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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Una ley que no te obliga a divorciarte

Por Nayra Marrero (@nayramar)

Fotografía de Paola Kizette Cimenti

Fotografía de Paola Kizette Cimenti

María viene de un país en el que no podía casarse ni ser ella, y vive en un país en donde pudo casarse siendo quien no era.

María es lesbiana, pero a España (el país donde reside) no le consta. Ni le consta María como tal, aunque se haya casado en Madrid con su mujer y tengan un libro de familia común. María, es extranjera, colombiana, y como tal, no tiene derecho a ser María en España. No en los papeles, no hasta que se nacionalice. María es transexual y para este país es un señor casado con su señora, lesbiana también ella, aunque no les conste.

Las personas transexuales migrantes en España no tienen derecho a que la documentación que genera este país para ellas (su tarjeta sanitaria o su matrícula en la universidad, por ejemplo) registre su sexo sentido y el nombre en el que se reconocen. Lo mismo pasa con las y los menores trans, que sólo tienen derechos (y relativos) en las comunidades autónomas que han decidido mirar sus realidades y regularlas.

Desde hace sólo unos días Colombia reconoce el derecho al cambio registral para las personas transexuales, sin que sea necesaria una evaluación médica o psiquiátrica (un avance respecto a la ley española que sigue requiriendo un diagnóstico que patologiza una realidad que no debería considerarse una enfermedad).

María podrá cambiar su documentación allá, o esperar a que el matrimonio le genere derecho a nacionalizarse española y tras hacerlo, modificar su documentación acá. María podrá al fin ser María dejar atrás ese nombre escrito en su documentación y al que ya sólo responde si le llama su padre, por evitar problemas. Y  de esta forma, la modificación de la ley de matrimonio que cumple en unas semanas diez años y que no sirvió para casar a María y a su mujer tendrá por fin sentido en sus vidas, porque les permitirá seguir casadas.

En Europa aún hay 19 países que obligan a divorciarse a las personas transexuales casadas si quieren ver reconocidas legalmente su identidad. Da igual que, como en el caso de María, su mujer la quiera tal y como es, y desee seguir casada: en 19 Estados europeos el divorcio forzoso es condición sine quanon. No querría ver a María en la posición de tener que elegir si ser quien ella o seguir casada con quien ama, la verdad.

Por suerte en este país podrá seguir celebrando su aniversario el mismo día, con plenos derechos. Unos derechos a los que accederá cuando deje de ser la extranjera a la que España no mira, la que no consta.

2 comentarios

  1. Dice ser Antonio Larrosa

    Cada cual es como es,
    aunque lo vuelvan del revés. Sin alas no se puede volar.

    Clica sobre mi nombrel

    15 junio 2015 | 09:33

  2. Dice ser gato a los mandos

    Para que lo entienda, hablamos de una persona que:

    1. Se ha casado en España y con leyes españolas utilizando un nombre que ella misma no reconoce como suyo.
    2. No está nacionalizada española, por tanto en última instancia no se rige por España, sino por Colombia.
    3. Sin embargo espera que un país que no tiene responsabilidad sobre ella, sea capaz de decidir algo tan primordial como el nombre o el sexo.

    Yo tengo la sensación de que este o es un tema LGTB o trans o de sentimientos o sentidos. Tengo la sensación de que es un tema de burocracia. Y también que es muy fácil hacer bandera de las cosas sin pensar.

    Si se hiciera lo que parece que se reclama en el post: es decir, cambiar de sexo y nombre alegremente por parte de una nación que no es la tuya sin más requerimientos que decir: eh! es que yo me siento así! podríamos tener un montón de problemas.

    Por ejemplo: Yo soy Fernando de Australia. Pero es que tengo problemas en Australia, así que vengo a España y les digo que yo me siento Isabel. Y ellos que son tan buenos me cambian en todos los papeles y ahora soy Isabel. Ale, ya he desaparecido.
    Pero no contento con eso, voy a Alemania y les digo: ¿Saben qué les digo? Que lo de ser Isabel fue una etapa. Que creo que me siento Alberto. Y ellos me cambian en todos lados y dejo de ser Isabel (y Fernando) para ser Alberto.

    Qué lío, ¿No?

    El problema de las leyes es que están pensadas para una grandísima mayoría (siempre hay excepciones), pero también hay que tener en cuenta como manejar esas excepciones (por supuesto) y tratar de absorberlas en el sistema.

    De ahí, a ponerse dramático en plan: mira que injusta es la vida que una persona colombiana no soluciona sus problemas allí y qué malos en España que no se lo dan todo hecho…

    Esto no va de sentimientos, ni de sentidos, ni de con quién te metes en la cama.

    15 junio 2015 | 10:03

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