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"El fútbol no es una cosa de vida o muerte, es mucho más que eso". Bill Shankly

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Isco y sus dudas: renovar o no con el Real Madrid

Isco duda si renovar con el Real Madrid. Al genial centrocampista malagueño le queda algo más de un año de contrato, y no lo ve claro. Juega muchos minutos y Zidane cuenta con él, pero no es titular y le toca ver muchos partidos desde el banquillo.

Isco

Isco se lamenta en el partido ante el Espanyol (EFE).

Si todos los jugadores de la plantilla están sanos y hay partido ‘gordo’, al de Arroyo de la Miel le toca quedarse fuera. En el medio le cierran el pase Casemiro, Kroos y Modric, arriba la siempre indiscutible BBC. Es el primer recambio, pues de momento le gana la partida al inconsistente James, pero para él no es suficiente.

Él sabe de la importancia de su decisión. Tiene 24 años y los mejores años de su fútbol le llegan ahora, aún en plenitud física y con mayor madurez futbolística. Sale y se luce en muchas ocasiones, como este sábado ante el Espanyol, partido en el que fue clave no solo con dos fantásticas asistencias, sino también con su presencia en la construcción del juego. Y entonces recuerda que no es titular, y le da que pensar.

Pues sí, Isco debe pensar mucho sobre qué quiere hacer con su carrera, y para ello debe fijarse en algunos ejemplos recientes de jugadores que abandonaron el Real Madrid. El caso más sangrante es el de Robinho, que se fue para ser “el mejor del mundo” y su carrera fue una cuesta abajo constante hasta pasar totalmente desapercibido en su recta final. Acabó jugando en China con solo 31 años.

Hay más ejemplos recientes. Mesut Özil y Ángel di María se fueron por dinero y por ganas de más reconocimiento. El alemán se hincha a dar asistencias y a sumar un fracaso tras otro en el Arsenal, lugar a donde ha llevado su enorme calidad… e inconsistencia. Di María fracasó en el Manchester United, y le va mejor en el PSG, pero (de momento, al menos, a ver este año) en París no tiene la relevancia que su gran juego merece por la debilidad de la liga gala y por los continuos fiascos europeos del equipo.

Cada jugador es un mundo, no cabe duda. Pero bien hará Isco en fijarse qué les ha pasado a otros jugadores que han decidido abandonar el Real Madrid aun teniendo un papel relevante en el equipo. Y que recuerde que Modric cumplirá este año 32 años, su físico es frágil y el malagueño debería ser el jugador llamado a ocupar su lugar en la sala de máquinas blanca.

El desamor en San Valentín: Karim Benzema

La verdad es que no es que la paciencia se me agote, porque hace tiempo que eso ocurrió. Es que ya afronto los partidos con una cierta desesperación. Y no hablo de los del Real Madrid, no. Hablo de los de cualquier equipo. Y el motivo es Karim Benzema. Mi particular desamor, del que quiero hablar hoy dado que es San Valentín.

Me preguntaban ayer unos amigos que cómo iba la cosa con lo de los goles fallados del galo a puerta vacía (o a bocajarro). Porque sí, efectivamente hubo una época en que llevaba la cuenta de esto. Cuando iba aproximadamente por una decena, me perdí, lo hacía sólo de memoria. Daría para un extenso Excel.

Karim Benzema

Karim Benzema se lamenta después de fallar una ocasión.

Como decía, me enfado con este tema con cualquier partido. Pongo uno del Barça, y veo al que posiblemente sea el mejor ‘9’ del mundo, Luis Suárez. Un animal. Marca un gol por partido, y si no entra en el debate de si es hoy en día el mejor jugador que hay es porque comparte equipo con Messi. Sus ansias de marcar no parecen tener límite, se pega con los defensas, pelea cada balón, va desbocado a cada centro. Y acaba marcando goles sin parar, porque además de su desmedida ambición tiene, por supuesto, una gran calidad.

Y luego veo al ‘9’ de mi equipo. Pasota, como sin ganas. Pierde un balón ante el Sevilla en el último minuto con empate en el marcador y le da igual, se desentiende de la jugada, no le persigue y la jugada acaba en gol. Mi paciencia estaba ya ese día en el límite.

Dicen que se asocia como nadie, que es el mejor delantero combinando con sus compañeros, aunque su cifra de asistencias lo desmienta y sea discreta. Y además, que me da igual eso, lo que yo quiero es otra cosa, son goles. Veo partidos del Atlético y hasta Fernando Torres marca. Sí, hasta Torres. Me da por pensar que, hoy en día, cualquier delantero es mejor que el de mi equipo. Cualquiera.

Y entonces pienso en Morata. De este canterano con pinta de no haber roto un plato tengo ciertas dudas, porque a veces parece hasta que se va a tropezar con el balón y otras se saca una jugada de esas que se va de todos desde el centro del campo. Desconcierta. Pero el chaval tiene ganas, se lució en su mili particular en la Juventus y cada vez que sale, mejora al titular. Pienso que lo tiene que estar pasando realmente mal por ello, como cualquiera que ve que un trabajo peor de otro tiene mayor premio que el suyo.

También tenemos por Italia a Gonzalo Higuaín, con el que hay mucho jijijaja en Internet sobre si está gordo y bastante sorna con su mala suerte en las finales. Pero año tras año se hincha a marcar goles. Este año, lleva 18 ya en la Juventus, el año pasado hizo 36 en el Nápoles. Efectivamente, nos quedamos con el Gato y vendimos al Perro.

Benzema te gana un día con una genialidad, quizás hasta por fin marque un gol en una final (de momento, ni uno), y puede que hasta le dé la Duodécima al Madrid, vaya usted a saber. Pero del ‘9’ del Madrid espero que sea el mejor, que marque día sí, día también, que luche por el Pichichi de la Liga, no que marque 5 goles. Eso sí, son los mismos que lleva Torres. Algo es algo.

¿Le dejarías tu casa a tu ex para que viera una peli con su nueva pareja?

Bueno, venga, admito que quizás el ejemplo pueda ser considerado como algo exagerado, pero así es como se sienten (nos sentimos) muchos aficionados del Real Madrid cuando se pide (este año toca de nuevo) que la final de la Copa del Rey se juegue en el Santiago Bernabéu con el Barça como participante y, además, como máximo favorito a la victoria.

“Es que es el campo más grande, y el que mejor les pilla a los equipos para desplazarse”, alegan. Bueno, pues mi cumpleaños está a la vuelta de la esquina, mi ex tiene una maravillosa y céntrica casa con una terraza de más de 20 metros cuadrados y no, no se la voy a pedir para la celebración.

El Real Madrid es, recordemos, una entidad privada, propiedad de sus socios, y a estos no les hace ninguna gracia que vaya allí el eterno rival a celebrar un título. Como seguro que a los del Barça no les haría gracia acoger una final entre, por ejemplo, el Real Madrid y el Espanyol (o el Zaragoza). Y al presidente de la entidad, en este caso la blanca, le corresponde hacer lo que los socios del club desean.

La excusa de la capacidad del estadio es la que más gracia me hace, dado que ninguna de las recientes finales coperas entre Real Madrid y Barça (2011 y 2014) se han disputado ni en el Bernabéu ni en el Camp Nou, los estadios con más capacidad. Nadie la quería en esos estadios, por mucho que más aficionados hubieran podido disfrutar de ella. Y se disfruta, ya les digo yo que se disfrute, que estuve las dos veces en Mestalla.

Hace un par de años, la excusa fue las obras de los baños del Bernabéu. Sí, fue una excusa barata, lo sabemos todos. Por algún motivo, queda mal decir que no, que no quieres dejarle la casa a tu máximo enemigo deportivo, Porque para el Barça, ganar la Copa no cabe duda de que le gustará, pero le produciría infinitamente más placer hacerlo en el Santiago Bernabéu, en la casa del eterno rival.

El Calderón está a la misma distancia que el Bernabéu, cabe la misma gente que en Mestalla y además una final de Copa será una despedida perfecta para el campo colchonero. Que disfruten allí culés y alavesistas.

Santiago Bernabéu

Santiago Bernabéu (JORGE PARÍS).

La culpa es, por supuesto, siempre del Real Madrid

Un poquito de ficción:

Una parte del estadio del Real Madrid se cae por un temporal, lo que hace que el partido que tiene que jugar el domingo en el Bernabéu ante el Celta corra peligro. Como los blancos tienen tres días después partido de las semifinales de la Champions, un aplazamiento del partido le viene bien, pues tendrá más descanso para ese trascendental duelo. Además, Zidane ya había anunciado que varios de los titulares no iban a jugar, y si el choque se celebra en otra fecha, sí podrá contar con sus mejores hombres.

Florentino Pérez

Florentino Pérez (GTRES).

De inmediato, el mundo del fútbol (y a los que no les gusta el fútbol también, nunca está de más atizar al Real Madrid), se indigna. Las portadas de los diarios catalanes claman al cielo ante la adulteración de la competición, Relaño se hace un par de editoriales sobre cómo es posible que un club de la grandeza del Madrid no haga lo imposible por disputar el choque y Florentino es blanco de todas las críticas. Cae el habitual post de Brotons contra Forbestino.

El Celta propone alternativas para la disputa del partido, como un club señor que quiere cumplir con las normas, y todos le apoyan. Está en su derecho de hacer todo lo posible por que se dispute el encuentro. Sin embargo, al ser un club modesto, nadie le hace caso, no puede competir contra el poderío que tiene en todos los estamentos el Real Madrid.

Cuando la alcaldesa de Madrid anuncia que el partido no se va a jugar, es ya lo último que faltaba. “¡Vuelven los favores políticos al Real Madrid!”, “¡Volvemos al franquismo!”. Todo es cosa de Florentino, que ha movido sus hilos para que el conjunto blanco salga beneficiado. Es la mano que mece la cuna en este país.

Finalmente, el partido no se disputa. El Madrid se ha vuelto a salir con la suya. La Liga está peligrosamente preparada, un año más, para que se la lleve el ‘equipo del Gobierno’.

Bueno, como bien saben, la cosa ha sido justo al revés. Pero no sabemos cómo, el malo de la película también es el Real Madrid. Cómo se le ocurrió proponer alternativas y sentirse agraviado. Debería ver, oír y callar. Se ha perdido el señorío.

Real Madrid: toca sobrevivir sin sus tres mejores jugadores (y Cristiano no es uno de ellos)

¿Se imaginan un Barça con Messi, Neymar y Luis Suárez lesionados a la vez? ¿Qué pasaría con ese equipo? ¿Iría líder de la Liga?

Modric y Bale

Modric y Bale se abrazan tras marcar un gol a Osasuna (EFE).

En esos parámetros se debe analizar la actual situación del Real Madrid. Los tres jugadores más importantes del equipo, que son Modric, Bale y Marcelo, están de baja y el conjunto blanco debe sobrevivir como pueda a esa circunstancia.

La última vez que Cristiano completó un regate el entrenador era Mourinho y ahora solo está para aportar goles, y no tantos como antes. Benzema sigue siendo ese ‘9’ fantasma que maravilla un partido y desaparece cinco, y el resto son formidables complementos, grandes jugadores, pero que no deciden partidos. No me refiero, por supuesto, a Sergio Ramos, cuyo cabezazo salvador otra vez estuvo a punto de llegar en Vigo, pero esta vez no hubo milagro.

Este es el panorama que le espera a Zidane en las próximas semanas, unos partidos en los que el objetivo es tratar de perder los menos puntos posibles y salvar como se pueda la eliminatoria ante el Nápoles en la Champions. La Copa del Rey da grandes alegrías, de eso no hay duda, pero no era una prioridad. En la mente de todos los aficionados blancos está ganar por fin una Liga (que ya han pasado nada menos que cinco años desde la última) y ser el primer equipo en la historia de la Liga de Campeones en lograr revalidar el título.

Gol de Ramos en fuera de juego: Madrid, Barça, basta de lloros

Captura de televisión que muestra la posición adelantada de Ramos en el segundo gol del Madrid (MOVISTAR).

¿Se imaginan que las dos personas más ricas de España estuvieran constantemente quejándose de su situación económica? ¿Que las dos personas más bellas se miraran al espejo y se lamentaran por su aspecto? Pues algo parecido pasa en España con Real Madrid y Barcelona y sus lloros por los árbitros.

Aunque todos los árbitros de España decidieran, a partir del próximo fin de semana, perjudicar a sabiendas a los dos equipos durante diez temporadas seguidas, no compensaría todo lo que han sido beneficiados en sus más que centenarias historias.

Por eso, avergüenza ver a jugadores y directivos de ambos clubes (de los aficionados no voy a hablar) hacer referencias a los arbitrajes. Ver a los futbolistas de Madrid y Barcelona rodear como lobos hambrientos a los colegiados con cada falta, cada saque de banda, cada decisión que toman que no se ajusta a su mundo feliz es realmente sonrojante. Entre otras cosas, porque no lo necesitan.

Este sábado hemos visto otro ejemplo en el Bernabéu. Sergio Ramos marcó el segundo gol de su equipo en claro fuera de juego. No valen excusas. En la imagen que encabeza este artículo vemos claramente cómo el juez de línea está bien colocado y cómo hasta tres futbolistas blancos destacan en posición antirreglamentaria.

Todos los árbitros se equivocan, por supuesto. El problema es que siempre o casi siempre lo hacen a favor del poderoso. Y ojo, que aunque soy colchonero, admito que el Atleti también es el beneficiado con rivales más pequeños. Así funciona el fútbol: siempre a favor del fuerte. El débil es una comparsa. Por eso me hace gracia cuando los grandes hablan de persecución o de campaña. ¿Qué debería decir el Eibar? ¿El Málaga? ¿El Sporting? ¿El Celta? ¿El Alavés?

Quiero pensar que la paulatina entrada de la tecnología en el fútbol acabe, en cierto modo, con estas perpetuas injusticias. Es significativo que los que más reacios se muestran a su implementación sean, precisamente, los que están cerca del poder, incluidos algunos periodistas. Igual temen que se acaben algunas prerrogativas que llevan muchas décadas atornilladas al fútbol español.

¿Hizo el Real Madrid un partido desastroso en la final del Mundial de Clubes?

El poso que ha dejado la final del Mundial de Clubes es que el Real Madrid ganó casi de milagro. Por esa pegada de la que tanto se habla y que no acabo yo de ver en cada partido de los blancos. Y que ganó, básicamente, por la suerte y por una ayuda arbitral.

Gol del Kashima al Real Madrid

Gol del Kashima al Real Madrid (EFE).

Así, se me ha ocurrido ir a las estadísticas de la final. Tras leer en todos lados el fantástico partido que hizo el Kashima japonés (que lo hizo, ojo), y el desastre que fue este Real Madrid que al parecer no juega a nada (pese a que lleva 37 partidos sin perder, desde febrero), suponía que me iba a encontrar con mucha más posesión de balón de los nipones, mucho más disparos a puerta y muchas más ocasiones de gol.

Pues bien, esto es lo que reflejan las estadísticas del partido (*web de la FIFA, de Marca y de As):

  • El Real Madrid tuvo el 64% de la posesión, por el 36% el Kashima Antlers.
  • El Real Madrid tiró entre los tres palos 12 veces, el equipo japonés 5.
  • En total, el Real Madrid hizo 30 intentos de disparo (entre los que fueron a puerta, los que fueron fuera y los bloqueados, por 11 el Kashima.
  • El Real Madrid lanzó 14 saques de esquina, por 6 el conjunto nipón.
  • El Real Madrid hizo 14 jugadas de ataque, por 6 el Kashima Antlers.
  • Keylor Navas tuvo que intervenir (paradas) en 3 ocasiones. Hitoshi Sogahata, el portero japonés, en 7.

No, no veo por ningún lado la superioridad del Kashima y el desastre del Real Madrid. De hecho, considero lo normal que gane el partido el equipo que ha tenido más posesión, ha disparado más veces a puerta, ha sacado más córners y ha atacado más. Quizás lo raro fue que el partido se fuera a la prórroga.

El escandaloso perdón de la expulsión a Ramos en el Mundial del Clubes

Este domingo hemos asistido a una imagen que demuestra que el nivel del árbitraje fuera de la élite UEFA o CONMEBOL es lamentable, por mucho que la FIFA se empeñe en igualarlos.

Ha ocurrido en la final del Mundial de Clubes, entre el Real Madrid y el Kashima Antlers japonés (y que ha acabado 4-2 para los blancos). Transcurría el minuto 89 de partido con empate a dos en el marcador: el partido se encaminaba a la prórroga.

Tras un ataque blanco, el Kashima iba a montar un contragolpe que Ramos cortó con una falta muy clara. El árbitro del partido, Janny Sikazwe (de Zambia), se apresuró a pitarla y se echó la mano al bolsillo para sacar la tarjeta… hasta que se dio cuenta de a quién se la tenía que sacar. Ramos llevaba una amarilla desde el principios del segundo tiempo y cuando parecía que iba a ser expulsado y el Madrid iba a jugar la prórroga con uno menos, el colegiado no ha sacado la tarjeta.

El vídeo es bastante descriptivo:

Si ya me parece escandalosa la decisión de Sikazwe, más sorprendido me deja la explicación que excapitán del Real Madrid, Manolo Sanchís, dio en la narración en TVE: “Se ha dado cuenta de la repercusión que iba a tener y se lo ha pensado”. Así, como si fuera lo normal. Como si las expulsiones dependieran de “la repercusión que iban a tener”. Casi tan escandaloso como la decisión del árbitro zambiano.

El Real Madrid, con una flor en el culo de camino a la Duodécima

Quien diga que el Real Madrid no tiene suerte, miente. Por mucho que digan los madridistas que el Nápoles es un rival complicado (emulando la filosofía de Guardiola) para que no se hable de su tan repetida fortuna, es uno de los más asequibles (sin querer menospreciar a nadie) para superar los octavos de final de la Champions League. Si no que se lo digan al Barça y a su mala racha.

Ramos, Cristiano y Zidane celebran un gol ante la Roma en octavos de final de la Champions 2015/2016. (EFE)

Ramos, Cristiano y Zidane celebran un gol ante la Roma. (EFE)

Pero claro, ¿a qué llamamos “complicado”? Aquí hay una vara de medir que se declina a favor de los intereses de cada uno. Porque si lo comparamos con los otros seis rivales anteriores que ha tenido en la misma fase europea desde la temporada 2010, podríamos darles la razón: complicado.

2010/2011: Lyon

2011/2012: CSKA de Moscú

2012/2013: Manchester United

2013/2014: Schalke 04

2014/2015: Schalke 04

2015/2016: Roma

Estos son los últimos cinco equipos a los que se tuvo que enfrentar el Real Madrid en octavos. El único que pudo hacer temblar las piernas de los blancos fue el Manchester United y tampoco lo consiguió. Por no hablar de los emparejamientos de cuartos (Tottenham, Apoel de Nicosia, Galatasaray, Wolfsburgo…). Raro es que no haya llegado más veces a la final.

Este año no es la primera vez que los merengues tienen suerte y estoy convencida de que tampoco será la última. Hablando en plata: el Real Madrid tiene una flor en el culo que le está allanando el camino a la ansiada Duodécima. No me sorprendería que la ganase y después alardease del “tan duro camino hasta llegar a ella”.

Si esto no es suerte que venga Dios y me lo diga. Eso sí, las sucesivas y ya habituales remontadas en el último segundo (y cuando digo segundo no es minuto) de partido ya no se cómo calificarlas: si como suerte o como mala leche…

Un Balón de Oro merecido… y probablemente el último

Si algo se le ha achacado a Cristiano es que sus goles han sido, en muchas ocasiones, intrascendentes. Tantos que rellenaban goleadas y que convertían sus cifras en estratosféricas, pero que no se traducían en títulos. El 2016 no es, desde luego, el caso. Pese a haber dado síntomas de un cierto declive en su juego, los goles siguen cayendo sin descanso y los títulos también.

Cristiano con el Balón de Oro

Cristiano con el Balón de Oro que ganó en 2014 (EFE).

Fue el máximo goleador de la Champions con el Real Madrid y acabó levantando el título. También lideró a su selección, una Portugal que no era desde luego la favorita al triunfo, a ganar la Eurocopa. Su implicación fue, además, total. El año fue para él, por lo tanto, casi perfecto.

Además, al poco de levantar la Eurocopa vio cómo su eterno rival, Messi, fallaba el penalti decisivo en la final de la Copa América. Sí, el año de Leo ha sido otra vez extraordinario, pero falló el ‘día D’. Y tampoco fue capaz de llevar a su equipo más lejos que de los cuartos en Champions. También falló Griezmann en los momentos decisivos, pues perdió las dos finales (Champions y Euro) ante Cristiano.

Su Balón de Oro tiene que considerarse justo, pero en un año, como hemos dicho, apoteósico para él, se le han visto cosas que avanzan un claro declive. Su desborde es inexistente, su peso en el juego de su equipo muy inferior y se ha quedado en, nada más pero nada menos, un impresionante finalizador de jugadas. Es decir, la sensación que queda es que es un Balón de Oro merecido y, probablemente, el último para Cristiano.