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"It's the end of the world as we know it (and I feel fine)" Michael Stipe

Una pequeña reflexión sobre la ‘prescripción’

Una de las mejores cosas que tienen Internet y las redes sociales es la recomendación. A partir de recomendaciones funcionan y se estructuran muchos sitios web. Las buscamos en Facebook, en Foursquare o incluso en Instagram. Qué mejor que ver qué se come dónde o cómo se duerme en qué sitio.

En Twitter hay hashtag para ello y si un buen día lanzas una pregunta al aire, decenas de personas te recomendarán qué hacer en qué lugar con toda su generosidad por delante. Es más fácil que nunca obtener puntuaciones, estrellas, sugerencias. Tips.

Todo el mundo tiene la capacidad de opinar, de prescribir. Normalmente, salvo excepciones, la gente explica -creo yo- de forma sincera su parecer o intenta reflejar lo que el local, el hotel, la serie, la comida o la playa de turno le ha hecho sentir.

Si es caro o barato, si está limpio, si hay ruido o no, si la espuma de coliflor era demasiado pretenciosa o si los actores son excelentemente british. Y hacemos caso. Apuntamos, leemos, vemos, comemos. Nos bajamos apps. Pero, ¿recurrimos siempre al mismo sitio?

Es decir. ¿De quién nos fiamos? La liberalización del tip ha provocado la reproducción incontrolada de recomendaciones. Y eso está muy bien, aunque creo que, como ocurría antes con los dos o tres críticos de cine relevantes, siempre hay que tomárselo como una opinión personal, aunque con cierta base, del que aconseja.

¿Por qué digo esto? Porque, a pesar del mar de posibilidades, yo me sigo volviendo loca a la hora de escoger un hotel cuando me voy de vacaciones, por poner un ejemplo. Más o menos, puedes conocer dos o tres y puedes preguntar sobre otros tantos, pero tu universo no aumenta porque leas más recomendaciones. ¿Debería?

Me da la impresión de que nos perdemos entre tantos comentarios y sugerencias y de que a veces añoramos la figura del prescriptor que estaba un escalón por encima, el que sabía un poco más. Sí, el viejuno. ¿Dónde están? Algunos tiene blogs, otros escriben en medios, etc. Aunque tampoco nos vayamos muy lejos, porque muchas veces nuestros amigos off line son los que nos acaban diciendo qué podemos hacer.

Es el reto. Lograr ofrecer una prescripción fiable en la Red. Y si puede ser con las aportaciones de personas anónimas, gente normal, mucho mejor. Pero es un reto muy difícil. Por otra parte, si solo hay dos o tres gurús que tienen en su poder la capacidad para hacer listas y cortar cabezas…

Sí, somos nosotros mismos los que tenemos que filtrar y buscar, los que tenemos que cribar en función de lo que nos viene mejor. Y aportar, contribuir. La verdad universal no existe, pero acercase a algo parecido es a veces francamente complicado. Y sí, soy una persona indecisa. Maldita sea.

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