Supongo que los talluditos del lugar se acordarán de esto:
Amigos. Ese término al que las redes sociales nos han (mal)acostumbrado y que va más allá de lo que a veces nos damos cuenta. Ser aceptado como amigo, followeado (con perdón) o incluido en un selecto plantel de escogidos prescriptores es casi motivo de satisfacción.
Os habréis fijado en que Facebook ha puesto en marcha hace unos días (no se si ya está operativo para todo el mundo) un nuevo filtro: “Mejores amigos”. Para que tengamos información puntual de lo que publican hacen o piensan nuestros amigos “más importantes”.
En realidad, se trata de animarnos a que utilicemos las listas de otra manera, que me recuerda un tanto a los círculos de Google Plus. ¿O es al revés? En cualquier caso, el seguimiento del amigo o amigos en cuestión será a partir de ahora más exhaustivo.
Marcamos con una estrella al ínclito y así se nos notifican todos sus movimientos. El reclamo es acceder a los “momentos importantes de su vida”. Pienso en novios, exnovios, idolatrados y enemigos. Pienso en todo menos en amigos cuando veo algo así. ¿Vosotros no?
“Colarte en la vida de la gente no tiene nada que ver con el chisme sino con un deseo, casi patológico, de comprender el comportamiento humano. La pasión por las vidas de otros”. La frase es de Elvira Lindo, de este fin de semana. ¿Queremos comprender a nuestros amigos?
Este focodirigido de Facebook me dice otras cosas: que quieren captar rápido la audiencia que deja Tuenti, joven y con un círculo de amigos reales grande; que las “interacciones” y, sobre todo, la “actividad” mostrada en Twitter de aquellos a los que sigues, funcionan. Twitter nos enseña sus movimientos estratégicos, un poco en la línea de Facebook. ¿O es al revés?
Creo que todos jugamos una partida de ajedrez: compartimos, pero sin enseñar revelar nuestras jugadas. Ahí están los mensajes privados y los chats. ¿Llevamos una doble vida?
Y ojo: Facebook te da la posiblidad de marcar como “mejor amigo” a alguien, pero él nunca lo sabrá, porque Facebook no le informará de ello. ¿Entonces? Huy, vaya lío (me remito al vídeo de arriba). El nuevo timeline es cada vez más social… pero en un ámbito más cerrado.
Eso sí, las sugerencias siguen existiendo y Facebook y Twitter te ponen delante de vez en cuando nombres de usuarios que podrían interesarte. ¿Les hacéis caso? Yo, la verdad, poco. Nos queda la curiosidad propia para explorar y construir un ecosistema. Y los hashtags.
Conclusión: puede que tras el boom inicial, las redes sociales estén captando la idea que circula por las cabezas de muchos: creo que he hecho demasiados amigos, así que ya es hora de deshacerme de aquellos que, en realidad, no me dicen nada. Esto con el email no pasaba.
Algunas pistas para estar entretenido este fin se semana:
La escritora Jennifer Egan, galardonada en 2011 con un premio Pulitzer, está estos días tuiteando una de sus últimas obras, Black Box, concebida expresamente para publicarse primero en esta red social y después en The New Yorker. Un relato sobre espías.
El procedimiento es el siguiente: desde el pasado jueves, cada noche durante una hora se lanza un mensaje por minuto a través de la cuenta de Twitter @NYerFiction. En total, el experimento durará diez días, así que aún os podéis reenganchar, porque solo lleva 120 tuits y porque lo tuiteado puede leerse después en la web de la revista, que lo recoge todo junto.
People rarely look the way you expect them to, even when you’ve seen pictures.
La historia es una especie de spin-off, ya que su protagonista está sacado, precisamente, de A visit from the goon squad, la novela con la que Egan ganó el Pulitzer, aunque la escritora lo ha colocado en un contexto diferente. Cuenta que le ha costado un año entero dar forma al proyecto, que mezcla el folletín de toda la vida con el microblogging.
Otra serie por entregas es la que nos ofrece en Instagram el equipo de The North Face. 55 días después de llegar al campo base, cinco de sus miembros han coronado, hace unas horas, la cima del Monte Everest, aunque no todos los que querían subir el último tramo han podido hacerlo: Conrad Anker, el capitán de la expedición, finalmente no estaba en condiciones.
El equipo completo incluye escaladores, geólogos, especialistas de la clínica Mayo, etc. En total, 21 personas. Durante la escalada (por la Arista Oeste), algunos de ellos han estado contando en imágenes subidas a esta red su periplo. ¿Dónde? En la cuenta de @NatGeo (National Geografic), con el hashtag#oneverest, y también en las suyas personales. En Twitter también puede seguirse. Las fotos son muy chulas.
¿Cómo lo hacen? Usan iPhones 4S, cargan las baterías con paneles solares en el campo base, las mantienen calientes junto al cuerpo o dentro del saco de dormir, llevan baterías extra y usan guantes -cuando es posible- que les permiten usar la pantalla táctil. Os recomiendo echar un ojo a las fotos compartidas hasta ahora y las que seguirán haciendo y subiendo.
Vamos con el vídeo:YouTube acaba de anunciar la creación de un nuevo canal sobre derechos humanos en colaboración con la organización Witness y Storyful. Se trata de dar difusión a historias humanas, injusticias, casos de brutalidad policial, abusos y sucesos que ocurran en todo el mundo. Canalizarán estas denuncias audiovisuales -que serán verificadas y contextualizadas- con el fin de despertar conciencias, pero también el “activismo” ciudadano, explican.
En el momento álgido de la primavera árabe se subieron a YouTube 100.000 vídeos desde Egipto, según datos del portal. Lo mismo ha ocurrido en otros países con revueltas, sobre todo cuando los medios de comunicación tenían prohibida la entrada y a pesar de la censura de ciertos Gobiernos, perfectamente conscientes del valor de Internet.
Google Plus se encargará de crear comunidad alrededor del canal, que también dará consejos -lo hace ya Witness- para documentar este tipo de historias sensibles.
Algunas de las mejores imágenes en redes sociales del eclipse anular de Sol que ha podido verse en las últimas horas en parte de Asia y Estados Unidos.
Cada minuto se suben 72 horas de vídeo a YouTube. El portal de Google ha hecho público hoy el dato con motivo de su séptimo aniversario, pero también ha proporcionado el ejemplo correspondiente (para que nos quede claro): esto equivale a ver 61 veces seguidas la boda real británica, pero la de Guillermo y Kate. Menos mal que el contenido es variado.
YouTube dice también que ha incrementado las suscripciones en un 50% y que “se realizan más de tres mil millones de horas de video al mes”. Cifras apabullantes a las que, sin duda, los videoclips musicales contribuyen en gran medida. En 2011, On The Floor ft. Pitbull de Jennifer Lopez fue el más reproducido en todo el mundo: hoy suma 541,2 millones de visionados en total (y subiendo). El segundo fue Party Rock Anthem, de LMFAO (a los que yo llamo, cariñosamente, MQMF), que acumula a día de hoy 438,2 millones de reproducciones (y subiendo).
El fenómeno masivo tiene pinta de repetirse, por ejemplo, con una jovencita canadiense llamada Carly Rae Jepsen.
Sea porque su último sencillo, Call Me Maybe, es muy (muy) pegadizo; sea porque con tino abrió un Tumblr -allá por febrero, pero sigue muy activo- para que sus fans hicieran su propia versión casera del videoclip, en plan flashmob o cover al uso; sea porque ciertos colegas de profesión, del mismo grupo que distribuye su EP (o no) y otros tantos animados se han encargado de darle publicidad; o sea porque ha alcanzado puestos relevantes en las listas de la BBC, en iTunes o en el Official Streaming Chart.
El caso es que esta chica, que salió del talent showCanadian Idol, fichó tras un primer trabajo por la discográfica del cantante de Nickelback y ahora acumula más de 70 millones de visitas en YouTube. Pero en una sola canción. Porque además hay que contar sus otras canciones (Tug Of War, del primer disco, lleva 4,2 millones), los tutoriales de piano que han subido los usuarios para aprender a tocar la melodía, las entrevistas, las parodias, etc. Su pose, entre coloretes rosados y melena risueña, es un gancho eficaz, viendo las estadísticas del clip:
Sus perfiles en redes sociales acumulan, dentro de lo que supone ser una estrella emergente, cifras más discretas, aunque sus más de 170.000 seguidores en Instagram asisten a diario a sus periplos por galas (como los Billboard), programas y demás. Probablemente acabemos un poco hartos del tema en cuestión, que ha conseguido que hasta el equipo de baseball de Harvard, entre otros, haga su propia performance, aunque con fines solidarios. Call Me Maybe está en el cuarto puesto esta semana de los 100 de YouTube en el canal de música. Y ya hablamos de ella aquí, aunque lleve sonando fuera un tiempo (lo de siempre). Pero es que ahora es viral.
He de decir que en cuanto supe de Carly y su canción se me apareció un fantasma. El de Robin Sparkles. Si habéis sido adictos a How I met your mother, la sitcom que recogió el testigo de Friends, sabréis de lo que hablo. No quiero revelar la intrahistoria de este personaje si aún no habés visto la serie, pero sí os diré que también es canadiense y que Let’s go to the Mall no es un concepto que difiera mucho del que nos ocupa… (os pongo la canción en MySpace, que creo que es lo adecuado, aunque puede encontrarse en iTunes, en serio).
El hashtag hoy es distinto. Es #blockupy. Pero las movilizaciones nos pillan algo lejos (Alemania) y no invaden nuestras calles. Además, estamos de resaca 15-M. Desde el 12 hasta el 16 de mayo miles de personas salieron a la calle en muchas ciudades españolas. El denominado mayo global se contó (se cuenta), una vez más, al segundo en redes sociales y en webs de medios de comunicación. Entre otras, la de @20m. Y en blogs; y en YouTube.
Realizar una cobertura de este tipo (online) de un acontecimiento puntual tiene varias dificultades, tanto técnicas como narrativas. Y me refiero, sobre todo, al momento en el que una está en la calle con un teléfono móvil e intenta (re)transmitir a duras penas aquello que ve y ocurre a su alrededor. Bueno, corrijo. En mi poder yo tenía, a diario, dos teléfonos y tres baterías externas. Concretando, dos iPhones. A menos que se opte también por cargar a cuestas con un ordenador, por pequeño que sea, este es el primero de los desafíos: el del avío endeble.
No quiero referirme solo al trabajo periodístico, que también. Porque mucha gente hacía lo mismo que yo a título personal. Desde luego, el obstáculo de la mala conexión nos afectó a todos. Parece mentira. Me acuerdo cuando hace miles de años fui con una amiga a Arriondas (Asturias) a disfrutar del fin de semana del descenso del Sella y quedé impactada porque había tanta gente junta que no podía ni llamar por teléfono. Juraría que yo entonces tenía un modelo variopinto de Alcatel, de un verde terrible. Pues bien, veo que no hemos avanzado mucho.
Pero siguiendo con el reto de contar, me gustaría referirme a dos cuestiones. La primera, los hashtags. Y tampoco quiero circunscribirme a Twitter, aunque los hashtags se usen por encima de todas las cosas en esta red social. Estas etiquetas aglutinan la conversación sobre un mismo tema pero, en casos como el del pasado fin de semana, y aunque se consensuó tácitamente elegir una al día, la multiplicidad de las mismas suele desviar la atención y trocea el flujo de información. Siempre, eso sí, hay un ganador, como vemos en este informe de Pirendo que vi en La Nube.
Suele ocurrir también que los medios de comunicación se empeñan a veces en crear e imponer hashtags propios para singularizarse, aunque casi siempre acaban reculando. Y pasa de igual manera que la velocidad a la que circulan comentarios es tal y las aportaciones son tantas que, aunque nos concentremos en seguir un hashtag concreto, probablemente no nos enteremos de casi nada y nos quedemos congelados, contemplando nuestro propio timeline.
¿Cómo escoger entre tanto informador? ¿Es mejor seguir un hashtag, a un medio de comunicación, a una persona o a la cuenta o página de un colectivo? Si uno está en su casa, por ejemplo, hay herramientas, como tweetdeck, para configurar varias columnas y organizar la maraña. Pero si dependemos de un móvil, ¿cómo proceder?
Mi opinión es que la previsión es fundamental. Antes de adentrarse y querer participar en un acontecimiento concreto, informándose y aportando, hay que seleccionar de antemano algunas de las fuentes a las que seguir, aunque en el momento podamos añadir otras gracias a las menciones o referencias que nos vayamos encontrando. Así, nos quedaremos en nuestro timeline (de Twitter, Facebook, Google Plus o lo que sea), pero será una línea de tiempo adaptada y adecuada al tema. En Twitter, por ejemplo, las listas vienen muy bien para eso. Si no podemos llegar a todo, hagamos un filtrado. Es una forma de apañarse con la fast-info.
Me refiero, por último, a la narración. Fuera de las crónicas y los análisis, los mensajes cortos de un minuto a minuto (en un medio), un tuit o un post rápido no son suficientes por sí mismos y requieren de un relato continuado que, en muchas ocasiones, acaba fuera de contexto. Por eso, en primer lugar, hay que dedicar tiempo a esas pequeñas comunicaciones. Y, en segundo lugar, hay que aprovechar las ventajas de lo audiovisual, como ya expliqué en un post anterior. Los vídeos, por supuesto, suelen tener mucho éxito. Aquí varios ejemplos: cacerolada y bofetada.
Pero también tienen éxito las fotografías. Captar momentos y compartirlos. Así que le estoy echando el ojo a una aplicación que está maquinando desde hace un par de meses Ricardo Galli (Menéame). Se llama Spokenpic y tendrá una versión beta para finales de junio. Se trata, simplemente, de que sea un mensaje de audio y no de texto el que acompañe a las imágenes que compartamos en las redes sociales. Esto ahorraría tiempo y permitiría saltarse limitaciones de caracteres. La segunda versión de la herramienta, según el propio Galli, estará lista, previsiblemente, para agosto y facilitará el multipic, es decir, una serie completa de fotos comentada por el autor.
Veo un inconveniente. Una vez que muchos han/hemos aprendido a medir las palabras y saber qué escribimos en las redes sociales y cómo, el audio puede devolvernos esa sensación de soltura exacerbada. Y pienso, sobre todo, en que nos dejemos llevar por la emoción si es que estamos asistiendo a un espectáculo o a un hecho singular. Hablar (literalmente) antes de pensar.
Pero supongo que estoy pensando en los periodistas, más que en anónimos usuarios. En cualquier caso, me parece una buena idea y una posibilidad más. Porque no sé, y esto es una opinión personal, si nos hemos quedado un poco estancados contando las cosas en las redes. Os dejo con esta reflexión y con el vídeo explicativo de Spokenpic:
Tres cositas, desde lo práctico y serio hasta lo informal.
En primer lugar, os recomiendo que le echéis un ojo a este manual en formato PDF con 60 herramientas de Social Media que nos propone Puro Marketing. Es un listado interesante que incluye muchas plataformas que no conocía y que probaré poco a poco.
Están muy enfocadas al aspecto profesional del social media, pero creo que pueden ser útiles para cualquiera. Hay para todos los gustos, de pago y gratuitas. Incluye, además, referencias a acortadores de URLs, comparadores de RSS, medidores de influencia o herramientas para programar publicaciones en Facebook. Pinterest, Instagram y otras redes sociales también están reflejadas. Y Google.
En segundo lugar, os dejo un vídeo que han compartido en Twitter los chicos de Prodigioso Volcán sobre la estrategia publicitaria y social de la casa Mercedes Benz de cara al lanzamiento de un nuevo modelo de coche. Forraron varios vehículos con códigos QR y los pusieron a circular por todo el mundo.
Organizaron una especie de gymkana a través de una app y así lograron crear una gran expectación en los medios de comunicación y en las redes sociales. A tenor de los números que ofrecen en el vídeo sobre la repercusión en Facebook o en Google, la jugada no les salió nada mal.
Los usuarios son el mejor medio de difusión de una campaña publicitaria, y eso las marcas lo están aprendiendo rápido, aunque no siempre sepan gestionarlo bien. Ya que estamos, os recomiendo que leáis de vez en cuando blogs como Luces y sombras de las marcas, de Fátima Martínez, en el que podéis encontrar varios análisis de este tipo de acciones, las que salen bien y las que se estrellan completamente.
Por último, aquí va una simpática infografía de Flowtown y Column Five para identificar a primera vista a los adictos a Instagram. Entre sus virtudes, la incapacidad para resistirse a retratar la comida del día o esa forma de mirar por encima del hombro a los nuevos, en clara alusión a los usuarios de Android.
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Las redes sociales volverán a ser protagonistas este fin de semana. No se concibe ya una movilización, una protesta o cualquier acción en la calle sin que las imágenes, los vídeos o los directos fluyan de inmediato y se compartan por la Red.
Me acuerdo de cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, animó un día a “colgar fotografías y vídeos en las redes sociales” para denunciar posibles agresiones durante la pasada huelga general. También, de la web que la Generalitat de Cataluña puso en marcha para identificar con la colaboración ciudadana a supuestos vándalos. Y de que la Policía siempre graba. El 15-M, por otro lado, fue una explosión de contenidos en sí mismo, qué os voy a contar. Y todo lo que antes fue y lo que será también, aquí en España y en Sebastopol.
Información y viralidad. Las dos cosas se retroalimentan y pueden llegar a ser igual de útiles y de problemáticas. Las narraciones audiovisuales actuales son una oportunidad para contar qué ocurre sin depender de un medio de comunicación -casi siempre de una televisión-, aunque sí reconozco que, en ocasiones como la que se nos presenta, asistir al torrente informativo ciudadano es tan inabarcable como imposible. En fantástico asumir la perspectiva de alguien anónimo cuando retrata una escena o quiere destacar un hecho, aunque a veces no muestre la realidad completa.
¿Se ve todo más exagerado a través de las redes sociales -y aquí incluyo hasta los posts exprés- cuando la borrachera colectiva nos termina afectando? ¿Nos condicionan los ‘me gusta’ o los retuiteos masivos? Es posible. Ahí está luego cada uno para saber qué comparte y cómo; y el otro, para procesar lo que lee, ve y escucha. Pero al margen de todo esto, pensemos en las infinitas hemerotecas, videotecas y fonotecas. En la plasmación de diferentes puntos de vista. Imaginad todo el archivo audiovisual que va a generarse solo en los próximos cuatro días.
El 15-M en Madrid ha realizado una propuesta en abierto para “redirigir” todo ese material a unos canales concretos de Internet a través de una herramienta llamada Bambuser, que permite compartir vídeo en streaming en Facebook, Twitter, Myspace, WordPress y Blogspot. Pero he visto otras propuestas, como las que insinúa el colectivo artístico @lacasinegra: en primer lugar, una réplica de su proyecto bannertube.lacasinegra.com que funcionará a través de hashtag #HPS12m (Hacking Public Space 12M). La herramienta asocia tuits con imágenes de usuarios con vídeos de YouTube. (Actualización 22 h: acaban de lanzarlo).
En segundo lugar, podría ofrecernos después del #12M15 una mirada muy diferente a cualquiera que hayamos visto antes, o eso es lo que me dice su último post. Estaremos atentos. También tenemos, por ejemplo, este archivo de Spanish Revolution de textos, imágenes, audio y vídeo, en el que esperan estos días aportaciones con licencia creative commons; y en esta web están recopilados algunos algunos streamings de varias ciudades. Veo en periodismociudadano, además, que el colectivo Toma la tele apuesta por las grabaciones aéreas. Y que demanifestacion.com está en pruebas…
Es posible que cuando estés fotografiando o grabando este sábado escuches cualquiera de los temas que se han recopilado en un Pad colaborativo como banda sonora de la movilización del 12-M. O que, cuando la cobertura falle, puedas acceder a la red wifi de un vecino que ha decidido abrirla. Y ya que estamos, he decidido inaugurar mi segundo tablón colaborativo en Pinterest para que los que queráis compartir vuestras fotos del #12M15M. Decidme a través de los canales habituales (Twiter, Facebook, G+ o mail) si queréis que os añada.
Para terminar, os dejo esta recopilación de opiniones de unos cuantos tuiteros sobre el 15-M. Son visiones personales acerca del movimiento, lo que representa, lo que no es y lo que ha conseguido. Me lo ha pasado la periodista Patricia Horrillo.
Se está empezando a convertir en un deporte eso de provocar en papel para triunfar en la Red. Lo hemos visto esta semana -o en el último mes, o incluso en los últimos seis meses- con publicaciones como La Razón. Este jueves, por ejemplo, el diario explicaba en lugar destacado cómo un primera anterior había conseguido “cuatro trending topics simultáneos”. Sí, la de los (malos) estudiantes. Y sí, también en portada.
Muchos editores se han dado cuenta de que el ruido social -sea bueno o malo- les pone en lo más alto, en boca de periodistas y de usuarios anónimos que se animan a opinar. Que hablen. No es una estrategia (publicitaria) nueva, aunque la amplificación, a veces inflada, que ahora las redes sociales ofrecen para todo, pervierte muchas veces el fin para el que el medio trabaja. Otro ejemplo nos llega de la revista Time, experta también en impactar y profesional del portadismo.
En esta ocasión, la imagen de una mujer joven dando de mamar a su hijo de casi cuatro años es la excusa para hablar del doctor William Sears y sus teorías sobre el apego materno, entre las que destaca una férrea defensa de la lactancia. ¿O es al revés? El caso es que el encendido debate no solo ha ocupado líneas en blogs, sino que ha llegado a tuits y otras expresiones interneteras. Por supuesto, el meme no se ha hecho esperar demasiado…
Creo que voy a fundar un grupo en Facebook. Ya sé que es algo pasado de moda, pero es que la nueva situación creada por las social reader apps (a lo mejor) lo requiere.
Son esas aplicaciones con las que compartes en redes sociales eso que estás leyendo, pero de una manera impersonal, automática y, en ocasiones, algo cansina. Muchos medios, como The Guardian, The Independent oThe Washington Post, pusieron en marcha sus aplicaciones con gran éxito, pero ahora están comprobando cómo pierden usuarios poco a poco. ¿Pór qué?
Primero, porque tu amigo, el que te sigue, puede llegar a pensar que lo tuyo es spam del bueno. Segundo, porque si decide pinchar en el artículo que has posteado, es posible que le pidan que se registre o se instale algo (aunque hay quien ha solventado este problema). Y eso no gusta nada. Tercero, porque la implantación de la filosofía ‘quiero saber qué hacen los demás’, que ha copiado Twitter, no acaba de cuajar. Cuarto: ¿no escarmentamos con Farmville?
Últimamente he tenido varias experiencias con Yahoo News. No es porque yo use la app, es porque de repente me he sorprendido comprobado cómo personas a las que conozco -yo no tengo muchos amigos en facebook- leen cosas como “Silvina Escudero habló de las fotos sexuales con su novio”. Me parece bien, que lean lo que quieran, pero no tengo por qué saberlo, a menos que la persona en cuestión lo comparta por algo especial o porque es un contenido de calidad.
Cuando ese tipo de informaciones compartidas ‘sin querer’ se convierten en norma o están configuradas por defecto (se pueden ocultar), pueden producir rechazo. Y uno aprende a ignorarlas. Explica John Herrman, de BuzzFeed, que el volumen de usuarios o lectores sociales está experimentando un bajón notable en los últimos meses, incluso en relación a ciertos contenidos como los de Daily Motion (vídeos), según los datos que saca de AppData.com.
Las cifras de The Washington Post, por ejemplo, son bastante preocupantes. En el último mes, este medio ha perdido 8,2 millones de usuarios sociales activos mensuales.
No solo es eso: ¿dejarías de seguir a un amigo cuyas actualizaciones son solo un feed de cierto medio o sección de noticias raras de un portal cualquiera? Hay algunos que sí lo hacen, de ahí las gráficas demoledoras. De fondo, claro, subyace el asunto del pago por contenidos o su gratuidad, según Jeff Bercovici, de Forbes, aunque ese es un tema bastante más profundo.
Hay presentaciones de trabajo más allá de un power point a secas en una sala con problemas técnicos, aunque últimamente se hayan puesto de moda…
El contenido pone en contacto a las personas, laboralmente hablando; al menos es lo que opina Deep Nishar, directivo de la red social profesional LinkedIn, que ha anunciado que su empresa acaba de comprar SlideShare por 118,75 millones de dólares.
SlideShare es una aplicación web que permite subir a Internet presentaciones -vale también para vídeos, PDF, etc.- sin tener que depender de archivos concretos y posibilita compartir esos trabajos con otros usuarios, si es que se quiere. De ahí su enorme utilidad.
Tiene 60 millones de usuarios mensuales -según sus datos-, 7,4 millones de presentaciones alojadas y sus dueños alardean de que la Casa Blanca es fan. Ambas plataformas ya eran amigas hace tiempo, pero ahora ya tienen derecho a un roce mucho mayor.
Os dejo la presentación con la que han comunicado este interesante movimiento:
Tengo muchos amigos que nunca han tenido perfil en una red social. Pero también tengo otros que usan algunas que no creeríais. Yo estoy en el medio. Soy periodista y formo parte de la sección de actualidad de 20minutos.es. Pero como Internet es mi trabajo, me fijo en lo que aquí ocurre. Este blog pretende curiosear, sorprenderse y conversar.
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