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La otra historia del Rothko pintarrajeado

Supongo que a estas alturas ya sabréis que un cuadro de Mark Rothko fue pintarrajeado el domingo por un tipo en la Tate Modern de Londres.

El individuo, que firmó su dibujo con el nombre de Vladimir Umanets, fue identificado como miembro del colectivo Yellowism. Ha dicho que no pretende ser famoso, pero que tampoco quería destrozar la obra. “Ahora valdrá más”, ha declarado a varios medios. Porque el visitante en cuestión, no ha desvelado grandes cosas sobre sí mismo ni sobre sus intenciones, pero sí ha hablado con la prensa. ¿Cómo empezó todo? Pues una persona que se encontraba en la galería en ese mismo momento tuiteó esto:

 

 

Y entonces la maquinaria de Internet comenzó a funcionar. Mientras los medios de comunicación intentaban confirmar la noticia, varios tuiteros lanzaban información al aire con sus pesquisas y especulaciones. Lo primero fue identificar el cuadro, del que no se daban detalles de forma oficial. Se trataba, según desveló @gregorg basándose en la foto de @WrightTG, de Negro sobre marrón, de la serie Seagram. Poco después, y en función de la firma dejada por el vándalo, llegaba un posible sospechoso:

 

 

La cuenta de Twitter de la Tate no hizo -ni ha hecho hasta el momento- una sola mención de lo ocurrido. Pero varios usuarios sí retuiteaban e intentaban aportar en el momento su granito de arena al asunto. Pero no solo de Twitter. El blog Hyperallergic comenzó a recopilar en un post -a lo Storify- varias de las cosas que veía, incluidas confirmaciones oficiales y hasta posibles fotos del criminal. ¿Vladimir Umanets? De eso nada. Facebook dio una pista sobre la firma: el nombre podría ser un anagrama de I’m true vandalism.

Una extraña coincidencia hizo que en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles una de las actividades del día fuera Destroy the Picture; pero nada que ver, por supuesto. El caso es que la policía británica sigue trabajando para esclarecer lo ocurrido pero aún no ha detenido a nadie, y eso que el presunto autor reconoció a The Guardian por teléfono -lo consiguieron a través de una de las exposiciones de Yellowism– que pensaba que le iban a coger enseguida.

Hay quien ayer reflexionaba en caliente sobre la rápida difusión de las noticias en la era de los móviles y las redes sociales. Lo de siempre, vamos, aunque en estos casos llamativos -y muy mediáticos, porque ese era el objetivo de ¿Vladimir? y su gente- es aún más interesante observar cómo los flujos de información circulan de manera tan distinta. Esperemos que en los próximos días se aclaren la autoría, los motivos reales y si el cuadro podrá ser restaurado.

** ACTUALIZACIÓN (10.30 h del martes 9). Agentes del condado de Sussex detuvieron anoche a un hombre de 26 años en la localidad de Worthing, al sur de Inglaterra, como presunto autor de la pintada. Lo hicieron a petición de la Policía de Londres, ciudad a la que fue trasladado tras ser interrogado, según informa EFE.

3 comentarios

  1. Dice ser ANTONIO LARROSA

    Lo mejor es que pinten un mamarracho en esa tela sin tocar la firma del autor original y ya vereis como la estupidez humana hace subir el valor del cuadro a limites insospechados.

    Clica sobre mi nombre

    08 octubre 2012 | 23:45

  2. Dice ser Nelson

    Estamos ante un nuevo movimiento artístico consistente en pintar sobre las obras de arte, ya sean de artistas de reconocido como de anónimos. Nuevo concepto de arte, nueva polémica social.

    09 octubre 2012 | 02:21

  3. Dice ser Art renewal

    A mi lo que me parece un monumento a la estupidez humana es el ¿cuadro? en sí. Considerar una mancha cuadrada negra sobre otra marrón como la quintaesencia del arte dice muy poco en favor de la capacidad cultural y estética de buena parte de la sociedad y de sus críticos de arte. Parece que los del movimiento pintarrajeante han entendido esto a la perfección. Y si no comparémoslo con el fenómeno mediático reciente de la restauración-destrozo de la cara del Cristo por una beata octogenaria. Similar es también la intervención sobre la Fuente de Duchamp, cuando, tras asestarle un martillazo al retrete consagrado, el agresor reclamaba derechos de autor sobre la nueva performance generada a partir de la ¿obra? de Duchamp (quizá habría que haber empezado por el fontanero que la diseñó, único autor en justicia de la boutade). Pero mientras se considere a los artistas como seres de otra dimensión y no como trabajadores humanos con una habilidad nacida de la práctica, seguiremos tragando con estas memeces. Sobre todo si las dimensiones son XXX, o dicho de otra manera, cualquier tontería puede ser una obra de arte, si se le da el tamaño necesario, ejemplos hay a patadas.

    09 octubre 2012 | 09:12

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