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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

No solo duelen los golpes

Lucía Rodríguez Sampayo (@rs_lucia), colaboradora habitual de nuestro blog, mencionando el tema de la violencia intragénero… que lamentablemente también se da.

Fotografía de Jorge París

Fotografía de Jorge París

Duelen las relaciones de poder, el control, los celos, la manipulación. Eso es lo que cuenta Pamela Palenciano en un monólogo que fui a ver hace un par de semanas al Teatro Nacional de San Salvador, y que precisamente se llama “No solo duelen los golpes”.

“No sólo duelen los golpes” es la vida de Pamela, quien se deja la piel y la vida en cada función, en cada taller, en cada encuentro en el que, sin más compañía que su propio cuerpo, sus emociones y el trabajo de muchos años, cuenta su historia. La historia de una pareja de adolescentes, que muchas podrán leer como una relación de amor loco, apasionado, muy propia de la edad. Porque no había golpes. Pero fue una historia que dolió durante años… y el amor no duele.

Conocía la historia, incluso había visto ya la obra. Y me impactó como a cada persona que la ha presenciado. Porque es duro verte a ti misma en esa historia, de un lado o del otro. Es duro reconocerte en su mirada triste, desoladamente triste, al despedirse de la persona que le hizo daño.  Es duro recordar dolor donde creías que había amor. Y el amor no duele.

La historia ocurrió en España, pero tiene la misma vigencia en El Salvador (y en la India, en Chile o en Bulgaria). La historia ocurrió entre un chico y una chica, pero… ¿también ocurre entre chicos, entre chicas?

Pamela, ese domingo caluroso en que fui a verla al teatro, lo dijo claro. El problema de partida es que los chicos se ubican “ahí arriba”, en la superioridad de su género y su sexo, y las chicas “aquí abajo”. Así construimos todas las relaciones, también las de pareja. Y a veces también se construyen así las relaciones entre dos hombres, entre dos mujeres.

Lo he visto, lo he escuchado, lo he vivido de cerca y de lejos. Mujeres que dicen amarse, respetarse y cuidarse mutuamente, y que replican relaciones de poder, de control, relaciones que duelen. Porque resulta más fácil identificar la agresividad y la violencia de ellos cuando te has pasado media vida peleando contra el sistema que te excluye y te niega por ser mujer, por ser lesbiana, por ser bisexual, por ser libre. Pero es muy difícil reconocer que también nosotras, a veces, nos aprovechamos del poder que circunstancialmente tenemos y somos violentas, agresivas, controladoras. Que a veces esperamos que nuestra pareja sea celosa, controladora, y nos demuestre así su amor sin límites. Y es muy difícil reconocer que existe la violencia contra las mujeres en el seno de relaciones entre mujeres. Difícil reconocer que, aunque la hemos analizado y criticado, quizás no hemos llegado a cuestionar de forma genuina el poder que los hombres ejercen contra nosotras, y a veces nos limitamos a cambiar de posición, situarnos “ahí arriba” y replicar las actitudes y comportamientos propios de las estructuras del poder patriarcal (tal y como lo describió Marcela Lagarde).

Soy consciente de que la violencia contra las mujeres la ejercen mayoritariamente los hombres. Soy consciente de que son pocos los casos de agresiones de una mujer contra su pareja, también mujer. Soy consciente de que nosotras, como colectivo, hemos trabajado mucho más nuestras relaciones, nuestros posicionamientos, nuestro ejercicio del poder, la exigibilidad de nuestros derechos y el respeto a los derechos de otras y otros. Pero no es una cuestión de números. Y merece la pena que sigamos trabajando, revisando, repensando, y sobre todo que no cerremos los ojos y que seamos capaces de reconocer la existencia de esta problemática. Para no replicar ese sistema que nos excluye y que rechazamos. Para apoyar a quienes están viviendo esta situación. Para demostrar con nuestro ejemplo que se pueden construir relaciones sanas y felices. Y que el amor no duele.

 

(Pamela y su “No sólo” estarán de gira en España en el último trimestre del año. No os la perdáis!)

3 comentarios

  1. Dice ser El_Soberano

    Bien. Bieeeen.

    Aplaudo tu artículo. Al fin sale alguien en este periódico (aunque sea a través de blog), a tratar el tema de violencia de PAREJA. Si una persona maltrata a otra, lo hace por poder y sumisión.

    En general, machismo no hay tanto como nos hacen ver. Cuando un hombre pega a una mujer, la mayor parte de las veces es para conseguir sumisión, pero NO necesariamente es machista.

    Machista es si dice “como eres mujer, eres mía y debes obedecerme”.
    Sin embargo hay un matiz muy importante entre decir eso, y decir, “como eres mía, debes obedecerme”.

    En este segundo caso hay poder, dominación y crueldad. Pero no machismo. No se trata de dominar al otro por su sexo, sino por la dominación en sí. Ahora, en esta segunda situación, cambiemos cualquiera de los dos componentes (o ambos) de sexo. ¿Qué diferencia tenemos? Ninguna. Hay un bastard@, que domina a una víctima por fuerza, chantaje o manipulación. Ya está.

    Luego, podemos agravar la condena por violencia, o porque realmente hay sexismo. En el caso de los homosexuales no puede haber agravante sexista al ser de idéntico sexo, pero sin embargo DEBE, y DEBE TRATARSE IGUAL que uno de los muchas veces mal llamados “casos de violencia machista”.

    Si eres mujer y tu novia te pega, no está siendo machista. Está maltratándote. Y si eres hombre y tu novio te pega, igual. Lo mismo que si eres hombre y tu mujer te pega. O en cualquiera de los casos, si te maltrata psicológicamente o abusa de ti de cualquier forma.

    En este terreno si que tenemos que avanzar en igualdad, y hay que hacerlo todos juntos. Porque ciertos lobbys pro LIVG, tratarán de impedir esa igualdad para seguir cobrando pasta de las subvenciones.

    Tenéis mi apoyo (incluso siendo un calvorota conservador) en esta lucha.

    31 julio 2015 | 10:36

  2. Dice ser M

    A mi hay muchas cosas que también me duelen.
    Que se me discrimine por mi sexo y que se me quite la presunción de inocencia.
    Que de los otros abusos no se hable en la prensa.
    Que me separen de las personas que mas quiero y que solo las pueda ver de vez en cuando.
    Que tenga que aportar todo el esfuerzo de mi trabajo para que otras personas tengan para vivir mientras con lo poco que me quede lo mio se defina como subsistir.
    Que parte de mis pertenencias ahora sean de otro.

    Y todo sin tener en cuenta si eres bueno o malo simplemente por adecuar las leyes a agrado de otro colectivo.
    Simplemente me despido con un : SIENTO HABER NACIDO HOMBRE.

    31 julio 2015 | 11:29

  3. Dice ser YO NO SIENTO HABER NACIDO HOMBRE

    No es que sea “muy difícil reconocer que existe la violencia contra las mujeres en el seno de relaciones entre mujeres”, es que NO INTERESA. Lo mismo que no interesa darle demasiada publicidad cuando una mujer tira a su bebé al cubo de la basura, o maltrata a su pareja hombre o a sus hijos. Y no interesa, sencillamente, porque tanto la ley integral contra la violencia de género como buena parte de los movimientos feministas lo único que persiguen es criminalizar al hombre. Basta con ver a las boceras de muchos de estos grupos, son lesbianas que han odiado desde siempre a los hombres (no me estoy refiriendo a la escritora del artículo, a la que agradezco su valor) y que utilizan en feminismo como escusa y escudo para poder verter impunemente todo su odio contra el hombre.

    31 julio 2015 | 12:17

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