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Paso al frente de la Comisión Europea: no más discriminación LGBTI

Por Enrique Anarte (@enriqueanarte)

Europride Amsterdam 2016 / Foto: EFE

Europride Ámsterdam 2016 / Foto: EFE

La Comisión Europea ha salido del armario este verano para estar del lado de quienes defienden la igualdad y la diversidad. El pasado 5 de agosto, el Ejecutivo comunitario lanzó una ambiciosa campaña para combatir la discriminación por motivo de orientación sexual e identidad de género.

El primer gran gesto no se hizo esperar: al día siguiente, la comisaria de Justicia, Consumidores e Igualdad de Género, Věra Jourová, se dejó ver en la famosa Marcha del Canal de Ámsterdam, que este año ha celebrado el Europride. La conservadora checa, que tiempo atrás había dicho ser demasiado vieja y conservadora para participar en algo así, ondeó la bandera europea junto a la arcoíris a bordo de la embarcación de la Comisión que, por primera vez, se unía al evento.

Más allá de la presencia de Jourová en el Orgullo europeo, la campaña puesta en marcha para el período 2016-2019 se basa en una serie de acciones que tienen como objetivo explícito la defensa de los derechos humanos de las personas lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI), así como luchar contra la discriminación que estas sufren dentro y fuera de las fronteras comunitarias. En concreto, la “Lista de acciones de la Comisión para avanzar en la igualdad LGTBI” tiene los siguientes apartados:

  • Mejorar los derechos y garantizar la protección legal de las personas LGTBI y sus familias en las áreas clave de las competencias de la Unión Europea (UE).
  • Supervisión y aplicación de los derechos de estas personas ya reconocidos por la legislación comunitaria.
  • Llegar a la ciudadanía para promover la diversidad y la no discriminación.
  • Apoyar a los actores clave responsables de promover la igualdad de derechos para las personas LGTBI en la UE.
  • Promover la recolección de datos sobre la situación del colectivo en la UE.
  • Introducir las cuestiones LGTBI en la dimensión exterior de la UE, tanto en lo relativo a posibles ampliaciones como a las relaciones de vecindad y con terceros países.

El paso adelante de la Comisión llega en un momento de impresiones contradictorias en lo que concierne a la implicación institucional y política en la UE con los derechos humanos de las personas LGTBI. Si tradicionalmente, con la excepción quizás del Parlamento Europeo y órganos como la Agencia de Derechos Fundamentales, las instituciones comunitarias habían ignorado en gran medida la realidad de la homofobia y la transfobia, en los últimos meses se han registrado movimientos esperanzadores para quienes trabajan para introducir los derechos LGTBI, así como otras dimensiones de los derechos humanos, en la agenda bruselense.

Así, el pasado mes de junio, los ministros de Empleo de los Estados miembros aprobaron en el seno del Consejo unas conclusiones contra la discriminación de las personas LGTBI, lo cual se trata de un éxito irrefutable, aunque quedó empañado por una peligrosa petición de respeto hacia las competencias, las entidades nacionales y las tradiciones constitucionales de los socios comunitarios.

Y, sin embargo, numerosos países de la Unión han iniciado desde hace ya meses un viaje al pasado, embarcándose en una retórica del odio y el estigma que deja en pañales ese ideal europeo del progreso lineal. La Europa autocomplaciente sembró en su seno derivas de otra época y hoy no solo recoge su cosecha en el Este y a orillas del Báltico, sino también en forma de la instrumentalización de nuestros derechos contra otros grupos vulnerables, como minorías religiosas o étnicas, personas migrantes y refugiadas, etcétera. En este sentido, los propios socios comunitarios son el mayor obstáculo que hoy afronta la Unión como realidad y proyecto, pero también lo son para quienes no están dispuestos a capitular en su defensa de los derechos humanos.

Todo ello ocurre en un contexto en el que impera un euroescepticismo que solo puede ser dañino para las personas LGTBI. Sin duda, parte del reproche que hace la ciudadanía a las instituciones comunitarias es legítimo, sobre todo a raíz de determinadas cuestiones relativas a la gestión de las soluciones a la última crisis económica, pero el resto no lo es. Quienes trabajan aquí, en Bruselas, en defensa de la diversidad sexual y de género saben que la gran batalla está ahora en Bratislava, que ejerce ahora la Presidencia rotatoria del Consejo. Es allí donde se van a levantar fronteras a los derechos humanos, donde se negociará con el odio y la intolerancia, donde todavía los líderes más retrógrados (pero también los que con su silencio son cómplices de la injusticia) pueden imponer condiciones a la igualdad.

No se trata de alabar la decisión de Jean-Claude Juncker, Jourová y el resto de su equipo de apostar de una vez por todas por los derechos humanos. Ojalá lo hubieran hecho antes. Y sí, ojalá el próximo Europride veamos al Presidente de la Comisión ondeando la bandera de la libertad. Ojalá también que la hoja de ruta que acaban de presentar haga explotar la burbuja comunitaria e impregne cada directiva, comunicado o presupuesto. O que el barrio europeo de Bruselas deje de ser un castillo en las nubes y se convierta en un refugio para cada persona perseguida, discriminada o agredida por vivir sin mordazas.

Creo que estamos de acuerdo en que el camino por recorrer todavía es largo. Pero una historia de décadas de resiliencia debería habernos enseñado a identificar aliados en tiempos difíciles. La Comisión dista de ser un paladín contra la norma binaria y heterosexual, pero por ahora ha decidido darnos la voz que antes nos había negado. Bienvenida sea.

5 comentarios

  1. Dice ser jose

    Para que se sepa yo no apoyo que la unión entre hombre y entre mujeres sea considerado como un matrimonio. El cosmos tiene sus leyes y la humanidad no puede saltárselas, porque se buscará la destrucción.

    17 agosto 2016 | 12:25

  2. Dice ser Juan

    en europa hay mas discriminación por ser religioso que por ser gay etc… basta ya de ir de victimas

    17 agosto 2016 | 15:38

  3. Dice ser Juan

    en europa hay mas discriminación por la religion que por ser gay etc… basta ya de ir de victimas, que estamos hablando de europa!

    17 agosto 2016 | 16:03

  4. Dice ser Cari

    1. Dice ser Jose:

    ¿Entre hombre y entre mujeres?. Lo suyo no es la gramática y tampoco el conocimiento de su propia lengua. Le pego uno de los significados de matrimonio, según nuestro diccionario:

    Matrimonio: 2. m. En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

    Las leyes del cosmos, no se si reír o llorar, usted rezuma ignorancia y prejuicios.

    17 agosto 2016 | 17:44

  5. Dice ser Parranda

    Cuando os agredan o insulten por ir de la mano con vuestra novia (en caso de ser hombres) o novio (en caso de ser mujeres) hablamos. Mientras tanto, a callar. Bocachanclas.

    18 agosto 2016 | 09:57

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