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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

El fuego en el que ardo: una historia de esperanza frente a la violencia homófoba

Como cada mes, Nieves Gascón (@nigasniluznina), nos adentra en lecturas que nos atraviesan con su realidad y atravesamos con nuestra imaginación. Esta vez de una novela juvenil que se presentará en Madrid el 3 de febrero y cuyo tema está (lamentablemente) muy de actualidad.

Mike Lightwood, es el autor de'El fuego en el que ardo'

Mike Lightwood, es el autor de ‘El fuego en el que ardo’

Ser gay es una mierda. En serio. Una puta mierda.

¿Todas esas películas y series que te cuentan lo maravilloso que es ser gay, vivir rodeado de compañeros heteros modernos en el instituto que te aceptan como eres y padres que te quieren incondicionalmente?. Todo mentira.

 La realidad no es esa. Al menos, no es mi realidad.

Mi realidad es sangrar cada día a escondidas. Mi realidad consiste en morir lentamente mientras nadie se da cuenta.

Mike Lightwood (16, 2016)

 

Es complicado “salir del armario” en nuestro orden sociocultural patriarcal. Pero es más complicado en pequeños pueblos o comunidades donde los valores heteronormativos tradicionales perduran sin dejar espacio a la diversidad afectiva y sexual. Ser invisible no deja de formar parte de la realidad, aunque en determinados espacios relacionales se les rechaza, no se le presta apoyo y la diversidad mal pervive en un ambiente hostil y violento.

Esta es la situación descrita en el libro que escogemos para este mes de febrero: El fuego en el que ardo’. Su autor es Mike Lightwood. Y ha sido publicado muy recientemente (el pasado 18 de enero) por la Plataforma Editorial Neo. El próximo día 3 de febrero se presentará en Madrid en la Casa del Libro de Gran Vía.

Una historia con un inicio impactante que engancha hasta el final. Nos mete en el mundo emocional, físico, familiar y relacional de Oscar, un chico gay de 17 años, víctima de un constante e insoportable acoso escolar, que va desde el rechazo con insultos, intimidaciones y amenazas verbales e incluso por correo electrónico, hasta las más terribles humillaciones y cruentas agresiones.

El autor, en un lenguaje muy claro y directo, nos envuelve de la vida de Oscar, que en primera persona narra todo lo que le sucede, hasta introducirnos en su propia piel y sentir el dolor de la violencia y de sus comportamientos autolesivos que le permiten -a través de la aguda experiencia del dolor físico- el poder sustituir al gran daño psicológico que sufre. Esta conducta la mantiene el protagonista como un lastre que genera alivio y adicción, ante tan dura experiencia vital.

Por el contrario, Oscar cuenta con el apoyo de su madre, su hermana María, su amigo y compañero incondicional (Fer), la novia de éste, de Sergio (su amor) y la complicidad de la profesora de inglés, Ana. Con todos ellos y ellas comparte sus vivencias como víctima de acoso escolar y de violencia familiar derivada de las constantes humillaciones y agresiones de su padre, que igualmente ejerce violencia de género contra su madre. La amistad, el amor, la comunicación y el entendimiento constituyen el apoyo clave para el cambio y superación.

La historia se desarrolla en tres partes, cuarenta y ocho capítulos cortos, con puntuales ilustraciones a lápiz carboncillo e introduciendo algunas páginas negras con escritura en blanco, a modo de negativos fotográficos, que rescatan vivencias del pasado en un visual flashback de hechos y conversaciones significativas en colación con el hilo de un tiempo argumental en presente.

Resultan originales los diálogos de WhatsApp (incluidos los emoticonos), los mensajes en Twitter y los bloggers. Todo ello acompañan y completan la historia dando una dimensión muy actual y digital a la historia de Oscar. Igualmente el relato contiene citas cinematográficas (‘Harry Potter’, ‘The Perks of Being a Wallfower’ o ‘Las ventajas de ser un marginado’) referencias literarias, así como estrofas de poemas de canciones en inglés y castellano, al comienzo de cada capítulo introduciendo la posibilidad musical que inspira como fondo a cada una de las partes.  La constante mención a la música y versos de María Villalón, hasta en el título del libro (‘El fuego en el que ardo’), pasando por múltiples y actuales propuestas de canciones de Madonna, Adele, t.A.T.u., Troye Sivan, el recién desaparecido David Bowie y una largo listado que invita a acompañar auditivamente y con más sentidos, la lectura de este relato.

Tras leer la novela solo puedo hacer lo mismo, invitarles a ustedes -superando la enorme tentación de desvelar más detalles de su envolvente contenido- a que lo hagan. Absolutamente recomendable, en especial, para adolescentes y jóvenes como una rica experiencia empática y trasmisora de valores de esperanza y cambio en situaciones en las que frente al acoso es difícil encontrar alternativas.

Por último, insisto en agradecer y destacar  la aportación que supone la creación literaria con contenidos de diversidad sexual y afectiva, en las que se puedan mirar e identificar miles de chicos y chicas que no han de recurrir a la infinita creación literaria heteronormativa, para aprender y disfrutar de cercanas historias llenas de amor, amistad, emociones y conflictos que directamente conectan con su realidad y expectativas. Es una gran oportunidad que la diversidad sea cada vez más visible en todas las manifestaciones artísticas aportando y construyendo de esta manera, una cultura y sociedad en paz.

¡Hasta pronto!

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