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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

¿Cabe la diversidad en todos los modelos de “respetabilidad social”?

Ayer fueron noticia la ‘prestigiosa’ Universidad de Navarra y la editorial SM por un libro de biología de 3º de la ESO que asocia homosexualidad a riesgo. La distribución de este libro de texto se ha hecho en centros privados, posiblemente de cierto estatus social. Es este tipo de ‘homofobia normalizada y aceptada’ la que nos hace preguntarnos si  ¿España es ese país amigo de la diversidad sexual (gay-friendly) que aparenta? Y si lo es en todos sus niveles sociales. Precisamente, Violeta Lanza (@LanzaVioleta) -estudiante universitaria y directora de Bo– plantea el fondo de la cuestión comparando la ‘actitud’ de las universidades de élite de España con las del Reino Unido.

University College London conmemorando "LGBT History Month"

El Pórtico de University College London conmemorando “LGBT History Month”

La semana pasada quedé con una amiga que estudia en una conocida universidad privada de Madrid y le pregunté qué opinaba la gente de su clase sobre la homosexualidad. Lo pensó un poco y me respondió “…bueno, hay de todo”. Mi reacción fue, más bien, de resignación. En cambio, si le hubiera preguntado -“y en tu clase, ¿qué opina la gente sobre las personas de color?” y su respuesta hubiera sido la misma -“hay de todo”-, inmediatamente habría clamado al cielo. Habría expresado mi rechazo ante el hecho de que en pleno 2015, en un centro de excelencia académica, el racismo no sólo existiera sino que no fuera condenado abiertamente. ¿Por qué no me horroricé ante la homofobia que pudiera haber en su clase, pero sí lo habría hecho ante actitudes como el racismo? Entender por qué nos puede ayudar a avanzar en la mitigación de las dificultades que viven tantas personas en nuestro país por ser LGBT.

A día de hoy ciertas actitudes son rechazadas abiertamente por la sociedad española, tanto por aquellos a quienes conciernen directamente -las personas de color en el caso del racismo- como por los demás. Quien no se muestra en contra de estas posturas es denostado. En otras palabras: ciertas actitudes son políticamente incorrectas. Mi reacción ante la respuesta de mi amiga -que no fue distinta de la que habrían mostrado muchos- revela que todavía no nos sorprende que la homofobia exista: no es políticamente incorrecta. Pero debe serlo si queremos que erradicarla no sea sólo cuestión de “curarla” a base de leyes (que en muchos casos ya existen en nuestro país) sino de “prevenirla” generando un ambiente en el que la normalización de la diversidad sexual se promueva desde todos los niveles de la sociedad. Para ello es necesario un tipo de apoyo que hoy brilla por su ausencia: el apoyo de las instituciones de mayor relevancia social.

Puede parecer exagerado pensar que las grandes instituciones españolas no hacen todo lo que deberían por normalizar la diversidad sexual. Así pensaba yo hasta hace unos meses, cuando tuve la suerte de comenzar mis estudios en University College London (UCL). Esta institución no es precisamente nimia: a menudo figura en el top 5 de las mejores universidades del mundo. Cuál no sería mi sorpresa cuando, al llegar el mes de febrero, se izó la bandera arcoíris en lo alto del Pórtico -edificio emblemático de la universidad- para conmemorar el LGBT History Month (el mismo mes de febrero, la Tate Modern se sumaba a la conmemoración con actividades sobre arte LGBT). O cuando descubrí la campaña Out@UCL, una red de profesionales LGBT en distintos ámbitos de la universidad, e incluso una red de investigación académica en torno a la diversidad sexual.

Como consecuencia de este respaldo institucional a las personas LGBT en la capital británica, cualquier actitud que no sea de apoyo abierto a la diversidad sexual resulta socialmente intolerable. De esta manera se ha avanzado admirablemente en la normalización social de la cuestión LGBT, imprescindible para lograr esa “igualdad real” que es el reto a superar en España hoy. Aún no he visto que nuestras universidades -plausiblemente menos relevantes que UCL u Oxford, Harvard y tantas otras- se posicionen abiertamente en este sentido. Existen algunas asociaciones LGBT, pero son movimientos atomizados que actúan sin el respaldo generalizado de lo que podríamos llamar -hablando en plata- las “altas esferas” de la sociedad española.

No he visto que el Museo del Prado trate un tema como el arte LGBT. El Ayuntamiento de Madrid no ha llegado a colgar nunca la bandera arcoiris de su balcón con motivo de ninguna celebración de los derechos LGBT. Y del mismo modo que en el mundo académico y el político, en el mundo empresarial prevalece el silencio. En las “altas esferas” de la sociedad española pervive un modelo de seriedad profesional en el que no cabe la diversidad. No tener que esconder que se es LGBT parece hoy un privilegio fuera del alcance de empresarios, funcionarios y tantos otros profesionales que temen por su carrera.  El argumento de que la dimensión personal no debe ser relevante en estos ámbitos pierde toda su fuerza cuando este silencio no afecta a todos de la misma manera, ni mucho menos. No perdamos de vista que se trata de mitigar precisamente el sufrimiento de tantas personas forzadas a fingir ser algo que no son en un silencio que termina por frustrar su vida.

¿Cuál es el origen de este modelo de “respetabilidad social” en el que no cabe la diversidad? Podríamos hablar de idearios vinculados a determinadas interpretaciones del catolicismo que influyen en ciertas instituciones de nuestro país. En cualquier caso, quizá nuestra responsabilidad como ciudadanos no se materializa tanto en el análisis del pasado como en la construcción del futuro a partir del presente. Si logramos que la homofobia sea una actitud socialmente intolerable estaremos salvando vidas. Esta labor no puede quedar en manos de asociaciones LGBT: debemos hacerlo entre todos. Porque el arcoiris, como símbolo de la diversidad humana, nos representa a todos. Como ciudadanos, debemos romper el silencio y exigir a nuestras grandes instituciones que lo hagan también. Sólo así, si dentro de unos años alguien hace una pregunta similar a una amiga, tampoco tendrá que horrorizarse ante su respuesta. Porque será muy distinta de ese “…bueno, sobre la homosexualidad la gente de mi clase opina de todo”.

 

4 comentarios

  1. Dice ser bea

    Muy bien dicho!!

    13 mayo 2015 | 11:01

  2. Dice ser dazer

    Lo que ustedes estan pidiendo se llama celebración, no normalización.
    Es precisamente lo contrario a normalizar el asunto.
    Será “normal” el día que deje de ser debatido, el día que dejemos de exigir tratamiento especial.
    *Indiferencia* hacia el ámbito privado, hacia la sexualidad de cada uno, es lo que deben exponer las instituciones.

    13 mayo 2015 | 11:27

  3. Dice ser Antonio

    Puede que sea porque me gusta respetar las decisiones y opiniones de cada uno, pero a mi no me parece alarmante que haya diferentes formas de pensar y opiniones.

    Quizas si no se banalizase tanto con los temas de racismo, homofobia, machismo….en los cuales cuando no piensas, o difieres minimanente en la idea del “otro” ya te catalogan como tal, pues hace que no te afecte cuando alguien te dice que X persona es racista/homofoba/machista porque quizas ni lo sea.

    Un saludo.

    13 mayo 2015 | 16:02

  4. Dice ser Antonio

    Disculpad un añadido mas:

    “Como consecuencia de este respaldo institucional a las personas LGBT en la capital británica, cualquier actitud que no sea de apoyo abierto a la diversidad sexual resulta socialmente intolerable.”

    Una cosa es no respetar, faltar a alguien o discriminarlo y otra que “narices” tenga que gustarte.

    Seria como decir que me encantaría que mi hijo tuviera alguna enfermedad difícil para “demostrar” que respeto a las personas con dicha enfermedad.

    Un saludo.

    13 mayo 2015 | 16:05

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