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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Amor en lata para lesbianas

Por Laura Ramírez ()

Amor de lesbiana/Foto: Laura Ramírez Martín

Amor de lesbiana/Foto: Laura Ramírez Martín

En 1961 Piero Manzoni metió una porción de mierda en una lata, la cerró y colocó una etiqueta en varios idiomas: inglés, francés, italiano y alemán: Mierda de artista. Contenido neto: 30 gramos. Conservada al natural. Producida y envasada en mayo de 1961. Luego firmó y numeró 90 latas. Convertía así su cuerpo en fábrica de productos de arte y las latas de mierda en pieza de museo. Les puso como precio la cotización del día del oro y con esto y sin bizcocho cuestionaba la mercantilización absurda del arte. Hale, mierda enlatada para todo quisqui.

Dejando al margen asuntos de mercado y llevándome la lata al terreno que me ocupa en este blog, me apropio exclusivamente del proceso de enlatado, cambio mierda por amor, lo precinto, lo etiqueto y… lo mismo, a repartirlo por el mundo. Como decían en los 70’s, lo personal es político.

 Amor en lata para lesbianas (o cómo convertir a una lesbiana en tu amante):

Lo primero es no atosigarla. No se trata de darle la lata entera, sino solo lo de dentro así que lo mejor es ir abierta. O proporcionar un abrelatas, eso ya depende de cómo funcione tu rollito seductor.

El ritual de cortejo y apareamiento de la lesbiana común va de ternura, no es una batida de caza. La aprendiz de amante puede comenzar por el poema de Txus García ‘Arte práctico de hacerse interesante al bello sexo’. Maravillosa estrategia de acecho de puntillas a base de besos de doble filo.

Quien algo quiere… ya sabe, así que toca exponerse y para ello afrontar el miedo que seguro sentirás. Has de saber que no existen amantes miedosas, ya lo dice la canción: Los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan ahí…

Cuando ella llame a tu puerta, abre y asoma por el hueco que vas dejando la mejor sonrisa que puedas encontrar. Si además te brillan los ojos, mucho mejor. No necesitas abrirla de par en par pero eso sí, cuida de que quede siempre a medio abrir y no a medio cerrar: Parece lo mismo pero es más bien lo contrario.

Acabas de cobrar presa. Lo demás es quererla querer y ella también. Y cuidar un par de cosas.

Tu amante te necesita en condiciones favorables, así que has de disponer de esas condiciones. No puedes dar nada que no tengas ni pedir nada que te complete. No caigas en esa trampa. Y todo lo que te de tómalo como un regalo porque lo es, uno bien grande. Libérate de la expectativa. Es amor, querida amante…

No esperes.

No exijas.

No le des nada que no quieras dar.

Ve a verla solo porque sí.

El alimento de las amantes lesbianas es el encuentro, y el momento su hábitat natural. Es aquí donde mejor se mueven, es ahora cuando se aman, la misma palabra lo dice. El encuentro es a tiempo completo; la entrega, dedicada; la presencia, total. Se ofrece contacto. Abrazos y besos. Quiérela durante el tiempo que estés con ella. Nada más. Y nada menos.

Por lo tanto y si no eres una experta, una recomendación: nunca duermas con ella. Entrégale lo que quieras pero no a ti. Dormir te pone a soñar. Es demasiado íntimo, demasiado expuesto, corres el peligro de enamorarte de mala manera. Y las buenas maneras son necesarias también fuera de la mesa.

Has de aprender de medidas, de espacios, de dimensiones; conocer los límites, colocarlos, saberte en ellos a uno y otro lado y respetarlos. El equilibrio es crucial. O te pasas o quedas corta y se enfanga o se diluye. Hay que ir echando los polvos necesarios al caldo de tu cultivo para obtener la fluidez deseada, ni más ni menos.

Tu amante no es tu refugio aunque estarás maravillosamente a salvo.

No es tu casa aunque te hará sentir allí.

No es tu tabla de salvación aunque te encontrarás protegida.

No es un hombro para llorar aunque las lágrimas son absolutamente bienvenidas.

No es tu fuente de calor aunque la sentirás necesariamente cálida.

Tu amante no quiere conocer a tus amigos ni por supuesto, a tu madre. Te quiere a ti, poco más y todo eso.

Tu amante nunca te llevará sopa caliente a la cama en tu resfriado. Las amantes no saben nada de gripes ni tienen por qué saber. Lo suyo es otro calor. Saben de risa, de placer, de abrazos; de desarroparte violentamente, de hacerte amar el amor. Te besan en varios idiomas. Saben de lenguas, de bocas, de labios. De caricias y de piel. Sobre todo de piel.

Gánate el derecho de llamarte amante: dice Mireia Sallarés que los orgasmos, como la tierra, son de quien se los trabaja.

Dile todas y cada una de las veces que lo pienses lo guapa que está porque lo estará, será la más bella y es necesario que lo sepa.

Escríbele que la piensas cuando la pienses. Que te gusta cuando te acuerdes y sonrías. Que la ves aunque no tengas ninguna foto.

Tu amante siempre tiene razón, como el cliente y si no quiere verte no necesita razones; ni preguntes. No hay explicaciones para las amantes.

Que sobran las palabras es mentira, pero mejor no te las creas. Las palabras sirven más para jugar, para susurrar mentiras de verdad al oído, para escribir tontunas en un blog. Para saber se requiere la mirada mutua. Mírala y que te mire, y lo que sientas es todo lo que necesitas.

Haz el favor de utilizar bien los tiempos verbales, no puedes hablarle de los besos que te daba sino de los que te que te dio. Nada de tiempos que impliquen continuidad o te acerquen hechos del pasado: el pretérito perfecto compuesto solamente en grado experto. Para estados iniciáticos, está el pretérito perfecto simple, que todo empiece y acabe. Olvida las hipótesis del subjuntivo.

Acentúa los te quieros, coloca como es debido las comas. Aprende del exceso de Josefa Parra, para los altos después de cada encuentro. Piénsate cada vez si los puntos son aparte o si los quieres seguidos. Evita lo cursivo. Quítale las mayúsculas a su nombre.

Si por un casual llevas arena en los bolsillos vigila tus agujeros, que no se te escurra nada o acabaréis las dos sepultadas en el montón. No se te ocurra contarla. En caso de que suceda añádele rápidamente cal a partes iguales. Lo demás es humedad y esperar a que fragüe. Piénsate, amor, si queremos tanto.

Y cuando no quieras quererla cógele de la mano y házselo saber, que no está bien hacer esperar a las damas.

En este negocio no hay garantías, si el momento coincide será maravilloso, si no, no puede remediarse. Lo dijo Fritz Perls. Y el muy cabrón tiene razón.

Y durará lo que dure. Puede que siempre. Puede que se acabe hoy. Lo que sea es lo que será y lo mejor es aceptarlo con elegancia existencial. En cualquier caso no te suicides, puede que la otra solo se esté haciendo la muerta. A ser amante, queridas, se aprende siéndolo, amando. Y dándose de bruces con la vida.

Así que si a pesar de todo la cagas, que no sea fuera del tiesto o en este caso de la lata. Ciérrala de nuevo, cámbiale la etiqueta y reflexiona sobre tu obra. Luego descansa, recupera y olvídate: Otro día lo harás mejor, con ella o con la siguiente.

Lo único seguro es que esa lata valdrá algún día su peso en oro.

 

Manzoni dedicó su obra a indagar sobre el arte y los artistas. Dicen que sus latas siguen todas sin abrir y se especula sobre su contenido real. Estas son mis latas a día de hoy.
Me preguntan por qué escribo tantos versos de amor
(…)
El navegante habla de los vientos,
el labriego de los bueyes,
el soldado cuenta sus heridas,
el pastor las ovejas;
yo, en cambio, trabo batallas de amor
en un lecho íntimo: que cada cual pase su vida
en el oficio que domina
Propercio

3 comentarios

  1. Dice ser Obskuro

    ¡Me encanta! y lo suscribo al 100%

    16 noviembre 2015 | 11:00

  2. Dice ser Elena

    Qué bonito, Laura…..

    16 noviembre 2015 | 22:07

  3. Dice ser Txus Garcia

    Maravilloso texto, preciso, precioso, incisivo, tierno y cruel a la vez. ¡Quién volviera a ser amante!

    17 noviembre 2015 | 13:01

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