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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Lesbianas al Photoshop: Servicio de realidad sustitutoria

                                                                      Estábamos deseando que llegará este momento, una nueva entrada de Laura Ramírez Martín y sus masterclass sobre fotografía

'Yo incrustada en una croma' - Fotografía de Laura Ramírez Martín

‘Yo incrustada en una croma’ – Fotografía de Laura Ramírez Martín

 

Hoy hablaremos de la costumbre bien antigua del ser humano de imaginarse el mundo a su antojo y de su bendita y maldita capacidad de ponerlo en imágenes y creérselo.

De siempre, por lo que sea, el ser humano ha tenido problemas con asumir la realidad en la que vive y necesita bálsamos para el alma, adaptar las apariencias, disfrazarlas y pintarlas de colores. Se ha visto además que a las imágenes se les supone verdad, como a la palabra impresa y como el ser humano es un creador, un inventor, lleva jugando al Photoshop con las imágenes desde el principio.

Para no sentirnos solos nos contamos batallitas y las plasmamos en los jeroglíficos de las pirámides, los relieves griegos y romanos, las imágenes religiosas, la pintura de palacio… hasta que puestos a inventar, nos inventamos la fotografía y ahí ya se profesionaliza el asunto. Después llegó el cine, la televisión… qué bonito el NODO, ¿eh? De la hazaña bélica a la gesta deportiva, la leyenda urbana o no, o la conquista de territorios lejanos han sido objeto de imágenes e invenciones. No te digo más que descubrimos América nosotros… y tan anchos que nos quedamos y así seguimos.

Ya desde el principio se iluminaban fotografías en blanco y negro, se enriquecían con orlas en los márgenes, se enmarcaban retratos en aureolas evanescentes, se practicaban fotomontajes a laboratorio abierto: Stalin fue el rey del escapismo ajeno en su propaganda, en sus fotos la gente aparecía y desaparecía según fuera conveniente.

Entonces el ser humano moderno y avispado comprobó que el formato digital era bueno, pintó una pared de verde e inventó el croma para gloria catódica y humana. Después instaló el Photoshop en cada ordenador personal e hizo las mieles del respetable en materia de composición y descomposición de la realidad y manipulación al gusto de las cosas y las gentes.

Y nos hemos sofisticado hasta extremos inauditos: La magia de Disney, por ejemplo, ha hecho que su creador homosexual y fumador como carretero haya inspirado no una imagen, sino todo un barrio sin desperdicio basado en la mascarada y las buenas costumbres llamado ‘Celebration’. Sólo un botón de muestra: ‘el código sobre apariencia de casas y jardines cubre 70 páginas’.

Ya hablando de la vida cotidiana de la lesbiana común, misteriosamente, en el ecosistema familiar-social de provincias hay un momento, un punto de inflexión hacia los veintitantos, desde el que ya nadie te pregunta por tu novio o si te animas a tener hijos. Tienen miedo a la respuesta. Miedo del absurdo, por puro desconocimiento. No quieren oírlo, es una interferencia que les descoloca y a ver luego.

Esto les pasa sobre todo a las amigas de las madres de lesbianas. Y a las madres de las amigas de lesbianas. A las madres en general. Ante la negativa repetida a todas sus preguntas sobre novios y futuribles acaban por claudicar. Es un acuerdo tácito generalizado según el cual acaban soltando la única posibilidad que se les ocurre, que estás mejor sola. Claro, que bajo la amplia sonrisa con que te lo dicen se esconde una lástima mal disimulada porque después sigue una risa nerviosa: Nada, mujer, si eso de los novios ya no se lleva, si vosotras sois modernas… (!)

¿Qué pensarán esas cabezas que nos pasa? ¿Qué imaginarán que hacemos? Y qué tendrá que ver, digo yo… El caso es que a partir de ahí empiezan a preguntarte mucho por el trabajo, que más vale que lo tengas porque si no, de qué coño van a hablarte.

Supongo que cada madre en cuestión va pasando por diferentes adaptaciones a sus corsés y… yo qué sé, después de vislumbrar lugares oscuros e inciertos, decidirán que somos unas raras que vivimos solas rodeadas de gatos o compartimos piso de por vida con una amiga íntima que tenemos, como en el cole.

Me gustaría mucho apartar el miedo y que me contaran dónde ven el gran problema. Lo malo es que el miedo no se aparta, no deja ver, se disfraza y le echa la culpa a cualquier otra cosa con tal de no ser nombrado. Si les preguntas en serio no saben lo que les pasa. Que si los chismorreos, que problemas laborales, que te mirarán mal… Para eso no hace falta ser lesbiana, madre, servirá cualquier pretexto así que no nos preocupemos de más. Otro botón, Suzanne Heintz.

Me encantaría saber también qué clase de realidades construye mi madre para mí, para encajarme. El lesbianismo no mencionado te recorta y te elimina del fondo pero no te da otro ¿Qué preferiría colocar, dónde querría verme? Supongo que es difícil pensar en alguien sin contexto, sin fondo, sin lugar.

Mi madre y todas las madres (y Anson) pueden soportar mi lesbianismo siempre que no se me vea. Que no vaya dando el cante, o la nota. La noto yo que respira si me ve con una falda, si me crece un poco el pelo, el día que me pinto el ojo se le ilumina la cara, como con acuarela y entonces me recuerda a una foto antigua, anacrónica.

Ayer mismo me hablaba de la puesta de largo del sábado pasado de la sobrina de noséquién, me lo contaba sonriendo pero con los ojos tristes y brillantes de puro anhelo. Una vorágine de canapés de encargo, encantadores infantes correteando y un señor cortando jamón del bueno en finca de las afueras con payaso alquilado y todo, qué tarde más agradable, oye…

Has tenido mala suerte, madre. Ella farfulló rápidamente algo de una muela dolorida que le impidió degustar los deliciosos manjares y mejores caldos, con tal de no asumir, pero las dos sabíamos que su mala suerte consiste en que ninguna de sus dos hijas, cada una por lo suyo, iba a darle nunca eso: un teatrillo, una performance, una boda pastelera, ¡una comunión o algo!

Esto deja a mi madre en un erial y sin voz con que clamar al cielo, porque en el fondo no es tonta aunque se lo haga.

Ahora bien, ella sabe perfectamente que incrustarme a mí en una celebración de leche merengada es apostar (y perder) a que el elefante se comportará en la cacharrería, a que las boqueadas del pez que sacamos del agua durarán más, a que plantar al marinero en tierra lo hará echar raíces antes del amanecer.

Mi madre y todas las madres tendrán que seguir soñándonos con fondo verde pistacho a falta de otro más conveniente o convincente, no sé si a la espera de que por fin aparezca un arcángel salvador…

Yo espero que se deje de querubines y lo sustituya en algún momento, para que pueda quedarse en paz y dejarme a mí tranquila. No es bueno tener a una hija flotando en el éter o el limbo por toda la eternidad. No es constructiva esa imagen. Y en ese verde, además…

 

Nota de la autora: “Y aquí me quedo yo en medio del verde, mal recortada porque sacar a gente de su realidad hace que se note el truco, se ven mucho las costuras, se nota la mala gana y la falta de pericia e interés en que esto (de recortarme) salga ni bien, ni decentemente.”

7 comentarios

  1. Dice ser Lico

    Como si eso solo os pasara a vosotros/vosotras. Esto es algo que le pasa a todo el mundo los padres quieren algo para sus hijos y normalmente nunca se adapta a lo que ellos tienen pensado y se han de adaptar. No conozco a tu madre o a las madres de tus amigas pero como tu bien dices no es tonta aunque se lo haga y sabe adaptarse a lo que tiene aunque no le guste o no vaya acorde con lo que querría para ti y para ella. Dale un voto de confianza a tu madre que por mucho que te quejes ha hecho , hace y hará lo indecible por ti hasta que muera.

    18 mayo 2015 | 09:20

  2. Dice ser Laura

    Buenas!

    No crees que eres un poco dura con tu madre?
    Me explico, consideras que ella te coarta? Por lo que se entiende te acepta, no te presiona.

    Aunque ella le gustaría tener una hija “normal” que haga “cosas normales”, no creo que el hecho de que ella prefiera que te vistas de una forma u otra o le haga ilusion cuando vas maquillada sea un problema tan grande.

    Entiendo que siempre las lesbianas lo tenéis más difícil, (los hombres gays están más aceptados socialmente) y tiene que ser horrible el no poder ser o hablar libremente con tu madre pero joder, se nota que aunque ella no se sienta cómoda con el tema sigue apoyándote, no te a cerrado la puerta como les pasa a muchos, no?

    Por mucho que tu te sientas así ponte en su lugar alguna vez, seguramente ella tenía su vida planeada, casarse, tener hijos, verlos casados, hacer de madre de la novia y luego ser una abuela orgullosa. Y de golpe no va a tener nada de eso. Quizás para ti no es importante pero para ella si. Y no se de donde seras, pero cuando hablas de puestas de largo me puedo imaginar en qué tipo de sitio vives así que es doble palo para ella.

    Así que si la haces feliz poniéndote un poco de rimel, o una falda cuando vas a verla me parece un precio muy bajo por la felicidad de una madre. A veces hay que bajar un poco los puños…

    Y respondo esto por lo que se entiende de la entrada. En nigun momento quiero ser irrespetuosa.

    18 mayo 2015 | 09:52

  3. Dice ser Obskuro

    Tu texto trasciende a la orientación sexual.
    Me pongo en el lugar de mi madre que hubiera querido ser abuela y que viviera un poco más cerca…
    Y habla con sus amigas, ya abuelas, y sé que le duele que no tenga mpareja estable ni descendencia 🙁

    18 mayo 2015 | 13:49

  4. Dice ser dazer

    Y yo me pregunto,
    Qué significa exactamente “soportar mi lesbianismo siempre que no se me vea”. Acaso te han pillado tijereando en el salón?.
    Las madres se alegram cuando cuidamos nuestra imagen. Que tú quieras dar una imagen de lesbiana es tu problema: porque esa imágen no existe; porque el lesbianismo es parte de tu esfera privada; porque querer hacer una fachada, un estereotipo, en definitiva una imágen, de algo no necesariamente público es la simpre expresión de un vacío personal.
    Si ningún otro dato, y tal y como lo has relatado, no es tu madre la que ejercita el escapismo: eres tú la que está reduciendo tu persona a tu sexualidad.

    18 mayo 2015 | 17:46

  5. Dice ser alice

    Muy buen post 🙂 enhorabuena

    19 mayo 2015 | 00:37

  6. Dice ser Dunkin

    Dazer, a lo mejor el problema lo tienes tú, que haces interpretaciones un tanto extrañas. La chica, con bastante buen dominio de las letras, lo único que manifiesta es su pesar (y ante todo, su visión) al ver que su madre nunca estará contenta. En ningún momento dice que ella asuma el estereotipo de lesbiana o que toda su vida se base en eso, eso es una inferencia que tú haces, y como la tuya, puedo yo inferir que tú intentas asumir el estereotipo de mujer “normal” y te molesta que otras no lo hagan y te asusta que alguien pueda pensar de ti que tú eres como ellas (como si eso fuera algo malo). Si nos ponemos a hacer psicoanálisis como Freud, no acabamos.

    19 mayo 2015 | 00:44

  7. Dice ser dazer

    Dunkin, ¿cómo de extrañas? ¿en qué sentido? ¿tratas de imponer sobre mi tu sentido de lo que es extraño basado en tu concepto de normalidad?.
    Servidor no expone ningún preconcepto de normalidad: cada uno que construya su imágen, la que quiera. No voy a ser yo el que ponga trabas o imperativos. Francamente, querida, su imagen me importa un bledo.
    Sin embargo, la escritora está lamentando que su imágen no sea leida como ella desea. Y ese lamento, aparte de inutil y decadente, impone una reclamación, una exigencia: que su lesbianismo sea visible y aceptado.

    Nótese que comencé con una pregunta: Qué significa exactamente “soportar mi lesbianismo siempre que no se me vea”. El lesbianismo no es algo necesariamente visible por su naturaleza (salvando que su exposición sea tirarse a otra señora en ambitos públicos). Si ella trata de hacerlo visible por otros medios que no involucren sexo público, ella es la que está construyendo una banal imágen del lesbianismo; ella es la que pretende que su sexualidad transcienda su persona; ella está construyendo y patrocinando el estereotipo.

    Si desea ser tan insustancial, yo no me voy a oponer. Pero sí que le recordaré que esta trivialidad que ella desea y espera, no será correspondida por otras personas. Porque tú eliges tú imágen, pero no puedes imponer lo que signifique para otros.

    19 mayo 2015 | 13:31

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