahora te estoy diciendo que te quiero y que es verdad – repitió Martín, dándose cuenta de lo fácil que le resultaba decirlo aquella segunda vez y también de lo fácil que sería teñir de mentira o de costumbre aquellas dos palabras que tanto había tardado en decir. Manu se limitó a mirarle y él no supo si sería mejor seguir insistiendo con lo que en ese momento sentía, buscar de nuevo su contacto para que la piel hablase o simplemente callar y esperar. Estaba a punto de dar un paso hacia ella cuando la indecisión le detuvo. Estaba preciosa, con su pelo oscuro y la sonrisa perdida junto con el maquillaje, hundida en aquella noche que amenazaba mañana.

Así, abrazándose a sí misma comenzó a hablar, tranquila y convencida.
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– No hay electricidad –

– ¿Qué dices? – preguntó Martín desconcertado.

– Que no hay electricidad, y debería haberla. Así que voy a quererme un poquito más a mi misma y voy a dejarte –

Martín sacudió la cabeza, no entendía nada, no podía ser verdad lo que estaba oyendo.

– Pero si nos va bien. Es verdad que no te lo había dicho antes, pero hasta hace un momento todo iba perfectamente. ¿Qué ha cambiado? Te quiero – insistió una tercera vez.

– Claro que me quieres. Deja ya de repetirlo o acabará no valiendo nada – soltó ella con rabia. Respiró profundamente para serenarse antes de seguir hablando – Hay algo que me preocupa desde hace algún tiempo. Somos buenos amigos desde que éramos unos críos. Lo seguimos siendo. Soy tu buena amiga con la que te diviertes, te entiendes bien y además ahora está el añadido del sexo, que no es poca cosa. Pero no hay electricidad. Física sí, eso seguro. Me refiero a otro tipo de electricidad. No me buscas como yo te busco, no estás pensando en mí tanto como yo en ti. Tenemos dieciocho y diecisiete años, llevamos pocos meses juntos, debería haber más… Más de todo. Si no hay electricidad ahora, ¿qué pasará cuando tengamos cuarenta años? Tal vez seguiremos con esta relación de amistad y buen sexo, que probablemente es más de lo que tengan muchos, pero no tenemos cuarenta años y yo quiero provocar en ti ese ‘todo’ ahora. Me lo merezco. Quiero que me mires como yo te miro a ti, que sueñes conmigo, que sea lo más importante para ti, al menos ahora que estamos empezando –

El chico se revolvió, estaba siendo injusta. Precisamente aquella noche que esa electricidad de la que hablaba le ahogaba, ella negaba su existencia. ¡Qué sabría ella de lo que él sentía! Iba a responder airado cuando se encontró con la mirada llena de cariño y dolor de Manu, de su juiciosa y madura Manu, una mirada que ahogó cualquier cosa que Martín pudiera haber dicho.

– Vamos a dejarlo. Me gustaría pensar que seguiremos siendo amigos, pero siendo realista, no lo sé –

– ¿Por un tiempo? ¿Para pensar? No puede ser que estés queriendo dejarlo definitivamente, así y ahora – Martín la conocía bien, sabía que Manu no amagaba, que no hablaba a la ligera y cuando tomaba una decisión era difícil que hubiera cuelga atrás, pero no podía creer que estuviera hablando en serio.

– Tampoco nos quedaba mucho tiempo juntos. Yo me voy a mediados de julio con mis padres, en octubre empezaré Biología y por primera vez llevaremos caminos diferentes. Aunque tal vez sí, en un tiempo nos volvamos a encontrar y las cosas sean diferentes –

Como el chico no decía nada, ella se adelantó para cogerle una mano y forzarle a que la mirase de nuevo.

– Me merezco esa electricidad. Y tú también –

No tenía ánimo para discutir, algo le decía que no debía pelear, así que se limitó a acompañar a Manu hasta su casa en silencio, sin rozarla siquiera, luego se acercó al garito en el que Andrés aún estaba para devolverle las llaves. Por suerte estaba demasiado borracho como para hacer preguntas, tampoco allí dentro hubiera podido oír sus respuestas. Luego puso rumbo a casa por la ruta más solitaria que encontró, encontrándose únicamente con algún gato callejero en su ronda nocturna en busca de algo con lo que alimentarse para sobrevivir un día más. Tampoco era demasiado consciente de aquellos pobres animales condenados. Era como si caminara en sueños, sin ser darse cuenta del todo de lo que estaba haciendo. Tal vez eso era estar en estado de shock.

Entonces oyó el grito. Y Martín despertó.

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Estos cuatro cachorros de gato están en la calle, en un pueblo de Guadalajara. Se han quedado sin su madre y necesitan una acogida o adopción con mucha urgencia.

Contacto: azur.ares@icloud.com

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser lola amigo

    NOS VAS A MATAR DE ANGUSTIA!!
    ahora como vamos a aguantar hasta el viernes que viene?
    😉

    03 Julio 2015 | 8:46

  2. Dice ser Carey

    ¡¡Han roto!! Esto no me lo esperaba pensé que venía una escena de sexo. Aunque sí es verdad que notaba que no había tanta química entre ellos dos como con Mal, las pistas estaban ahí. Uy, tengo muchísimas ganas de que sea viernes.

    En cuanto a los 4 gatitos. Dos careys y uno negro. Espero que no les sea difícil encontrar casa ninguno de los cuatro pero a esos tres en especial.

    03 Julio 2015 | 9:17

  3. Esta tía tiene cuarenta años mentales. Te diría que no existen así, pero como yo era de esas…

    03 Julio 2015 | 9:38

  4. Dice ser Andrés

    Joe que chasco. O no…. pero y si si
    Melisa XD esto no se haceeeee 🙂

    03 Julio 2015 | 12:21

  5. Dice ser Kytana

    Eso no se hace. Una semana mas con la intriga en el cuerpo. Jajaja. Sigue como siempre melisa.

    04 Julio 2015 | 0:44

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