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"El fútbol no es una cosa de vida o muerte, es mucho más que eso". Bill Shankly

Que no se nos olvide disfrutarlo

El 1 de julio de 1999 me senté ante el televisor preparado para ver sufrir una nueva decepción. Mis dos selecciones con mayúsculas, fútbol y baloncesto, me hacían sufrir año tras año (1984 me pilló demasiado joven) con cada batacazo cada vez que llegaban los cuartos de final de un gran torneo, si no antes, así no esperaba otra cosa que no fuera una derrota de España en ese Eurobasket ante la Lituania de Arvydas Sabonis (esa defensa de Iñaki de Miguel), el mejor pívot europeo que jamás -creía- verían mis ojos.

Pau aplaudiendo

Pau aplaudiendo tras el oro en el Eurobasket (EFE).

Tras la victoria, agónica, no me podía creer que por fin hubiéramos llegado a una semifinal de un gran campeonato de selecciones, pero lo que sin duda ni se me pasaba por la cabeza era que eso iba a ser una constante, lo habitual. Si uno repasa la plantilla de aquel equipo que ganó la medalla de plata, no puede calificarlo de otra manera que no sea de proeza para arriba. Pero lo mejor estaba por llegar, el desembarco en la selección de la generación del 80, la campeona del mundo junior en Lisboa. Una quinta encabezada entonces por Juan Carlos Navarro y Raúl López (así lo reconoció Pau hace poco), pero cuyo mejor jugador iba a tardar un poco más en explotar: Pau Gasol.

Desde entonces, las alegrías han sido casi una constantes. Nueve veces seguidas en semifinales de los distintos Eurobaskets (¡¡NUEVE!!), dos platas olímpicas, un oro en un Mundial y tres victorias en torneos continentales, entre otros logros, han convertido en esta selección de baloncesto en una auténtica leyenda.

Hay mucho que agradecer a este grupo y, sobre todo, a Pau Gasol. Es sin discusión el mejor jugador de selecciones de su generación y, quizás (mucho debate hay ahí), de la historia. Su dominio en las competiciones FIBA ha sido arrollador, y su exhibición en este Eurobasket llevando al oro a un grupo más limitado le encumbra como mito.

Llegará un día en el que Pau y el resto de sus compañeros de generación no estén, y entonces empezaremos a valorar de verdad lo que hemos vivido, a darnos cuenta de todo lo que han logrado. Celebraremos a lo grande un cuarto puesto, probablemente. Mientras tanto, solo cabe darles las gracias por todo lo que nos han hecho disfrutar, saborear este oro y soñar CON TODO para los Juegos Olímpicos de Río. Porque esto acabará, y lo echaremos muchísimo de menos.

PD: El baloncesto ha robado de tal manera el protagonismo al fútbol que el diario Marca le ha dedicado cuatro portadas seguidas. Y bien que me alegro.

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