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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

Hace exactamente diez años

Hace diez años, un puente de mayo cálido igual que lo es este, nos acercamos a ANAA. Justo una semana antes había muerto Mina, adoptada en PROA, por culpa de una leucemia. Hay quien necesita mucho tiempo hasta recuperarse y desear la compañía de otro perro, en mi caso el cuerpo me pedía volver a tener un rabo entusiasta saludándome al llegar a casa y las viejas rutinas de dar de beber, comer, pasear… No era buscar un sustituto, era en parte que las rutinas pesaran menos unido a que prefiero la vida con perro. Hay muchos tipos de lutos, todos respetables.

Hace exáctamente diez años recorrimos todos los cheniles de ANAA mientras nos presentaban a algunos de sus más de cien perros. Les pedí buen carácter y compatibilidad con gatos, tamaño mediano y pelo corto. En el primer pasillo me enamoré de un braco color chocolate con los ojos cobrizos. Un perro musculoso, atlético, con una planta impresionante, muy cariñoso. No le había probado con gatos y allí mismo hicimos la prueba. Le llevé un rato de la correa, se llevó un puñado de caricias, pero no pudo ser. Con toda seguridad, si los gatos no hubieran sido un impedimento, ahora sería mi perro. Trancos se hubiera llamado. No tardó en ser adoptado y llegué a escribirme algún correo con su dueña.

En ese mismo pasillo, más adelante, vimos una perrita cruce de caza. Mediana tirando a pequeña, muy jovencita, liviana, con los dientes estropeados pero preciosa. De un color gris bruma que llamaba la atención. Seguí recorriendo el pasillo, entre ladridos, batidas de cola y miradas entusiasmadas, temerosa, implorantes… hasta llegar a uno de los primeros cheniles en el segundo pasillo. Allí la voluntaria y amiga que nos guiaba se detuvo de nuevo y nos señaló a una perra cruce de mil razas, con pelo corto y espeso de varios colores. Era más mayor, más tranquila. Entré y en lugar de saltar encima esperó con calma mis caricias. Me senté en el suelo, ella se tumbó a mi lado y, casi inmediatamente, se durmió con la cabeza sobre mi regazo.

Tenía cinco o seis años, leishmania y menos oportunidades de ser adoptada que Bruma, así que fue ella la que nos acompañó ese día a casa. Bruma sería la ganadora del concurso de perros sin raza de ANAA ese año. Había acabado en manos de una familia estupenda apenas unos días después.

Diez años han pasado ya, así que tendrá 15 o 16 años. Mi abuelita cumple una década con nosotros. Ha visto a nuestro lado una mudanza, virajes laborales, la llegada de dos niños…

Ojalá le quede mucho por ver.

Feliz cumpleaños Troya.

La felicitación que ha hecho mi hija (con algo de ayuda) en la que Troya aparece junto a sus mejores amigos.

La felicitación que ha hecho mi hija (con algo de ayuda) en la que Troya aparece junto a sus mejores amigos.

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