No recuerdo cuándo comencé a leer «Realidades para Lelos», pero ese detalle carece de importancia comparado al «por qué». De todas las virtudes que Víctor tiene como microrrelatista, la que más disfruto es su indudable capacidad de síntesis a la hora del desenlace de sus historias.
Su atractivo estilo se nota claramente en «Hipotecas» y «Cumpleaños», dos microrrelatos que me quedaron grabados y que suelo recomendar como ejemplos de un excelente uso del género.
En esta segunda entrega de la serie «Inspiraciones Ajenas», un espacio creado para disfrutar de escritores y blogueros que leo desde hace tiempo, Víctor Lorenzo Cinca nos escribe en 150 palabras.
La tienda del alfarero
Mientras curioseo las muchas piezas fabricadas en serie -made in China- el viejo y tembloroso alfarero me cuenta que sus hijos no quieren seguir con el oficio, prefieren comprar a mayoristas y no ensuciarse las manos. Cojo una pequeña figura de terracota, antropomórfica, y le soplo el polvo de encima. El alfarero, emocionado, me explica que es la última pieza que pudo modelar. Y la única que conserva, tras setenta años frente al torno. Todo lo demás, lo vendió. Pero de esa pieza jamás pudo desprenderse. Me dice el precio, una fortuna, y la figura me resbala de las manos. La recojo del suelo y afortunadamente sigue intacta. Se la muestro al alfarero, para tranquilizarlo, y veo cómo una grieta va avanzando, poco a poco, por su frente. Le pago la pieza, sin regatear, y mientras me marcho se escucha en el interior un crujir de loza, unos cascotes desplomándose.



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