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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

¿Por qué hace falta hablar de la bisexualidad?

Isabel Portero y Esperanza Montero (@espemont), son activistas y directoras del “Estudio de Bifobia en España” de Cogam.

Hace un par de días, el 23 de septiembre, celebramos el día de la visibilidad bisexual en el año que la FELGTB ha señalado como el Año de la Visibilidad Bisexual. La bisexualidad, o plurisexualidad, es la capacidad de sentir atracción emocional, sexual y/o romántica por personas de más de un sexo y/o género. No necesariamente de la misma manera, al mismo tiempo o con la misma intensidad.
Las personas bisexuales nos hemos visto sometidas a una invisibilidad sistemática aunque hayamos pertenecido siempre al movimiento LGTBI (no siempre con la B existente en todos los colectivos, pese a nuestra pertenencia no siempre visible a ellos). Por ejemplo, Brenda Howard, que organizó la reunión aniversario de un mes en honor del levantamiento de Stonewall era bisexual.

Una de las acusaciones más frecuentes a las personas bisexuales es que se trata de una fase, cuando un estudio longitudinal de mujeres de las minorías sexuales (lesbianas, bisexuales o sin etiqueta) encontró que, en más de 10 años, más mujeres adoptaron identidades bisexuales / sin etiquetar que las que renunciaron a estas etiquetas. De las que comenzaron el estudio identificadas como bisexuales, 92 se identificaron como bisexuales o sin etiquetar 10 años más tarde, y el 61% de las que comenzaron sin etiqueta, se identificaron como bisexual o sin etiqueta 10 años más tarde. Lo que demuestra que la bisexualidad no es una fase temporal o un capricho*.

La negación a nuestra identidad se produce de manera frecuente, como una forma de bifobia (discriminación hacia las personas bisexuales). Así como la exclusión bisexual, marginación bisexual o la existencia de estereotipos negativos, como alerta el Informe de Bisexualidad de la Open University realizado en Gran Bretaña.

La bisexualidad es difícil de demostrar públicamente, puesto que en el imaginario popular, dos mujeres que mantienen una relación automáticamente se catalogan como “lesbianas”, o dos hombres que mantienen una relación se catalogan como “gays”. Esto obedece a la lógica binaria de ser gay/lesbiana o heterosexual, como si no existieran muchas otras orientaciones, que dentro del movimiento LGTBI se amparan bajo el paraguas bisexual/plurisexual. 

Tenemos que elegir, nuestra orientación no existe, no es válida, madura o socialmente aceptable.

Es patente la falta de referentes para las personas bisexuales o la una representación errónea de bisexuales en las historias de ficción o con un componente de bifobia. Personajes que inicialmente se definen como bisexuales pero deciden su verdadera orientación cuando encuentran a una pareja estable o que hablan de su orientación en el eje soy gay/lesbiana o soy heterosexual o cuyo entorno les fuerza a decidir entre las dos orientaciones. Ejemplos como la serie Glee, que obtuvo reconocimiento como serie LGTBIfriendly, mostraba capítulos donde un personaje debía aclararse entre ser gay o hetero o en la afamada Orange is The New Black, que está formulada en clave lesbiana-hetero, pero en la que no se habla de la bisexualidad, pese a que la protagonista y muchos otros personajes hayan mantenido relaciones emocionales, sexuales y/o románticas con hombres y mujeres.

La invisibilización y negación suponen consecuencias para la población bisexual: para la salud física pero especialmente para la mental. En el avance del primer estudio nacional sobre bifobia, realizado por COGAM, encontramos que las personas bisexuales han pensado en el suicidio en el último año tres veces más que los heterosexuales, dos veces más que los gays y 4,5 veces más que las lesbianas). Un 3,2% de las personas bisexuales ha intentado suicidarse en el último año, 5 veces más que las personas heteros, 3 veces más que las lesbianas y dos veces más que los gays.

Por supuesto que es un problema. Un problema social. Un problema político. Un problema al que no se le están dedicando los recursos suficientes: ni en medios, ni en concienciación, ni desde luego en educación. Un problema invisible pero con consecuencias claras para la población involucrada. Y, desde luego, un problema que va más allá del 23 de septiembre, día en el que hablamos de esta invisibilidad bisexual, que se perpetúa a lo largo del año

Fuentes:

*Informe de Invisibilidad Bisexual. Susan Ulrich. Editado por la Comisión de Derechos Humanos de San Francisco (2011); Informe sobre Bisexualidad. Meg Barker, Christina Richards, Rebecca Jones, Helen Bowes-Catton y Tracey Plowman. Editado por la Open University

1 comentario

  1. Dice ser brutitis humana

    Que no, que no.
    Que no se puede hablar de libertad sexual mientras absurdos como Instagram o Facebook censuran los pezones femeninos.
    Esa enfermiza fijación contra lso pezones no es de gente inteligente ni racional. Que no, que el sexo sigue siendo un tabú, una asignatura pendiente. Que no somos racionales, que el ser huamno no es racional, que no. Que se lleva más por el fanatismo y la absurda idea de temor. El ser humano ama la represión si con ello le brindan la idea de seguridad. Que no, que este planeta no es libre, que no. Que todavía hay mucho cerebro que no ha evolucionado. Que no, que si duces culo teta pene vagina en al tele te pueden advertir. Que no, que el ser humano es una mente cerrada, vacía, hueca, creída. Que el cuerpo lo odian, lo censuran, lo tienen por cosa maligna. Que así no se puede, que son más bestias que las bestias.

    25 septiembre 2016 | 20:12

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